Maduro, el chófer que derrotó a Harvard

El otro día conocí a dos venezolanos que apoyaban a Capriles. “Apoyarle” sería decir poco. Depositaban toda su confianza en el candidato de la oposición venezolana, y según me dijeron, sólo su victoria podía salvar al país del desastre de una nueva victoria del bolivarianismo. Hasta ahí, es comprensible. Venezuela es una democracia en la que hay mucha gente que vota por opciones distintas a la que ha estado triunfando en las urnas hace más de una década. Las personas que están involucradas sentimentalmente con la situación política de su país, incluso aunque vivan fuera de él, tienden a veces a hacer interpretaciones un poco tremendistas de los resultados electorales. De esto pecamos todos, me imagino.

Ahora bien, lo que realmente me llamó la atención fue ver en vivo y en directo la disonancia discursiva de la que hace gala la oposición venezolana (y por extensión, sus apoyos en el exterior) respecto a la cuestión de la clase social, ubicada en concreto en el caso del candidato, ahora presidente electo, Nicolás Maduro. Por pura curiosidad, y sin intención de polemizar, le pregunté a estas dos personas cuáles eran las diferencias principales entre Maduro y Capriles, a nivel de propuestas políticas. Ninguno de los dos supo darme una respuesta a un nivel concreto, citando alguna diferencia en sus programas. Su respuesta se basó en una idea clave: Maduro era un simple chófer del transporte público sin estudios. Capriles, por el contrario, había estudiado en Harvard y estaba “muy preparado”.

No tengo intención de lanzar una apología de la ignorancia, tendencia muy estadounidense a montarse historias peliculeras de underdogs. Menospreciar la formación o la preparación en sí mismas no deja de ser un error en el que a veces cae la izquierda, y que tiene consecuencias desastrosas a nivel colectivo. Si por sistema vamos a desconfiar de cualquiera con formación académica, el neoliberal que se ha apropiado del discurso postmoderno enrrollado nos podría decir “estupendo, estoy de acuerdo, la educación no es tan importante, así que permítanos privatizarla, porque total, las escuelas son sólo fábricas de robots conformistas”. Me gusta “The Wall” como al que más, pero creo que la simplificación de ver la educación como una mera cadena de montaje de borregos hace más mal que bien a la clase trabajadora. Si algunos defendemos por ejemplo, la educación pública, es porque creemos que la alfabetización y la formación son importantes para reducir desigualdades sociales. Por el contrario, la visión individualista (y si se quiere, neoliberal y estadounidense) es la del self-made man: se le da un estatus exagerado al que dice “eh, que yo crecí en el barrio y ahora estoy descorchando botellas de champán de 5.000 dólares en mis videoclips de la MTV”. De esta forma, se perpetúa esa falsa ilusión de que todo el mundo es capaz de “triunfar” si tiene talento/suerte/”fe en sí mismo”, etc. Este espejismo sirve muy bien para mantener el status quo: puede que un par de personas triunfen, y las podrás exhibir como payasos en tus canales de televisión. Mientras tanto, la inmensa mayoría de miembros de esa misma clase social van a seguir con vidas de desigualdad material y social. Pero vaya, que te replicarán que es su culpa por no haber tenido talento/suerte/”fe en sí mismo”.

Ahora bien, del desprecio a la formación o la educación en sí misma, se puede pasar a otro error, que es en el que caían las críticas a Maduro que escuchaba. El adscribir al mero hecho de haber “estudiado en Harvard” una especie de propiedades mágicas que van a hacer que, agitando el título, los problemas sociales de Venezuela desaparezcan. Es algo un poco más complicado. En general, los venezolanos que hayan podido acudir a Harvard tendrán un perfil social determinado, unos condicionantes que les harán aprender algunas cosas, y otras no. Quizás en Harvard también enseñen más de ciertas posturas, y menos de otras. Igual, quién sabe, hay que contrastar lo que se enseña allí con la realidad y comprobar cómo, aunque tengamos experiencia y conocimientos previos, el hecho de que las condiciones sociales y económicas cambien con el tiempo, obliga a actualizar lo que uno ha aprendido.

Todo ello se podría haber desgranado, en este caso, con una comparación de las propuestas de cada candidato: ¿qué propone Maduro y qué propone Capriles? Por desgracia, ninguno de los dos parecía centrarse mucho en eso, por no decir que no conocían ninguna de las iniciativas o ideas de los candidatos. El eje principal se centraba en la “formación” que supuestamente por sí misma iba a dar a Capriles la capacidad de solucionar los problemas de Venezuela. Y tras ello, estaba la cuestión de la clase social: Maduro era un simple trabajador, un chófer de metro.

No quiero hacer de la anécdota una generalización, y si lo cito, es porque como decía al principio, me pareció una versión en vivo y en directo de algo que había observado ya durante la campaña. Un poco de historia: en octubre del año pasado, Chávez llevó en su campaña una canción que intentaba movilizar el voto y que se titulaba “Chávez corazón del pueblo” (1). Cuando se anunció la candidatura de Nicolás Maduro, la burla de la oposición consistió en recordar el origen como chófer de transporte público del mismo, y adaptar la canción de Chávez para que esta vez fuese “Maduro corazón del metro”. La “gracia” estaba en que, frente al gobernador del estado de Miranda Henrique Capriles, formado en Harvard, Maduro se presentaba un señor que no había hecho más que trabajar en el transporte público.

Pues el quid de la cuestión se halla en el hecho de que esta burla a la que tanto recurrían en numerosos twits (2) u otros medios de comunicación (3), y que incidía en el clasismo puro y duro, choca de frente con el giro político al que se ha visto obligada la oposición venezolana en los últimos tiempos. Una de las victorias que ha conseguido el bolivarianismo de Hugo Chávez, y quizás la más importante en mi opinión, fue redefinir el marco en el que se enfrentaban los actores políticos.

Pongámonos en antecedentes: Henrique Capriles, el candidato derrotado en las elecciones, es miembro del partido de derechas Justicia Primero, y ha recibido el apoyo del partido Acción Democrática. Éste es el partido al que pertenecía el presidente Carlos Andrés Pérez, que en 1988 llevó a cabo una campaña electoral en la que criticó al Fondo Monetario Internacional (refiriéndose a ellos como una “bomba de neutrones” que mataba a las personas pero dejaba las propiedades intactas) y al Banco Mundial (a los que calificó como “genocidas”), para poco más tarde, intentar implantar una serie de medidas neoliberales en Venezuela, conocidas como “el paquete” (privatizaciones, reducciones de impuestos, disminución del papel público en la economía, etc.). Hizo lo que podríamos llamar “un Rajoy”: donde dijo digo, digo Diego. A ello le siguió una revuelta popular conocida como “el Caracazo”, con cientos de muertos, y que allanaría el camino para el posterior ascenso en popularidad de Chávez. Capriles participó también en el golpe de Estado contra Chávez de 2002, y hay fotos suyas intentando asaltar la embajada cubana (4).

Pues bien, Henrique Capriles ha sido presentado en muchos casos durante esta campaña como un “socialdemócrata” por medios tan importantes como Businessweek, parte del conglomerado mediático Bloomberg (propiedad de Michael Bloomberg, político del Partido Republicano y alcalde de Nueva York). En concreto, se decía que estaba a favor de una política que combinase “libertad de mercado con redistribución económica” (5).

La estrategia se remonta a las elecciones anteriores, en las cuales el sociólogo estadounidense James Petras ya advertía de la misma en una entrevista:

“la imagen que ahora está proyectando Capriles, como un demócrata, un socialdemócrata, un personaje en la línea de Lula; que es todo un maquillaje porque tiene antecedentes violentos, golpistas, vinculado siempre a los sectores de ultra derecha y eso también queda en la memoria histórica”. (6)

Petras señalaba también el papel estadounidense en esta estrategia: la administración Obama habría señalado a Capriles que no se presentase con la imagen tradicional de la oposición venezolana:

“lo que tiene fuerte Capriles es el respaldo incondicional de Barack Obama y la Casa Blanca que lo están asesorando sobre cómo presentarse. Primero le dijeron que se presente no como derechista, sino como populista, como reformista, diciendo que Lula es su modelo no los golpistas de 2002 o los gerentes que paralizaron la economía en 2003, ni la derecha que quiere volver a la época de oro para ellos que fueron los ’90, las privatizaciones, etc.. No. Capriles debía presentarse como un reformista, buen muchacho, reformista híper energético, que quiere un cambio moderado”. (7)

Y he ahí la victoria del bolivarianismo. Un país en el que, hace veinticinco se intentó engañar al pueblo. Un país en el Carlos Andrés Pérez criticó en campaña a las instituciones punta de lanza del neoliberalismo mundial, para luego, una vez en el gobierno, intentar forzar la aprobación de una serie de medidas económicas que viraban Venezuela hacia ese mismo modelo. Pues en ese mismo país, el candidato de la oposición ha tenido que vestirse con piel de cordero e intentar presentarse como un socialdemócrata, partidario de cierta justicia social y papel del Estado en la redistribución de la riqueza, siguiendo dictados de Washington y Obama (otro que se “formó” en Harvard). La disonancia discursiva que mencionaba al principio, subyace aquí: Capriles, el candidato de la oposición, el de los seguidores que se burlan del origen de clase trabajadora de su rival Maduro, se ha intentado presentar como poseedor de cierta sensibilidad social, a favor de la redistribución de la riqueza.  Otro intento de hacer de trileros para con los venezolanos, y otro fracaso. Puesto que ni siquiera adaptándose al campo de batalla en el que el bolivarianismo les ha forzado a luchar, ha resultado victoriosa la oposición.

A Maduro se le pueden criticar muchas cosas (igual que se podían criticar a Chávez), tanto en sus propuestas políticas como incluso en errores o meteduras de pata en campaña electoral. Tiene retos serios por delante, tanto de diversificación de la economía, como respecto a la lucha contra la corrupción y la inseguridad ciudadana. Pero su victoria en las elecciones venezolanas supone una victoria también de un discurso que ha redefinido los parámetros en los que la política se lleva a cabo en Venezuela. Una victoria porque los venezolanos han sabido ver más allá de las artimañanas de Washington y Obama, y de Capriles y la oposición, y han votado por aquellos que han reducido las desigualdades sociales en Venezuela, que han gobernado para los trabajadores. Porque es un discurso que ha conseguido que el candidato a la presidencia sea impermeable a los insultos que se le han lanzado por su origen trabajador. E incluso se puede afirmar que es un discurso que ha conseguido elevar esta condición a un valor positivo.

Pero cuidado, se trata de un valor positivo lejos de la visión individualista que comentaba anteriormente, del self-made man, del “si no triunfas es por tu culpa”. Maduro no ha llegado ahí como ejemplo individual o trofeo del “sueño americano” que como señalaba antes, sirve para “individualizar” el éxito o el fracaso y olvidarse de las dinámicas colectivas y de clase. Ha llegado a donde está como símbolo de la acción política y coordinada de un grupo social organizado alrededor de su clase social. Lección factible de ser importada a otros contextos, como el nuestro.

Al fin y al cabo, quien ha llegado a la presidencia no es en sí Maduro. Es el conductor del transporte público que canaliza la voluntad del resto de miembros de la clase social de la que proviene, los trabajadores. La voluntad de todos ellos para superar las desigualdades sociales y económicas que les afectan. Quien ha sido elegido presidente es el chófer que, con el voto del resto de trabajadores, se ha impuesto a los discípulos de Harvard, Obama y Capriles.

(1)  Vídeo de la canción “Chávez corazón del pueblo”. Consultado el 15 de abril de 2013. http://www.youtube.com/watch?v=_iJPNWqblfk

(2) Hashtag en Twitter “#MaduroCorazónDelMetro”. Consultado el 15 de abril de 2013. https://twitter.com/search?q=%23MaduroCorazonDelMetro&src=typd

(3)  Nicolás Maduro, un chófer sin estudios que promete mano dura. Libertad Digital, 9 de marzo de 2013. Consultado el 15 de abril de 2013. Disponible online en: http://www.libertaddigital.com/internacional/latinoamerica/2013-03-09/nicolas-maduro-un-chofer-sin-estudios-que-promete-mano-dura-1276484429/

(4)  El Pueblo no olvida a Capriles Radonski asediando la embajada cubana. Venezolana de televisión, 12 de abril de 2013. Disponible online en: http://www.vtv.gob.ve/articulos/2013/04/11/primero-el-golpe-y-sin-justicia-5266.html Consultado el 15 de abril de 2013.

(5)   Chavez Rivals Use Primary to Gain Edge in Venezuela Election. Businessweek, 11 de febrero de 2012. Consultado el 15 de abril de 2013. Disponible online en: http://www.businessweek.com/news/2012-02-11/chavez-rivals-use-primary-to-gain-edge-in-venezuela-election.html

(6)  Chury Iribarne, Efraín. Elecciones en Venezuela, entrevista a James Petras. Rebelion.org, 10 de abril de 2012. Consultado el 15 de abril de 2013. Disponible online en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=157049

(6) Chury Iribarne, Efraín. Op. cit.

, , , ,

7 Respuestas a Maduro, el chófer que derrotó a Harvard

  1. kokonauta 15 abril, 2013 en 2:16 pm #

    Muy buen artículo. Es importante tener una visión más amplia que una noticia de 3 minutos en el telediario.
    No creo que en el telediario te recuerden que Capriles asedió la embajada, pero si que te dirán que se la mama a Obama.

  2. cerilet 15 abril, 2013 en 8:18 pm #

    Enhorabuena, muy buen artículo! Me encantó sobre todo el final:
    “Al fin y al cabo, quien ha llegado a la presidencia no es en sí Maduro. Es el conductor del transporte público que canaliza la voluntad del resto de miembros de la clase social de la que proviene, los trabajadores. La voluntad de todos ellos para superar las desigualdades sociales y económicas que les afectan. Quien ha sido elegido presidente es el chófer que, con el voto del resto de trabajadores, se ha impuesto a los discípulos de Harvard, Obama y Capriles.”
    Brillante! Enhorabuena de nuevo!

  3. D.O. 18 abril, 2013 en 7:50 pm #

    No se puede generalizar a 7 millones de personas que votaron por Capriles como personas que no sepan definir sus diferencias con Maduro por la opinión de 2. Me parece que cómo punto de inicio del artículo, ya deja claro la poca objetividad.

  4. D.O. 18 abril, 2013 en 7:52 pm #

    Si quieres al menos la de 1 más…que tampoco representa a 7 millones de personas (la mitad de los votantes, recuerdo!) es que queremos un modelo distinto de país, la mitad del país no quiere un modelo de cuba. Es necesario que venezuela, primero encuentre la paz social, y segundo, no olvidar que la mitad del país no quiere comunismo, ni a los cubanos gobernando.

  5. Guan 19 abril, 2013 en 7:23 am #

    No creo que el autor haga de la anécdota categoría cuando expresamente dice que no pretende hacerlo, sino que aprecia que el clasismo snob que reflejaban las declaraciones de esos dos venezolanos de la oposición se corresponde con declaraciones de políticos de la oposición durante la campaña electoral.

    No creo que se ponga en cuestión de que la mitad del país (ahora, no antes, que era el 40%) quiere otro modelo: se trata de que se respete el modelo que elija la mayoría: por que la democracia no es de menú único capitalista, aunque eso parece a veces.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Maduro, el chófer que derrotó a Harvard - 15 abril, 2013

    […] Maduro, el chófer que derrotó a Harvard […]

  2. Venezuela y el socialismo del Siglo XXI: una visión crítica | ROTE KEIL - 19 abril, 2013

    […] ← Anterior […]

Deja un comentario