¿Privilegio blanco y marxismo? Por Brian Kwoba

El artículo que os presentamos a continuación es nuestra traducción del publicado por Brian Kwoba en Counterpunch en diciembre de 2013, en respuesta al artículo de Bill Mullen en SocialistWorker.org (cuya traducción publicamos aquí). Brian nos ha otorgado permiso para traducir y reproducir su artículo, enviándonos una versión actualizada del mismo. En la actualidad, cursa estudios de doctorado en la Oxford University, e investiga acerca de la figura del “padre del radicalismo de Harlem”, Hubert Harrison.

¿Privilegio blanco o Y marxismo? Por Brian Kwoba

Nota del autor: este artículo era originalmente una respuesta a un ensayo publicado en la página web de la International Socialist Organization (ISO). Por desgracia, se negaron a publicar mi respuesta:

No vamos a publicar tu contribución al debate sobre el privilegio de tener la piel blanca tal y como la enviaste. Distorsionas de forma grotesca el argumento en Socialist Worker de Bill Mullen, a fin de sugerir que su propósito y objetivo al escribirlo, y el de Socialist Worker en publicarlo, era defender el privilegio de tener la piel blanca, más que analizar el racismo para poder oponerse al mismo. Ninguna otra contribución al debate, incluidas algunas que eran muy críticas, han acusado a Socialist Worker de apoyar el privilegio de tener la piel blanca. No vamos a publicar una acusación de este tipo.

Respondí que si mi “acusación” estaba tan poco fundamentada, deberían publicarla sin problemas, para que alguno de sus lectores pudiese demostrar lo equivocado que estaba. ¿Qué tipo de imagen da la International Socialist Organization, si en vez de ello se niegan a publicar mi artículo y por tanto, privan a sus lectores de la posibilidad de siquiera considerar mis argumentos?

Fin de la nota.

Hay que agradecer a Bill Mullen que con su ensayo “¿Existe el privilegio de tener la piel blanca?” haya iniciado un debate que debería tener lugar más ampliamente en círculos progresistas. Equivocadamente, argumenta en contra de la utilidad del concepto “privilegio de tener la piel blanca”. Mullen también se equivoca al enfrentar el marxismo con lo que llama “teoría del privilegio”. En realidad, la lucha de clases y el privilegio racial son herramientas de análisis, indispensables y que se complementan en el proyecto social de acabar con el racismo.

A  muchas personas conscientes del tema de la raza, la idea de que las personas blancas, por el mero hecho de su raza, reciben toda una serie de ventajas y privilegios no merecidos, les resulta obvia.

Por ejemplo:
– Cuando un afroamericano solicita un trabajo y se le rechaza únicamente debido a su nombre, pero a una persona blanca consigue el trabajo porque su nombre suena “normal”, eso beneficia a la persona blanca – incluso si se trata de un trabajo mal pagado para una empresa capitalista.
– Cuando a los blancos se les conceden hipotecas mientras que a los negros y latinos [1] se les deniegan, esto constituye un beneficio inmediato que las personas blancas reciben – incluso si la hipoteca se concede por parte de banqueros a los que sólo les importan los beneficios.
– Cuando enciendo la televisión y voy al cine, la mayor parte del tiempo los héroes o protagonistas son personas blancas, mientras que las personas de color aparecen sólo como añadidos o como curiosidades. Esto concede un privilegio a los blancos, que si bien no es material – porque han pagado el mismo precio por la entrada que yo – lo es psicológica y culturalmente  porque se les hace sentir que son más importantes, heroicos y asertivos que las personas no blancas.
– La blancura se considera “normal”, la raza “por defecto” en los Estados Unidos. Muchas personas blancas ni siquiera son conscientes de que son blancas. En otras palabras, las personas blancas no necesitan pensar (y enfatizar) el tema de la raza tanto como muchas personas de color.

El ensayo de Pegg McIntosh “Unpacking the Knapsack” [“Deshaciendo la mochila”] sirve para ilustrar más formas en las que las personas blancas tienen privilegios en función de su raza. Esto no quiere decir que la raza sea la única forma de opresión. Pero si el resto de cosas son iguales (por ej. clase, género, etc.) las personas blancas TIENEN un privilegio relativo, únicamente debido a su blancura. Y si tú, como persona blanca, no puedes o no vas a reconocer esto, entonces estás participando en una negación blanca.
La negación blanca es algo que he descubierto que muchos marxistas blancos perpetúan en la forma de argumentos contra el privilegio blanco, lo cual casualmente les permite escapar el sentimiento de culpa o de incomodidad sobre las ventajas no merecidas que reciben por su blancura. Por ejemplo, Mullen señala que el artículo de McIntosh “convierte el `privilegio´, no en una cuestión de luchar contra el racismo, sino de sentirse culpable acerca del mismo”. Pero ¿quién se siente culpable cuando lee el artículo de McIntosh y considera la existencia del privilegio blanco? Pista: no se trata de la gente de color.  Aquí, la descripción “desracializada” de Mullen de la culpa, revela un punto ciego blanco. También muestra el privilegio blanco (y de clase media) de la aversión al conflicto racial. De hecho, tal y como Beverly Tatum ha argumentado, la culpa blanca es una etapa natural y predecible del desarrollo de la identidad racial blanca, un paso doloroso pero necesario en el camino a superar el racismo que se ha implantado literalmente en nuestros cerebros, debido al hecho de haber crecido en una sociedad racista.

A la vez, Mullen tiene razón en un sentido diferente cuando se opone a la idea de que “todos los blancos, sin importar la clase a la que pertenezcan, se benefician de la distribución desigual de recursos sociales en base a líneas raciales”.
Bajo el capitalismo, los blancos trabajadores y pobres están ciertamente explotados económicamente y NO se benefician de la específica forma en que el capitalismo americano ha creado y mantenido la “raza blanca” como forma de control social de la clase dominante para evitar la solidaridad de la clase trabajadora.

Pero en mi experiencia, la mayoría de personas que tratan el tema del privilegio blanco no lo hacen a fin de llegar a una comprensión más dialéctica de la relación entre la lucha de clases y la raza. Me gustaría que así fuese. Pero antes de castigarles por ello, Sr. Mullen, es necesario que revises las formas en que tu negación de las ventajas que tu propia blancura te concede sólo refuerzan la idea de que tienes privilegios, incluido el privilegio de permanecer ignorante de tu propio privilegio blanco.

De esta forma, la posición de Mullen contrapone falsamente el considerar de forma crítica el racismo de forma individualmente ante hacerlo de forma sistémica, como si pudieses hacer lo primero (a través del análisis del “privilegio blanco”) o lo segundo (a través del marxismo), pero no ambas cosas. Para ser justos, muchos esfuerzos antirracistas orientados hacia el privilegio blanco no se implican en protestas de masas a favor del cambio sistémico, y por tanto muestran tener un punto ciego en su propia relación con la lucha de clases.

En última instancia, Mullen concluye argumentando que “el marxismo supone la mejor herramienta para analizar el racismo, el sexismo y otras formas de opresión… porque entiende que el capitalismo es la principal causa de opresión y división social”. Aún así, algunas formas de opresión, como por ejemplo la opresión de las mujeres, son miles de años anteriores al capitalismo. Aquellos que como Mullen apoyan la idea de que el capitalismo es la fuente de toda opresión están negando la lógica específica y autónoma de ciertas formas de opresión, repitiendo de forma dogmática la creencia que (en este caso) casualmente absuelve a los hombres de nuestra complicidad en la opresión de las mujeres.

Que quede claro: NO estoy argumentando que el análisis basado en la opresión por sí solo sea superior y que la lucha de clases sea secundaria. Sin embargo, si el marxismo o el “socialismo desde la base” es un movimiento en pro de la revolución proletaria mundial para derrocar el capitalismo y la opresión, y si permanece mayoritariamente como una “propiedad privada” de hombres blancos (con un linaje que va de Marx-Engels-Lenin hasta Trostki), protegida de forma defensiva, seguirá siguiendo un dogma en base a dos razones:
1) Las personas de color son la inmensa mayoría de la población de este mundo.
2) Los salvadores blancos – “marxistas” o no – nunca nos han liberado ni nunca lo harán.

Tal y como Selma James expuso en su pionero ensayo marxista interseccional intersectional Marxist “Sexo, Raza y Clase“:

A fin de que la clase trabajadora se una a pesar de las divisiones inherentes a su propia estructura – fábrica contra campo de cultivo, contra hogar, contra escuelas – aquellos que están en el nivel más inferior de la jerarquía [de raza y género] deben encontrar la clave sus debilidades por sí mismos, deben encontrar por sí mismos la estrategia que atacará ese punto y lo destruirá, deben encontrar ellos mismos sus modos de lucha.

Y así, si vamos a avanzar más allá de los dogmas de la Izquierda del Hombre Blanco, debemos tener cuidado y reconocer hasta qué punto nuestra concepción de la “clase trabajadora” ha estado siempre dominada y distorsionada por un particular segmento en la cima de las jerarquías de género y raciales tipo-apartheid dentro de la clase.

Una última debilidad del argumento de Mullen es su incapacidad (o falta de interés) para mirar de forma interna a cómo su propio privilegio se evidencia en su falta de sugerencias a cómo las organizaciones pueden cambiar sus prácticas internas para atacar el racismo y la supremacía blanca de forma más intensa. A este fin, históricamente las personas de color han planteado una serie de exigencias a las organizaciones mayoritariamente blancas, tales como:
1. Priorizar el reclutamiento, formación y el desarrollo de liderazgos entre personas de color. Si una organización “progresista” apoya la acción afirmativa al nivel de políticas públicas como una corrección necesaria a siglos de supremacía blanca, ¿por qué no ponerla en práctica de forma interna? Los activistas blancos en organizaciones multirraciales pueden enfrentarse a la supremacía blanca activamente al apoyar a miembros de color para que lideren reuniones más a menudo, ejerzan cargos de responsabilidad en mayor proporción, dirijan el contacto de la organización con comunidades de color, etc.
2. Desarrollar un plan educativo que profundice en la comprensión histórica y práctica de la supremacía y el privilegio blancos entre TODOS los miembros del grupo. Esto incluiría la lectura, debate y crítica de literatura de autores como CLR James, Beverly Tatum, Bell Hooks, Ted Allen, Tim Wise y otros. No hace falta estar de acuerdo con todo lo que decían para aprender verdades importantes de estos antirracistas.
3. No detenerse en el tema de la raza. Como seres humanos de color, tenemos más identidades que únicamente nuestra raza, y puede que estemos oprimidos (¡o privilegiados!) en base a nuestro género, orientación sexual, nacionalidad, y similares.

Hace un siglo, el líder negro más importante en el American Socialist Party era Hubert Harrison. Organizó la primera federación multirracial de la ciudad de Nueva York y comenzó a trabajar en estimular el apoyo por el socialismo en la comunidad negra. Al poco tiempo, abandonó la organización debido a su frustración con su actitud de “la raza blanca primero” en la cuestión negra. Unos pocos años después, camino a convertirse en el “padre del radicalismo de Harlem”, lanzó una advertencia a sus antiguos camaradas en una carta abierta que podría haberse dirigido a cualquier organización blanca progresista hoy en día:

…incluso ahora, si enviaseis a cualquiera aquí (negro o blanco) para defender la causa de Karl Marx, que estuviese libre de la mezcla de rencor y odio contra la propaganda racial defensiva propia del negro, podríais ver que hay una probabilidad de ganar simpatizantes tan alta como tienen cualquier otras ideas políticas. Pero hasta que no cambiéis vuestras tácticas… vuestra causa entre nosotros será fútil.

[1] El término “latino” es un modismo con origen en el inglés norteamericano (aunque ha hecho fortuna en cierta medida en el castellano de Hispanoamérica también). Suele hacer referencia a las personas de origen o culturalmente relacionadas con Latinoamérica. En el castellano de España suele estar más asociado a lo referente a la lengua latina, o a lo relacionado con las culturas de lengua derivada del latín (N. del T.).

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