Bottomore sobre la conciencia de clase en Lukács (I de II)

Analizar la realidad social y los conflictos subyacentes a ella es una práctica necesaria para cualquier movimiento político que pretenda llevar a cabo un cambio en la misma. Si observamos las recientes imágenes de Turquía y Brasil, es porque el contexto de ambos países y la interacción de varios factores sociopolíticos han llevado a que descontentos populares cristalicen en movilizaciones de alta visibilidad tanto interna como internacional. En la realidad española, el empobrecimiento generalizado de una mayoría social en beneficio de una minoría elitista, desvela también una situación injusta y conflictiva. Ahora bien, el problema para aquellos que piensan que las cosas deben cambiar en pro de una sociedad más igualitaria y democrática, es el conseguir convencer a la gente que todavía permanece pasiva ante la situación, o que incluso sostienen narrativas que se contraponen a este proceso de cambio. Así, el hecho de que haya buena parte de esa mayoría popular que, aún estando en proceso de empobrecimiento y merma de derechos no se rebela contra el mismo, o incluso lo apoya tácita o explícitamente, puede entenderse como una negativa o incapacidad para concebirse a sí mismos como parte de ese grupo mayoritario perjudicado. O como se diría en terminología clásica, como falta de conciencia de clase. Investigar sobre cómo se produce esta conciencia, por tanto, puede ayudar a entender e incidir en la lucha de ideas que se está dando actualmente en la sociedad española a la hora de explicar tanto el proceso de crisis, como las distintas salidas a la misma.

Uno de los teóricos marxistas clásicos del siglo XX más influyentes a la hora de tratar el tema de la conciencia de clase fue el húngaro György Lukács. Lukács nació en 1885 en Budapest. Atraído por las ideas marxistas tras la Revolución Rusa, se unió en 1918 al Partido Comunista Húngaro, del que formó parte hasta su muerte en 1971. Sus aportaciones teóricas se centraron en el desarrollo de los conceptos de reificación y de la conciencia de la clase trabajadora y quizás su obra más famosa sea la y “Historia y conciencia de clase” (1).

Tom Bottomore por su parte, fue un sociólogo marxista inglés nacido en 1920. Presidente de la International Sociology Association, y profesor en la London School of Economics, University of Sussex y Simon Fraser University, fue un autor prolífico, autor de numerosas obras, entre ellas el A dictionary of Marxist thought. Bottomore fue miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña durante un breve periodo de tiempo y posteriormente, del Partido Laborista. Falleció en 1992.

En “Aspectos de la historia y la conciencia de clase”, recopilación de Iván Meszáros de ensayos y artículos alrededor de la temática de la famosa obra de Lukács, encontramos un capítulo de Bottomore titulado “Estructura de clase y conciencia social” en el que realiza una incisiva crítica a la misma (2), que comentaremos en dos entradas.

Para Bottomore, Lukács parte de dos ideas principales de Marx. En primer lugar, que la clase se manifiesta en la sociedad capitalista en forma de nexo nacional, no local. En segundo, que el proletariado y la burguesía son “clases puras” por cuanto su carácter económico y sus intereses emergen claramente, y no están ofuscados por otros tipos de relaciones. Por estas condiciones de especial pureza de formación como clase, el proletariado tiene una especial facilidad para generar su conciencia de clase en sí misma. Recordemos que en Marx, la noción de clase en sí misma se contrapone a la de clase para sí misma: la primera idea hace referencia a la conciencia de formar parte de un grupo diferenciado de la sociedad, con un una posición determinada en la estructura de la misma, unas prácticas y una experiencia vital hasta cierto punto compartida. La noción de clase para sí misma es aquella en la que ya se han dado pasos de lucha (en las huelgas, boicots, y demás acciones coordinadas como trabajadores) y se ha entendido que esta misma ha servido y sirve para defender lo que se identifica como intereses propios de clase. Se ha neutralizado en ese estadio la influencia de la clase dominante, que pretende hacer pasar sus propios intereses de clase como los beneficiosos para la sociedad en su conjunto. Así, se podría ver como la conciencia de clase en sí misma es un paso previo a alcanzar la conciencia para sí: sólo una vez la clase trabajadora tiene conciencia de que existe como sujeto colectivo diferenciado, y empieza a articularse en conflictos como dicho sujeto, puede empezar a entender que su lugar en la estructura social le atribuye una serie de intereses contrapuestos, por definición, a los de otra clase (en terminología marxiana, la burguesía). Estos conceptos son en cierto modo parecidos, aunque no iguales, a los de conciencia psicológica y conciencia posible que Bottomore menciona, y comentaremos más adelante.

Aún así, Bottomore señala que Lukács no hizo un estudio de los movimientos de clase más allá de los que ya hizo Marx, es decir, no contrastó esa concepción con su desarrollo posterior a la vida de éste. Bottomore destaca la importancia para ese punto de vista de las diferencias de desarrollo de la conciencia de clase entre la burguesía y el proletariado. Marx tomó como modelo la formación y la toma de conciencia de la primera. Pero para Bottomore, hay una serie de problemáticas que Lukács no explora, o no resuelve de forma satisfactoria.

Una es la existencia de diferencias notables con el proceso que siguió la clase obrera, en cuanto constitución, respecto a la burguesía. La burguesía era la tercera clase de la sociedad feudal, y no directamente explotada, con un nexo directo con un nuevo modo de producción basado en, a su vez, una nueva tecnología. En cambio, la situación del proletariado se parece más a la del campesinado feudal. No está vinculado con una nueva y más avanzada forma de producción, sino que se halla sometido a la actual. Es decir, no son unos actores al margen del principal escenario del marco productivo económico, portadores de un nuevo estadio en el mismo, como en el caso anterior. Más bien se trata de una clase enmarcada en la estructura productiva actual, y de forma bien preeminente.

Citando la famosa frase de Marx: “El molinillo movido a mano da una sociedad con el señor feudal, y el molino de vapor da una sociedad con el capitalista industrial”, Bottomore se pregunta:

“¿Qué clase de molino daría una sociedad sin clases o una sociedad socialista?”.

Esto es, cuál es el estadio de progreso tecnológico que puede suponer un punto de inflexión para la clase obrera como creadora de una nueva etapa de organización social y económica socialista basada en su uso.

La segunda problemática que Bottomore señala en la que Lukács no centró su atención es el tema de la conciencia de clase. Si bien admite que en el capitalismo pueden darse condiciones que favorezcan una evolución más rápida de las clases a una escala nacional, con delimitación de los intereses económicos contrapuestos, hay otros elementos que se enfrentan a esta aceleración de la toma de conciencia de clase. La movilidad social y geográfica, la complejidad de la división del trabajo o la expansión de las clases medias dificultan esa emergencia de la clase obrera como clase con conciencia en sí misma y para sí. La propia mecánica de la explotación capitalista contrasta con la del esclavismo o el feudalismo en la capacidad para ofuscar en cierta manera esta relación entre asalariado y explotador: no es una explotación tan visible o tan directamente perceptible como en los anteriores medios de producción.

Para Bottomore, la claridad que Marx arroja sobre la explotación capitalista en El Capital, y la forma en que se delimitan conceptos que ante el trabajador medio están ocultos (las relaciones de producción, el valor y el fetichismo de la mercancía, las relaciones entre clases etc), no debe confundirse con la forma, en la práctica, en la que los trabajadores toman conciencia de su condición como tales. Lukács no hace esto mismo, y se queda en una teorización de la conciencia de clase, en el nivel elevado de los volúmenes de El Capital, y no en los datos empíricos.

Es decir, parece que para él, Lukács únicamente postura sobre la conciencia que deberían tener los trabajadores, no sobre la que verdaderamente tienen.

Como tercer problema, hallamos la relación entre pensamiento y acción en todo el proceso de formación de conciencia de clase, y las diferentes posiciones de las clases sociales. Los pensadores que de alguna forma guiaron y conformaron el sujeto colectivo de la clase social burguesa, eran ellos mismos miembros de esa clase. Para Bottomore, la diferencia con la de la clase trabajadora estriba en que los pensadores que parcialmente forman y expresan su conciencia son burgueses, no miembros de la misma. Así, la interpretación de la vida práctica de los trabajadores va a estar en cierta forma distorsionada por esa falta de confluencia entre pensamiento (teorización) y acción (experiencia cotidiana).

Según Bottomore, en Historia y conciencia de clase este problema se afronta por parte de Lukács, pero no llega a una conclusión satisfactoria. Cuando habla del marxismo ortodoxo para él, el materialismo histórico “brota del punto de vista inmediato y natural del proletariado” (cursivas en el original). Pero según Bottomore, de ello no se puede deducir que esta actitud metodológica sea algo inherente a la propia clase trabajadora, como sujeto colectivo. Lukács diferencia también entre una “conciencia de clase psicológica” de los propios trabajadores, formada alrededor de su situación en la sociedad como falsa conciencia, y una “conciencia posible” o “imputada”. Esta conciencia posible se le lleva a la clase trabajadora desde fuera, puesto que se trata de un análisis tanto de la situación en la que se halla, como de los intereses que crea en su impacto sobre la acción inmediata y sobre la estructura de la sociedad.

En ese sentido, para el sociólogo inglés, Lukács está diferenciando entre una conciencia que germina de forma “natural” (con toda la reserva que podemos tener para este término) en la clase trabajadora, y otra, más cultivada y refinada, que se le transmite desde fuera. Esta segunda conciencia, la “conciencia posible” parece que encarna un análisis objetivo, desapasionado y minucioso, de toda la extensión que la capacidad de acción de la clase trabajadora puede alcanzar. Es para Lukács esta conciencia el mismo marxismo, una teoría social ya elaborada y establecida. Bottomore presenta el símil de la distinción hecha por Lenin entre la “conciencia sindical” y la “conciencia socialista”. El tradeunionismo es el estadio máximo al que la clase trabajadora puede llegar por sí misma sin una simbiosis con una vanguardia intelectual que le permita avanzar el estadio superior de la conciencia plenamente revolucionaria.

Bottomore no deja de señalar la diferencia entre esta concepción y la del propio Marx, el cual opinaba en algunos escritos que la clase trabajadora por sí misma podía llegar a una conciencia plenamente desarrollada de su situación de clase y sus objetivos, y como prueba señalaba a los movimientos socialistas que le precedían. Nos cita la Miseria de la filosofía:

“…las condiciones económicas han transformado ante todo la masa del pueblo en trabajadores. La dominación del capital creó la situación y los intereses comunes de esta clase. Esta masa es ya por eso una clase en relación con el capital, pero no todavía una clase en sí misma. En la lucha de que sólo he indicado unas cuantas fases, esta masa se une y se constituye en clase por sí misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase”.

O en la Enquëte ouvrière:

“sólo ellos [los obreros], y no ningún salvador providencial, pueden aplicar con energía los remedios a los males sociales que padecen”.

No es difícil ver tras estas líneas (y de hecho, el propio autor lo señala explícitamente) la crítica a la verdad consagrada portada por el Partido y a la desviación en algunos casos del socialismo de lo que él considera las vías democráticas.

Además, aquí podemos observar la diferencia que existe entre el tándem marxiano de conciencia de clase en sí misma y para sí misma, y el de Lukács de conciencia psicológica y conciencia posible, como mencionamos en un principio. Se “tocan” y sobreponen los unos a los otros, pero no es una equivalencia.

Mientras el primero hace referencia a dos estadios de desarrollo, el de la auto percepción como sujeto colectivo, y el de la ubicación de ese sujeto colectivo en la estructura capitalista de contienda política, social y económica, el segundo parece enfatizar una forma determinada en el que se produce ese tránsito. Esto es: la conciencia psicológica de Lukács, por analogía con la conciencia sindical de Lenin, encarna sin duda una auto percepción colectiva de los trabajadores como tales (la conciencia en sí misma). Y sin embargo, también incluye un ligero matiz de la conciencia para sí misma, al reconocer una cierta militancia o actividad de defensa y combate por los intereses colectivos, en su forma sindical. Sin embargo, este activismo nunca traspasa la postura defensiva o de reacción colectiva frente a abusos de los empresarios. No llega a ser revolucionaria. Para llegar a la comprensión de que el modo de organización de las relaciones humanas de producción debe cambiar de raíz, hace falta el salto a la conciencia posible, salto que sólo se da gracias a la acción de una vanguardia que imputará esa concepción en los trabajadores.

Tabla 1: Comparación del modelo de estadios de conciencia de clase en Marx, Lukács y Lenin.




Marx Lukács, Lenin (según Bottomore)
Estadio 1 Conciencia de clase en sí misma: los trabajadores se perciben como un colectivo inscrito en la estructura social, política y económica. Se reconocen como un grupo particular y con lazos entre sus componentes. Conciencia psicológica (Lukács) o sindical (Lenin): los trabajadores tienen una conciencia sin desarrollar, pero como miembros de una clase social, se defienden ante abusos y conciben ciertos intereses comunes por los que luchan. No obstante, estos intereses tienen un “techo”, nunca llegan a cuestionar el sistema capitalista vigente y por tanto, la raíz de la estructura que les condena a la desigualdad.
Estadio 2 Conciencia de clase para sí misma: tras los conflictos colectivos de los trabajadores (luchas sindicales, reivindicaciones sociales que afectan a los trabajadores, etc), los trabajadores llegan a entender que tienen unos intereses determinados como clase, que entran en conflicto con los de la clase dominante en la sociedad. Conciencia posible, atribuida (Lukács), o revolucionaria (Lenin): el Partido encarna una teoría acertada de la explotación y la desigualdad capitalista, que transmite a la clase trabajadora. Ésta permitirá trascender la limitación de la propia acción descoordinada de los trabajadores y desafiar de forma efectiva los fundamentos del sistema capitalista.


Referencias:

(1) Lukacs G, Lukács G. History and class consciousness: Studies in Marxist dialectics. : The MIT Press; 1971.

(2) Bottomore T. Estructura de clase y conciencia social. In: Meszarós I, editor. Aspectos de la historia y la conciencia de clase México: Universidad Nacional Autónoma de México . Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; 1973.

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