¿Existe el privilegio de tener la piel blanca? Por Bill Mullen

El siguiente artículo fue publicado el 30 de Octubre de 2013 en la página web de Socialist Worker. Su autor, Bill Mullen, es profesor en la Purdue University especializado en estudios de la clase trabajadora y estudios afroamericanos. Bill nos ha permitido amablemente su traducción y difusión.

En el texto, “Sur” con mayúsculas, se refiere a los estados del sur de los EEUU. A lo largo del texto, además de las notas del propio autor, hemos incluido algunas notas de nuestro puño y letra (señaladas como N. del T.) a fin de orientar mejor al lector no familiarizado con la historia o el contexto estadounidense.

¿Existe el privilegio de tener piel blanca?

La idea de que todos los  blancos están privilegiados a costa de los negros es popular en la izquierda – pero Bill Mullen defiende que el marxismo ofrece una forma mejor de entender el racismo.

El capitalismo ha tenido efectos devastadores entre las personas de color en los Estados Unidos en los últimos años. El desempleo entre los negros permanece casi al doble de la media nacional entre los blancos; préstamos subprime depredadores han provocado que los índices de ejecución de hipotecas se disparen entre los propietarios no blancos de hogares desde que la Gran Recesión comenzó; las políticas de encarcelamientos y registros masivos siguen haciendo a los afroamericanos y a otros doblemente vulnerables al racismo fomentado por el estado.

En la esfera política, el recorte sustancial del Acta de Derechos de Voto por el Tribunal Supremo de los EEUU, el gerrymandering de los distritos al Congreso en base a líneas divisorias raciales, y las nuevas restricciones a los derechos democráticos en la forma de leyes sobre documentos de identificación de votantes – sin mencionar la deportación masiva de inmigrantes y los ataques a los derechos reproductivos – han dejado a la población pobre de los EEUU, desproporcionadamente no-blanca, sufriendo las peores consecuencias del neoliberalismo.

No debería sorprendernos que, uno de los resultados de este clima sea el erosionar la confianza en las posibilidades de crear luchas interraciales por la igualdad – ciertamente no en un momento de aparentes malos tiempos para cualquier lucha de base.

Diferencias crecientes de riqueza material entre blancos y no-blancos; brechas salariales entre hombres y mujeres, y blancos y no-blancos; la persistencia de una clase dominante que aún toma la apariencia y habla en el nombre de los hombres blancos (junto con, de forma creciente, el de las mujeres blancas); errores judiciales famosos como la absolución de George Zimmerman; la persistente epidemia de violencia policial; las erupciones de racismo entre la Derecha Religiosa y el Tea Party – todo esto incrementa, naturalmente, el escepticismo sobre el potencial de que las personas blancas y no blancas sean capaces de unir fuerzas para participar en campañas exitosas por la justicia económica y racial.

Algunos observadores, blogueros y activistas han contribuido con lo que a veces se conoce como “teoría del privilegio” o el análisis del “privilegio de piel blanca” para explicar estos problemas.

Muchos activistas antirracistas han adoptado algunos o todos los aspectos del argumento del “privilegio de la piel blanca”. Fundamentalmente, la idea se basa en que el racismo es inevitable bajo el capitalismo porque todos los blancos, no importa la clase a la que pertenezcan, se benefician de la distribución desigual de los recursos sociales dependiendo de las líneas divisorias raciales. Puesto que todos los blancos se benefician de esta distribución, la mayoría se mostrarán adversos a luchar contra la misma.

Muchos activistas jóvenes que utilizan el término privilegio en realidad están hablando de opresió y desigualdad. Pero hay un significado más específico para la teoría del privilegio de piel blanca, tal y como lo describió la académica Laura Pulido:

El privilegio blanco es una forma de racismo que subyace, pero es a la vez distinto, al racismo institucional y visible. Subyace a ambos en el hecho de que se basa en mantener los privilegios de las personas blancas (independientemente de que quienes así actúan lo reconozcan o no). Pero también es distinto en términos de intencionalidad. Se refiere a las estructuras, prácticas e ideologías hegemónicas que reproducen el estatus privilegiado de los blancos. En este caso, los blancos no quieren necesariamente perjudicar a las personas de color, pero puesto que no perciben su privilegio de piel blanca, y debido a que adquieren beneficios sociales y económicos al mantener el status quo, inevitablemente lo hacen.[1]

La descripción que hace Pulido del privilegio de la piel blanca es poderosa y útil en cierta forma para describir los efectos no deseados del comportamiento racista. Pero aún así, la popularidad de la teoría del  “privilegio de piel blanca” también muestra la capacidad del capitalismo para erradicar las historias de auténticas luchas interraciales que desafiaron las “ideologías, estructuras y ptrácticas hegemónicas” racistas.

Esta erradicación, o amnesia, es un testimonio histórico de los exitosos y continuos ataques al estado del bienestar, los sindicatos, la organización en el puesto de trabajo y la educación pública – todos ellos campos de batalla donde la clase trabajadora norteamericana ha mostrado un historial de enfrentarse al racismo.

“El privilegio de piel blanca” apareció por primera vez codificado como corpus de análisis en 1967. En ese año, Noel Ignatiev, bajo el nombre Noel Ignatin, y Theodore Allen, publicaron un panfleto que contenía dos artículos: White blind spot [Punto ciego blanco], por Ignatiev, y Can white radicals be radicalized? [¿Puede radicalizarse a los radicales blancos?] por Allen.

La teoría del “privilegio de piel blanca” tal y como la desarrollaron, sostenía que los radicales y activistas blancos no ponían el suficiente énfasis en el racismo, ni a la hora de valorar la historia de los EEUU ni a la de desarrollar tácticas para construir movimientos revolucionarios aquí y ahora. Su análisis combinaba la influencia del nacionalismo negro y su énfasis en la supremacía blanca en los EEUU; un compromiso con la centralidad de los trabajadores negros en la lucha revolucionaria; y el argumento de que el “chauvinismo blanco” entre los trabajadores blancos era el pricipal y único obstáculo a la unidad de la clase trabajadora, y por tanto, a la revolución.

El panfleto de Ignatiev/Allen fue publicado por los Students for Democratic Society Radical Education Project, y tuvo un impacto duradero en la Nueva Izquierda, la SDS y el maoista New Communist Movement. [2]

Aún así, la mayoría de personas que invocan el “privilegio de piel blanca” hoy en día es más probable que estén influenciados por lo escrito a finales de los años 80 y principios de los 90, que empezó a re-popularizar el término y la idea. Estos escritos tienen poca relación directa con el análisis político del término de los años 60, al margen de sus méritos y sus defectos, y deberían por tanto ser objeto de consideración por separado.

En este artículo, quiero centrarme en dos escritos que son, en mi opinión, los que más se suelen citar o reproducir por los activistas antirracistas contemporáneos en apoyo del análisis del “privilegio de piel blanca” – aunque las dos obras son muy diferentes en su carácter y divergen en cómo explican e interpretan las causas del “priilegio de piel blanca” o los “beneficios para los blancos”.

El primero es el ensayo de Peggy McIntosh “Privilegio blanco: deshaciendo la mochila invisible”, escrito en 1990. McIntosh, una profesora en Estudios de la Mujer, argumentaba entre otras cosas que los blancos se benefician del racismo al tener acceso sin restricciones a los espacios sociales donde son una mayoría y a biees de consumo diseñados para sus intereses (como tiritas color carne).

El segundo es el libro de David Roediger de 1991 The Wages of Whiteness: Race and the Making of the American Working Class [Las recompensas de la blancura: raza y la construcción de la clase trabajadora americana]. Roediger, por aquel entonces un historiador en la University of Missouri, se inspiró para su título en las “recompensas de la blancura” del libro escrito en 193 por W.E.B. Du Bois [3] Black Reconstruction. En él, Du Bois argumentaba que los blancos en el periodo pre y post Guerra Civil Americana, conseguían lo que él llamaba “beneficio psicológico” debido a que disfrutaban de un estatus económico y social superior al de los afroamericanos.

Roediger aplicó esta idea a una amplia parte de la historia del movimiento obrero del siglo XIX, documentando casos en los que los trabajadores blancos habían decidido actuar en contra los trabajadores negros, en vez de trabajar en pro de la solidaridad entre la propia clase trabajadora. Roediger argumentaba que, mientras los jefes capitalistas utilizaban el racismo de forma consciente para dividir a la clase trabajadora, los trabajadores blancos apoyaban las ideas racistas – “las aprobaban” en palabras de Du Bois.

Creo que ambos escritos, a pesar de sus diferencias, muestran debilidades a la hora de explicar qué es el racismo y cómo funciona. Por esta razón, y por numerosas otras que ofrezco más abajo, creo que los marxistas deberían rechazar el “privilegio de la piel blanca” como explicación de cómo el capitalismo produce racismo y cómo podemos enfrentarnos al mismo.

El “privilegio blanco” del ensayo de Peggy McIntosh a menudo describe el privilegio de piel blanca como la expresión de decisiones y elecciones personales. Esto hace que el racismo parezca el producto de la conducta o el estilo de vida individuales, en vez de desigualdades estructurales producidas bajo el capitalismo. Como mujer blanca, McIntosh escribe:

1. Puedo, si quiero, decidir estar en la compañía de gente de mi raza la mayor parte del tiempo.
2. Puedo evitar pasar tiempo con personas  en las que según mi educación, no debería confiar, y que han aprendido a desconfiar de mí y de la gente de mi tipo.
3. Si desease mudarme, puedo estar bastante segura de que sería capaz de alquilar o comprar una casa en un área que me puedo permitir y en la que desearía vivir.
4. Puedo estar bastante segura de que mis vecinos en esta localización serían neutrales o agradables conmigo.

Aquí, McIntosh confunde derechos individuales con “privilegios”. “Privilegio” en este contexto sirve para describir mejor el poder sostenido por ciertas instituciones y sus representantes, que restringe o abusa de los mismos – la policía, los bancos, inmobiliarias, etc. Llamar a los derechos básicos “privilegios” también enfoca el cambio social en la direcció de restringir los derechos que ya existen para algunos, más que en ampliarlos para otros. Esto se llama a veces “reconocer tus privilegios” [checking your privilege] por los adherentes a la teoría del privilegio.

Un enfoque de este tipo lleva sólo a reconocer la desigualdad, no a luchar para eliminarla. Como la activista nativa americana Andrea Smith ha escrito sobre los seminarios de “reconocer el privilegio” en los que ha participado como observadora:

No me pareció que estas confesiones individuales llevaran a ningún proyecto político para desmantelar las estructuras de dominación que permitían esos privilegios. En realidad, las confesiones se convirtieron en el proyecto político en sí mismas.

La idea de insistir en que hay derechos sociales básicos que son “privilegios” también es un indicador de cómo el capitalismo consigue sus concesiones de parte de los activistas antirracistas, restringiendo la lucha contra la desigualdad a reflexiones y logros morales individuales, en vez de a la solidaridad colectiva.

McIntosh también se refiere al mundo del privilegio de la piel blanca como un “sistema” sin describir sus características estructurales. El privilegio, dice ella, se “confiere” a los blancos, pero no explica cómo ni por quién. No le dedica atención a las diferencias de clase entre los blancos que limitan de forma significativa, por ejemplo, las áreas en los que la mayoría de puede permitir vivir. Ignora el hecho de que muchos blancos de clase trabajadora viven en barrios altamente integrados, mientras que son los blancos más adinerados los que “pagan por” su segregación.

A continuación, escribe sobre los privilegios:

Rechazar el sistema no será suficiente para cambiarlo. A mí se me enseñó que el racismo podría acabar si las personas blancas cambiaban su actitud. Pero tener la piel “blanca” en los Estados Unidos abre muchas puertas para los blancos, estemos o no de acuerdo en la forma en que esta dominación se nos ha concedido. Los actos individuales pueden paliar, pero no erradicar, estos problemas.

Así que el racismo crea una serie de privilegios que las personas blancas no pueden evitar tener y que los “actos individuales pueden paliar, pero no erradicar estos problemas”. McIntosh hace del “privilegio” una cuestión no de luchar contra el racismo, sino de sentirse culpable sobre él. Normaliza el racismo y a la vez, menosprecia la confianza y la capacidad para resistir ante el mismo.

La teoría del privilegio de piel blanca es una contrapartida peligrosa al argumento que hace Michelle Alexander en The New Jim Crow [El Nuevo Jim Crow] sobre que el capitalismo individualiza el racismo a fin de prevenir que la gente luche contra el mismo de forma colectiva. Como sugiere Alexander, tenemos que entender el racismo como una estructura social que debe ser derribado por movimientos de masas, igual que los muros de las prisiones.

El ensayo de David Roediger The Wages of Whiteness fue escrito durante un periodo – a finales de los años ochenta – de hegemonía conservadora y pesimismo extremo sobre el futuro de la lucha de clases y la unidad de clase interracial. Muchas personas blancas de clase trabajadora que se habían identificado con los demócratas en el pasado, pasaron a apoyar a los republicanos durante los años 80, en respuesta a la campaña de saturación diseñada para demonizar a la clase trabajadora negra.

En mi opinión, este contexto histórico moldea la perspectiva de Roediger a la historia que examina en The Wages of Whiteness. Aunque él mismo era un antirracista comprometido y políticamente activo, centra su libro casi completamente en ejemplos de fracasos de solidaridad racial en la historia de la clase trabajadora americana. Esto apoya su tesis de que la “blancura de la clase trabajadora y el supremacismo blanco [son] creaciones, en parte de la propia clase trabajadora blanca”.

A fin de elaborar su argumento en The Wages of Whiteness, Roediger comete varios errores en su análisis. Comentaré dos de ellos.

Primero, Roediger excluye de su definición de la “clase trabajadora” a los trabajadores afroamericanos y no blancos no propietarios. Esta exclusión le permite desechar las pruebas de cooperación interracial y naturaliza la equivalencia de “blancura” a la clase.

Para ser justos, en el epílogo a la segunda edición de The Wages of Whiteness, Roediger admitió este error – lo que denominó “la noción, indefendible y sin examinar de que los varones blancos constituíran `la clase trabajadora americana´”. Roediger reconoció que esto hizo su interpretación de la historia del movimiento obrero mucho más pesimista de lo que de otra forma podría haber sido.

Segundo, creo que Roediger distorsiona las ideas de W.E.B. Du Bois. En su Black Reconstruction [Reconstrucción Negra], Du Bois claramente identifica sus “recompensas de la blancura” como una estrategia de divide-y-vencerás, bajo la cual el racismo se impone por la clase terrateniente sureña y los capitalistas del Norte a los trabajadores. Du Bois era muy claro al afirmar que el racismo no se originó entre los blancos. Escribe:

El elemento racial fue enfatizado a fin de que los propietarios pudiesen recibir el apoyo de la mayoría de trabajadores blancos y así hacer posible la explotación del trabajo negro. Pero la filosofía de la raza se convirtió en algo novedoso y terrible, al hacer imposible la unidad del movimiento obrero o la conciencia de clase de los trabajadores. Mientras los trabajadores sureños blancos pudiesen ser convencidos a preferir la pobreza a la igualdad para con los negros, el movimiento obrero en el Sur sería imposible” (p. 680).

Du Bois no podía ser más explícito al respecto de que el racismo era perjudicial tanto para los trabajadores negros como para los blancos. Los trabajadores blancos debían “ser convencidos a preferir la pobreza” antes que la igualdad con los negros. Du Bois deja bien claro que esta actitud no se originó con la conciencia de clase de los trabajadores, sino que era una estrategia “novedosa y terrible” para mantener el control sobre los trabajadores proletarizados.

Al enfatizar que esta táctica de divide-y-vencerás evitó un movimiento obrero interracial exitoso, Du Bois intenta mostrar que el único “beneficio” duradero de este resultado fue para la clase dominante americana. Barbara Foley señaló también que al usar Du Bois el término “recompensas de la blancura”, asumía que cualquier “recompensa” generada en el capitalismo lo era en interés de la clase capitalista, no de la trabajadora.

El libro de Roediger, por desgracia, puso énfasis sólo en uno de los elementos de la interpretación de Du Bois: el trágico hecho de que los trabajadores blancos permitieron que el racismo les cegase ante su interés de clase compartido con los trabajadores negros.

The Wages of Whiteness es el libro más leído de Roediger, razón por la cual me he concentrado en el mismo. Pero es justo señalar que Roediger ha escrito con posterioridad varios otros libros sobre el tema de la raza y la historia americana, que ponen el énfasis en señalar cómo las élites gobernantes utilizan la raza para dividir al movimiento obrero. Éstos incluyen su reciente libro, escrito junto con Elizabeth Esch, bajo el título The Production of Differente: Race and the Management of Labor in U.S. History [La producción de la diferencia: raza y manejo del trabajo en la historia de los EEUU].

La historia de las luchas interraciales en los EEUU se halla oculta para la mayoría de la gente. Es importante recapturar esta historia, a fin de valorar la validez de la teoría del “privilegio de la piel blanca”. Yo subrayaría estos sucesos históricos para darnos una imagen más amplia [4]:

– En 1676, un grupo de 400 negros y blancos, hombres libes, sirvientes y esclavos, se alzaron contra el gobierno de Virginia en lo que se conoció como Bacon’s Rebellion. Aunque la rebelión también incluyó un ataque a los indios Pamunkey, incitado por el fallo de la clase dominante a proveer protección para las tierras, ésta surgió también como respuesta a las palizas, azotamientos y restricciones al matrimonio sufridas tanto por los esclavos como pos los sirvientes blancos.

– En 1688, Francis Daniel Pastorius y otros tres miembros del asentamiento de Germantown en Pennsylvania presentaron una petición para la ilegalización de la esclavitud en las colonias. La petición también defendía el derecho de los esclavos a rebelarse. Aunque la esclavitud continuó vigente, el documento resurgió en 1844, sirviendo de apoyo al movimiento abolicionista.

– En Boston en los años 30 del siglo XVIII, disturbios causados por la escasez del pan y protestas contra las subidas de precio de bienes cotidianos sirvieron de antesala a los disturbios contra el reclutamiento forzoso de hombres para el servicio naval. Grupos de manifestantes asaltaron la casa del gobernador colonial del estado y fueron descritos por parte de grupos de mercaderes como “una turba tumultuosa de marineros extranjeros, sirvientes, negros y otras personas de vil condición”.

– En 1739, 18 miembros de la colonia de Darien, en Georgia, presentaron una petición al General James Oglethorpe y sus lugartenientes en contra de la esclavitud. La petición decía “es incompatible con la naturaleza humana, que cualquier raza de la humanidad y sus descendientes, sean sentenciados a la esclavitud perpétua”.

– Esclavos y hombres libres afroamericanos lucharon por su libertad codo a codo con blancos, tanto en el Ejército Continental como en el Ejército Británico durante la Revolución Americana. Cripus Attucks, un afroamericano, fue uno de los primeros americanos que murió en lo que se conocería como la Guerra Revolucionaria.

– Lucy Parsons, que era de ascendencia negra, nativo americana y mexicana, y su marido blanco Albert Parsons, ayudaron a liderar la huelga nacional de mayo de 1866 a favor de la jornada laboral de ocho horas. De acuerdo con su biógrafa Carolyn Ashbaugh, cuando Parsons hablaba de la revolución obrera, “hablaba de la sangre común de toda la humandiad, que fluye en los negros africanos, los trabajadores de europa y sus propios antepasados – los auténticos nativos americanos. La pobreza era su enemigo común, aquel que debían combatir conjuntamente”.

– Tal y como han mostrado Howard Zinn y Herbert Aptheker, desde 1802 ya había blancos prestando auxilio a las rebeliones de esclavos en los EEUU. William Lloyd Garrison comenzó a publicar su periódico abolicionista Liberator en 1831. El Underground Railroad [5]  fue una iniciativa de cooperación interracial. Frederick Douglass y Harriet Jacobs fueron ayudados a escapar de su esclavitud por blancos. John Brown, un amigo de Frederick Douglass, fue ejecutado por organizar una incursión al depósito de armas federal en Harper’s Ferry, que esperaba que sirviese para encender la chispa de una rebelión de esclavos. El propio W.E.B. Du Bois alabó sus intentos en organizar lo que llamaba el “proletariado negro”.

– Tanto la Reconstrucción [6] como las huelgas masivas en el sector ferroviario de 1877 contaron con la cooperación entre blancos y negros. La Huelga General de Nueva Orleans de 1892, el movimiento populista [7] justo a finales del siglo XIX, y las huelgas de trabajadores del sector del acero y la minería a principios del XX, fueron todos interraciales. En contraste con la racista American Federation of Labor [8], con su orientación de sindicatos de oficios, la mayoría de movimientos sindicales industriales en la historia americana, incluyendo a los Industrial Workers of the World [9] y el Congress of Industrial Organizations [10], priorizaron la organización interracial.

– Los trabajadores negros no sólo jugaron un papel central en el desarrollo del, mayoritariamente blanco, Partido Comunista de los EEUU, sino que también moldearon sus políticas en torno a la auto-determinación negra y el rol principal de los afroamericanos en las luchas obreras. Harry Haywood y Claude McKey [10] están entre los primeros comunistas negros que se convierton en líderes importantes. La unidad interracial fue crucial para las luchas comunistas en Harlem y Alabama durante la Gran Depresión, como demuestran los excelentes libros de Mark Naison y Robin D.G. Kelley.

– Toda iniciativa u organización de derechos civiles mayoritaria en el periodo de posguerra hasta los años 60 era interracial, y dirigida por afroamericanos – la Southern Christian Leadership Conference (SCLC), el Student Nonviolent Coordinating Committee y la Poor People’s Campaign de Martin Luther King Jr. [11], por nombrar unas cuantas. La SCLC, por ejemplo, insistía en su perspectiva de que no todos los blancos eran racistas, puesto que buscaba construir un movimiento más amplio.

– Entre los grupos del Black Power de los años 60 y 70, el Partido de los Panteras Negras creó redes antirracistas interétnicas con otros grupos oprimidos y con algunos blancos antirracistas, de igual forma que el Dodge Revolutionary Union Movement (DRUM), en Detroit. Uno de los mentores de los activistas del DRUM activists fue el trabajador blanco de la industria automovilística, y marxista, Marty Glaberman.

– Más recientemente, el movimiento Occupy Wall Street y la campaña por el boicot, desinversiones y sanciones contra la ocupación de Palestina por parte de Israel, y las protestas a nivel nacional por el asesinato de Trayvon Martin o la ejecución de Troy Davis han visto surgir nuevas coaliciones interraciales para desafiar el racismo y los efectos del capitalismo.

– En 2012, el interracial Sindicato de Profesores de Chicago recibió un amplio apoyo a su huelga entre la clase trabajadora de esa ciudad, en particular entre las comunidades negra e hispana, al enfatizar la lucha contra el “apartheid educativo”, mostrando que los cierres de escuelas y despidos de profesores de minorías étnicas afectaban desproporcionadamente a los afroamericanos e hispanos. La solidaridad sindical y racial fueron de la mano.

Estos ejemplos derivados de la historia de los EEUU ayudan a confirmar el análisis marxista de cómo el capitalismo utiliza el racismo para dividir y vencer – y cómo surgen las luchas, algunas organizadas por socialistas, y otras no, a fin de desafiar tanto el racismo como el sistema capitalista.

El marxismo es específico sobre el racismo, en particular allí donde la idea del “privilegio de la piel blanca” es vago y poco definido. Marx, como es bien conocido, rastreó la historia del capitalismo al periodo que denominó de “acumulación primitiva” – incluyendo la sustracción de riqueza de América Latina por los colonizadores europeos, y los principios de la trata de esclavos.

La industria del algodón del s. XIX, decía Marx, no podría haber existido sin la esclavitud, y el capitalismo no hubiera sido posible sin ambas. Ésto es lo que llevó a Marx a afirmar en El Capital, al respecto del racismo en los EEUU: “El trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra”.

Marx también mostró cómo el capitalismo y el colonialismo creaban hostilidad y racismo entre los trabajadores ingleses e irlandeses, incluso cuando los segundos eran, por definición, “blancos”. En una carta escrita a Sigfrid Meyer y Agust Vogt en Nueva York en 1870 [12], escribió:

Todo centro comercial e industrial en Inglaterra contiene ahora una clase trabajadora dividida en dos campos hostiles, los proletarios ingleses y los irlandeses. El trabajador inglés ordinario odia al trabajador irlandés como competidor que rebaja su estándar de vida. En relación con el trabajador irlandés, se considera a sí mismo como miembro de la nación gobernante, y en consecuencia, se convierte en una herramienta de los aristócratas y capitalistas ingleses contra Irlanda, fortaleciendo su dominación sobre sí mismo. Apoya los prejuicios religiosos, sociales y nacionales contra el trabajador irlandés. Su actitud contra él es más o menos como aquella de los “blancos pobres” hacia los negros en los antiguos estados esclavistas de los EEUU. El irlandés se lo devuelve en la misma moneda y con intereses. Ve al trabajador inglés tantocómplice como títere estúpido de los gobernantes ingleses en Irlanda.

Este antagonismo se mantiene artificialmente vivo e intensificado por la prensa, los púlpitos, los periódicos de tiras cómicas y en resumen, por todos los medios disponibles a las clases gobernantes. Este antagonismo es el secreto de la impotencia de la clase trabajadora inglesa, a pesar de su organización. Es el secreto por medio del cual la clase capitalista mantiene su poder. Y ésta es muy consciente de ello.

Marx se muestra claro aquí en su punto de vista de que la competición capitalista produce resentimiento y prejuicios raciales – Marx los llama “prejuicios religiosos, sociales y nacionales” entre trabajadores. Se muestra muy claro al afirmar que el prejuicio es mantenido por la sociedad burguesa en pro de los intereses de la clase gobernante. Como el análisis de Du Bois sobre la sociedad del Sur en Black Reconstruction, ve la hostilidad racial como uno de los factores claves de la “impotencia” de la clase trabajadora – su capacidad debilitada para combatir su explotación.

Es aquí donde el marxismo marca su distinción más clara con la “teoría del privilegio”. El marxismo mantiene que las ideas de la gente – incluidas las ideas sobre su raza – pueden cambiar dependiendo de las condiciones históricas objetivas. Desde la Bacon’s Rebellion hasta la huelga del Sindicato de Profesores de Chicago, todos ellos son ejemplos de personas ordinarias que han desafiado el comportamiento que se esperaba de ellos basado en su posesión de propiedades, estatus social o lugar en las jerarquías de poder, y actuado de acuerdo al principio de solidaridad – que una afrenta a uno debe ser combatida, porque constituye una afrenta a todos.

La teoría del privilegio se monta alrededor de un estatus inmutable – privilegio – más que en torno a un análisis dinámico de la conciencia o Historia humanas. Su pesimismo se deriva de su premisa. El escepticismo de la teoría del privilegio sobre el cambio social surge de su vinculación a una categoría conceptual que es estática, y a menudo, tal y como hemos visto en los ejemplos, ahistórica.

El marxismo continúa siendo la mejor herramienta para analizar el racismo, sexismo y otras formas de opresión – y para proveer de una guía para combatirlas – porque entiende que el capitalismo es el principal motor de opresión y división social. Gregory Meyerson lo ha expuesto de manera magistral [13]:

El marxismo, interpretado correctamente, pone el énfasis en la primacía de la clase varios sentidos. Uno es, por supuesto, la primacía de la clase trabajadora como agente revolucionario – una primacía que no deja, como a menudo se dice, a las mujeres o las personas de color como “secundarias”[…]
La primacía de la clase significa que construir organizaciones u organizarse incorporando a trabajadores de varias razas, géneros y nacionalidades debería ser el objetivo de cualquier movimiento revolucionario: la primacía de la clase pone la lucha contra el racismo y el sexismo en el centro. La inteligibilidad de esta posición está enraizada en la primacía explicativa del análisis de clases para entender los determinantes estructurales de raza, género y opresión de clase. La opresión es múltiple e interseccional, pero sus causas no lo son.

Meyerson ayuda a mostrar por qué precisamente cuando el racismo y el sexismo están en auge – como los tiempos que estamos viviendo ahora – es cuando más debemos volver a recurrir a Marx. Nuestra lucha no es únicamente en contra de que los hombres ganen más que las mujeres, sino contra la explotación de todos los trabajadores. Nuestra batalla no es únicamente contra el “privilegio” de algunos de ser propietarios de casas en suburbios segregados, sino a favor de reordenar la sociedad a fin de que todo el mundo tenga una vida con medios igualitarios.

Nuestra causa no es sólo contra las “estructuras hegemónicas” que permiten que George Zimmerman pueda cometer un asesinato y no recibir castigo alguno, sino que es la lucha activa por calles públicas donde hombres y mujeres, negros, blancos e hispanos, gays y heterosexuales, discapacitados o no, puedan vivir sin violencia ni desigualdad. Nuestros esfuerzos para construir una “organización de la clase trabajadora de varias razas, géneros y nacionalidades” dependen de nuestra habilidad para forjar alianzas entre las personas, basándonos no en que renuncien a lo que tienen, sino en luchar por los mismos derechos para todos.

Eso es lo que significa el tener un marxismo que pone la lucha contra el racismo, sexismo, y todas las formas de opresión en el centro de su tradición y práctica.

Notas:

1. El artículo de Laura Pulido es “Rethinking Environmental Racism: White Privilege and Urban Development in Southern California,” Annals of the Association of American Geographers, Vol. 90, No. 1, Mazo 2000, pp. 12-40.

2. Los ensayos de Ignatiev y Allen pueden encontrase en esta página en formato pdf (en inglés). Allen escribiría posteriormente The Invention of the White Race [La invención de la raza blanca] en dos volúmenes, y se convirtió en un crítico del análisis de la “teoría de la piel blanca”. Ver su ensayo On Roediger’s Wages of Whiteness [Sobre Las recompensas de la blancura de Roediger].

3. W.E.B. Dubois: sociólogo, historiador y activista afroamericano fuertemente influenciado por la tradición marxista. Aunque en un principio mostró una relación ambigua con el movimiento sindical y las organizaciones comunistas, se consideraba simpatizante de posturas socialistas y mantenía que el capitalismo era la principal causa de la pobreza y las desigualdades en los Estados Unidos. Activista anticolonial y por la igualdad racial, se mostró firmemente en contra de Marcus Garvey. Tras ser perseguido durante la Caza de Brujas del senador McCarthy, se sintió decepcionado por la falta de solidaridad de muchos de sus antiguos compañeros de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color, contrastándola con el apoyo que sí que había recibido de muchos trabajadores negros y blancos. Se presentó como candidato del socialista American Labor Party a los 82 años. Cuando en 1961 la Corte Suprema estadounidense respaldó la legislación mccarthysta que imponía a los comunistas registrarse como tales, se unió al Partido Comunista como acto de protesta, contando ya con 93 años (N. del T.).

4. Para una buena reseña de la literatura histórica americana sobre luchas interraciales, ver el artículo de Lee Sustar en International Socialism (en inglés).

5. Underground Railroad: Red de rutas y refugios secretos que servían a los esclavos del Sur de EEUU para escapar a estados donde la esclavitud era ilegal, o a Canadá, construida y mantenida por abolicionistas y simpatizantes de la causa (N. del T.).

5. Reconstruction: periodo posterior a la Guerra Civil americana, en concreto entre 1865 y 1877. Caracterizado por una reordenación de la sociedad estadounidense y marcado por las tensiones, en particular en el Sur, donde se había abolido la esclavitud de las personas negras, institución que había servido como uno de los fundamentos de la economía y que había marcado intensamente las relaciones sociales (N.d.T.).

6. Populism: en contraste con el uso indiscriminado que se le da hoy en día, en los EEUU el término “populismo” se utilizaba a finales del s. XIX para referirse a un movimiento político heterogéneo que se alineaba con las clases populares contra las élites. Para un análisis detallado del mismo y en particular del giro en el uso del término, ver el ensayo de Marco d’Eramo Populism and the new oligarchy [El populismo y la nueva oligarquía] en el New Left Review, en inglés (N. del T.).

7. American Federation of Labor: federación de sindicatos de oficios americana, surgida en 1886 y disuelta en 1955. Aunque en un principio tenía vínculos con algunos socialistas como Peter J. McGuire y admitía a afroamericanos y trabajadores de todo tipo, la AFL fue gradualmente adoptando una postura más similar a la de un sindicato vertical y de oficios, al considerar  que los sindicatos podían contribuir a los beneficios de la empresa, y tratando de beneficiar a los trabajadores más cualificados en detrimento del resto. Su alineación con el Partido Demócrata llevó a que rechazara y se opusiera a sus afiliados colaborasen de cualquier forma con el Partido Socialista Americano. Se mostró contraria a la inmigración a los EEUU, a la integración racial en la práctica, y a la igualdad entre sexos (N. del T.).

8. Industrial Workers of the World: sindicato internacional fundado en Estados Unidos en 1905 y todavía en existencia, conocido coloquialmente como los wobblies. Abierto a todos los trabajadores, independientemente de su origen o ideología política, el sindicato mantiene, no obstante, una postura explícitamente anticapitalista y obrerista. Se enfrentó abiertamente con la AFL, a la que consideraba que dividía a la clase trabajadora al organizarse por oficios, en contraste con la IWW que mantenía que todos los trabajadores debían organizarse y actuar de forma unitaria puesto que sus intereses eran compartidos (ejemplificado en su eslogan One big union – Un único gran sindicato). Su afiliación creció enormemente entre 1910 y 1920, consiguiendo varios de sus objetivos laborales. Sin embargo, entró en decadencia tras la Segunda Guerra Mundial y fue víctima de la caza de brujas (N. del T.).

9. Congress of Industrial Unions: federación sindical americana, que existió desde 1935 a 1955. Aunque sus afiliados respresentaban una alta variedad ideológica, estaba abierta a trabajadores de todos los orígenes y razas, a diferencia de la AFL (que en la práctica discriminaba contra los trabajadores negros), y con la que tuvo una alta rivalidad al intentar captar ambos nuevos afiliados durante la Gran Depresión (N. del T.).

10. Harry Haywood: activista comunista afroamericano, miembro del Partido Comunista de los Estados Unidos y del Partido Comunista de la Unión Soviética. Sus contribuciones a la teoría inscrita en la tradición marxista se centraron en la relación entre la cuestión obrera, nacional y racial. Llegó a abogar por la autodeterminación de parte del territorio estadounidense del Sur, para poner fin a la raíz de la opresión de los trabajadores negros, que consideraba que se hallaba en la cuestión agraria todavía sin resolver. Su apoyo a Stalin hizo que tras la muerte de éste, el Partido Comunista de Estados Unidos acabase expulsándole, tras lo cual llegó a fundar el Nuevo Movimiento Comunista, de orientación maoísta (N. del T.).

Claude McKay: escritor y poeta jamaicano-americano. Figura pivotal durante el periodo conocido como el Harlem Renaissance [Renacimiento de Harlem, movimiento cultural de los años 20], se vio atraído por las ideas comunistas, frecuentando actos y relacionándose con militantes del Partido Comunista de los Estados Unidos. Hacia el final de sus días, no obstante, se distanció de estas ideas, rechazándolas activamente (N. del T.).

11. Poor People’s Campaign [Campaña de las Personas Pobres]: campaña dirigida por Martin Luther King Jr. y su asociación de derechos civiles, la Southern Christian Leadership Conference. Sus propuestas se centraban en la justicia social y los derechos económicos, para combatir la desigualdad y pobreza que afectaba a numerosos estadounidenses. Contó con el apoyo de numerosos trabajadores de distintos orígenes, y con contribuciones económicas de varios sindicatos, incluyendo varios de afiliación mayoritariamente blanca. (N. del T.).

12. La carta de Marx puede hallarse en el Marxists Internet Archive (en inglés).

13. Citado en Sharon Smith, Subterranean Fire, p. 45; originalmente en “Rethinking Black Marxism: Reflections on Cedric Robinson and Others,” Cultural Logic: An Electronic Journal of Marxist Theory and Practice, 3, no. 2, (Primavera 2000).

, , ,

Trackbacks/Pingbacks

  1. ¿Privilegio blanco y marxismo? Por Brian Kwoba | Rotekeil - 23 abril, 2014

    […] Counterpunch en diciembre de 2013, en respuesta al artículo de Bill Mullen en SocialistWorker.org (cuya traducción publicamos aquí). Brian nos ha otorgado permiso para traducir y reproducir su artículo, enviándonos una versión […]

Deja un comentario