Reseña de “Alma roja, sangre azul” de Alejandro Cao de Benós

Quería comenzar mi andadura en este blog agradeciendo al resto de compañeros la oportunidad de escribir en el mismo, aunque sea comentando las obras de otros que puedan ser de interés para los lectores, tanto de inclinación más izquierdosa, como los de menos, puesto que no se sabe qué tiene el juche, que fascina a gente de un extremo a otro del espectro político. Y con esto me refiero tanto a los extremistas mantenedores del régimen de un lado y de otro, como a los moderados que sólo pretenden derrocarlo. No en vano, en Intereconomía se habló Corea del Norte largo y tendido.

Y es que llevado del morbo, me he acabado el libro de Cao de Benós, tengo que decir que de un tirón (es triste decir que hace tiempo que no me pasaba, y me haya tenido que pasar con un libro de tan peculiar personaje) y sin salir de mi asombro. El tipo da la sensación de que se lo cree, no soy literato, pero yo diría que no carece de talento narrativo, es como si Bernal Díaz hubiera ido a Corea y se hubiera convertido al culto del Vichilobos, su lenguaje campechano y su tono extrañamente candoroso te atrapa y confiere cierta verosimilitud a lo que dice.

Eso sí, aunque da la sensación de que se lo cree también deja caer unas cuantas críticas que se adivina que no son mayores por si acaso perjudica el crédito que tiene con sus camaradas del juche. Aviso de antemano, a partir de ahora hay spoilers.

Después de explicarnos que sus antepasados se remontan a Clodoveo, rey de los francos, o poco menos, pero que su abuelo lo perdió todo y se tuvo que poner a trabajar de segurata, nos cuenta que por el trabajo de su padre se veía constantemente obligado a cambiar de ciudad. Era un niño un poco flipado que le gustaba jugar a la guerra y se interesaba por la parapsicología, por el fenómeno OVNI y por la filosofía en general y la “oriental” (hablar de filosofía oriental es como hablar de filosofía europea, hay tropecientas) en particular aparte de la política. También se desprende de su narración que es un hombre fascinado desde niño por el orden, lo militar y con un cierto sentido de la espiritualidad un poco curioso a priori en un comunista. Cree en Dios, en la reencarnación y claro, de ahí a creer en el querido líder de turno no hay más que un paso. Al principio militó de jovencito en Izquierda Unida, y contra la regla de que no hay que ofrecerse voluntario para nada se ofrecía de machaca para todo, preparar bocadillos, pegar carteles, lo que fuera por la causa. Pero que cuando se dio cuenta de que no se hablaba de revolución y socialismo y sí y mucho del navajeo que había por los carguitos renunció (a servidor le pasó algo parecido en su muy breve militancia. Bueno, eso y que soy un vago de siete suelas, al contrario que Alejandro)

En fin, que le destinaron a un pueblecito de Granada donde tuvo que sufrir la incomprensión de sus compañeros que le consideraban muy de ciudad y polaco. Que como ya tenía interés por la política ingresó en el PCPE local (justo en la época de la caída del muro y del colapso del bloque soviético en general, o sea, la mejor para hacerse comunista). El chico vio fotografías de Lenin, Marx y hasta de Stalin en la sede de la agrupación,creo recordar y ya pensó “estos son de los míos”. Con su vocación de servicio, asistía a las sesiones de formación, a pesar de que como reconoce, la teoría marxista le parece un puto coñazo, y dice preferir el Manifiesto que es así como más panfletero y comprensible, en vez de esos “alambicados” análisis del modo de producción capitalista de “El Capital”. El caso es que se quedaba leyendo a solas en la sede, y había un armario donde tenían libros guardados bajo llave. Pues un día se hizo con ella y abrió el armario misterioso ¡eran dos libros de propaganda de Corea del Norte! Por supuesto salían fotos de un país maravilloso, de las hazañas naturales y sobrenaturales del líder y tal. El chaval todo emocionado se lo comentó a un camarada de más edad, que le vino a decir que lo tenían escondido porque en el plan en que estaba la cosa a nivel geopolítico lo de Corea del Norte era demasiado hardcore hasta para el PCPE.

De todos modos el muchacho tenía interés así que se plantó en la capital del Imperio para asistir a una reunión con una delegación diplomática norcoreana (estaba hasta el entrañable Marcelino Camacho, y otras personalidades, así que Alejandro estaba un tanto acoquinado). Pero llegó un señor coreano con aspecto venerable llamado Li y le acogió muy amablemente. Alejandro le contó lo que había leído en los libros y le acribillaba a preguntas, que el camarada respondía con paciencia zen (hasta que llegó un momento con ese solapamiento oriental tan encantador el camarada Li le dijo que si quería ir al baño). Alejandro le respondió que no, que estaba encantado y con ganas de aprender. El otro insistió y acabó reparando en que lo que quería es que le dejara en paz un momento, aparte de que su aspecto no era el más apropiado. Pero después de volver de hacer lo que otro no podría hacer por él,  le siguió respondiendo con mucha amabilidad y le entregó una caja con libros, música y propaganda en general. El chico tan bien tratado, le espetó que cómo podía ser un soldado de Corea del Norte. Y el otro con paciencia no sé ya si budista o cristiana le dijo que soldados tenían de sobra, pero que no les vendría mal un enlace, y más si era tan entusiasta como él.

Así que se volvió a su pueblecito de Granada, y fundó una asociación de amistad con Corea, con otro coleguita del partido y 7 amigos del pueblo que no tenían ni idea de política pero que como se aburrían se apuntaron. No se lo pasaban mal porque Alejandro montaba  sus rituales, y al final sacaban patatas y cocacolas y cantaban canciones coreanas en un fraternal y revolucionario karaoke (sin entender ni jota).

Los jefes locales del PCP estaban un poco alucinados, pero le dejaban hacer. Se presentó para delegado de clase en el insti y salió elegido por mayoría absoluta, consiguiendo que una profesora muy estricta no les tuviera encerrados a la hora del recreo mediante acciones de huelga y sabotaje. Alejandro seguía leyendo todo lo que podía sobre Corea, y trabajando en una gasolinera y en lo que pillaba, pudo comprarse una moto. A esto los de la delegación coreana ya sabían de su activismo (en Graná le llamaban papá Corea) y vinieron al pueblo para ver una exposición cultural sobre Corea con su Mercedes diplomático, guiándoles Alejandro por delante con su moto que no pasaba de 40 por hora (aquí es uno de esos momentos en que la cosa adquiere tintes Berlango-Azconianos). Le felicitaron y le propusieron viajar a Corea (entonces no había caído del todo el bloque socialista y todavía podían pagar las expensas de entusiastas extranjeros) y por supuesto que les dijo que iría en cuanto tuviera la oportunidad. El cacique local del PCPE, ya bastante mosqueado, le dijo que o quitaba la foto de Kim il Sung de la pared o le echaban. Y él respondió que no le echaban, que se iba y les mandó a tomar por culo (así no porque es un hombre muy educado, pero se lo dijo)

Su viejo tuvo que irse a trabajar a Huesca. Entre medias aprobó exámenes para entrar al conservatorio, pues el chico tiene buen oído (ya le habréis oído cantando en la tele con su voz de barítono o como se diga) y participó en un programa de intercambio con estudiantes polacos. Más allá de las bellezas artísticas y naturales del país, se llevaba de culo con el hijo de la familia que le acogió, un pijillo pro-norteamericano. No le gustaron nada las diferencias de clase, él estaba en una urbanización acorazada y pudo ver tres mendigos muertos en la calle por (le dijeron) haber bebido matarratas en vez de alcohol, o algo así. Además para joder al pijo en cuestión que lo dejaba todo perdido con sus grafittis, pintó en la pared una hoz y un martillo bien grande, con dos cojones. ¿Eres tú el que ha pintado esta mierda? Le preguntó. Por supuesto, respondió nuestro bizarro Alejandro. Así que regresó del bloque ya ex-soviético con sus convicciones reforzadas.

Hizo un curso de informática y montó un pequeño negociete, pero le llamaron a filas, que aún no había suprimido Aznar ese rito iniciático que tan bien nos hubiera venido a algunos. Como el muchacho siempre admiró todo lo militar, en principio estaba encantado. Fue a tallarse y ¡oh desgracia! pesaba cuatro kilos de más. Quedó consternado, pero el teniente o lo que fuera le dijo que volviera en unos días a ver si perdía peso. Los demás cuanto le contó la historia le felicitaron y le dijeron que se pusiera ciego a bollicaos, pero el por supuesto se pasó varios días sin comer. Aún así sólo adelgazó unos gramos, para horror y desconsuelo suyo. Pero con lágrimas en los ojos le suplicó al teniente que no le dejase fuera. El teniente sonrió compasivamente y falseó su peso (debió pensar que más vale un gordo motivado por la patria que un flaco que maldita la gracia, digan lo que digan las ordenanzas). Así que ya está en Huesca haciendo la mili. Novatadas con sevicia, putadas varias, robos y trapicheo al por mayor y al por menor, tanto de material del ejército como de drogas y todo tipo de desilusiones. El por supuesto estaba decidido a acabar con ese Estado de cosas y pidió una cita con el coronel donde denunció y delató a todo Cristo. El Coronel se quedó un poco flipado, pero le dijo que tenía razón, y que trataría de poner fin a eso. Se acabó un poco con las novatadas y el trapicheo, y llegó a ser cabo instructor, alabado por los soldados por que los trataba con firmeza pero con amabilidad y compañerismo. Recibió alabanzas de algunos oficiales que decían que nunca habían visto un tío más papista que el papa, quiero decir un soldado más disciplinado. Uno de los de la mafia del cuartel le amenazo con una navaja, pero él se le echó encima y le dijo que no tenía miedo a la muerte. El otro, también alucinando, le dijo que lo que estaba es como una puta cabra, pero le dejaron en paz. Cuando se piró los novatos que tuvo bajo protección de putadas varias le hicieron un homenaje. Quiso seguir en el ejército, pensando que con militares profesionales sería mejor, pero eran más hijos de puta todavía y también trapicheaban con todo, la policía militar incluida. Así que lo dejó.

En estas cumplió su sueño de viajar a Corea del Norte, y en el aeropuerto lo recibió un guía coreano con acento Caribeño y bastante cachondo (había estado cumpliendo con sus deberes internacionalistas en la Isla de la Juventud en Cuba, y se le pegó la calidez y la sana camaradería) le dijo que mientras dijera que Kim primero era Dios todo iría de p.m. y que no podía ir a ningún sitio sin él encima. A él le encantaba el urbanismo tan planificado e igual, la limpieza de las calles el orden (siempre le ha gustado el orden) el respeto que había y la falta de contaminación (al no haber casi coches, pues normal) También la ausencia de esa invasiva publicidad tocacojones que sufrimos en nuestro amado capitalismo. Allí salen las fotos de los dos bros y ya.

Entonces todavía era época de vacas gordas y le llevaron a comer delicias coreanas, además de regalarle una insignia de Kim Il Sung, que no es un pin cualquiera, es una especie de condecoración. Se encontró con una familia coreana que un tanto intrigada le preguntó quién era y tal y le invitaron a salir con ellos. Como ellos también llevaban pin y tal el tipo se fio y se fueron al lado de un río a cantar canciones coreanas, sumándose unos pescadores que se afanaban en atrapar carpas. Se lo estaban pasando todos de puta madre cuando llega el cubano coreano y le dice, güevon, como carajo te has venido aquí sólo sin mi permiso (por menos de eso se te puede caer el pelo) el reconoce que se ha equivocado y que lo ha hecho sin malicia. El otro le dice que ni una más pero le perdona. El resto del viaje transcurre sin incidentes, el chaval lo ve todo y se vuelve.

Desempeña varios trabajos, un pequeño negocio de informática, segurata, y después informático en un centro comercial y en una empresa de importación. En ese momento creo que se muere Kim primero y casi se muere él también de la pena (ya es el año 1994) Tiene mucho trabajo y no puede dedicarse en demasía a Corea, pero se sigue carteando con sus contactos. Pasado un tiempo viaja a Corea de nuevo pero son los tiempos de la “ardua marcha” (que se llamó así por aquello de rememorar los tiempos duros de la lucha contra los japoneses) Aquí pinta un cuadro desolador. En parte por el cierre del grifo soviético, en parte por los desastres naturales, y en parte por la mala gestión, en verdad hubo una hambruna y en verdad murieron millones. Hay una anécdota de una guía de un museo de Kim il Sung que llevaba dos días sin comer y se caía mientras hablaba. Alejandro hizo un sacrificio (porque el tampoco es que comiera mucho mejor durante su estancia, de hecho esta vez el viaje se lo pagó él) y le dio dos galletas. Ella al principio no quería aceptar, pero cuando el cubano le dijo que era un buen chaval y de la causa se abatió su orgullo y aceptó las galletas con una enternecedora sonrisa. En fin, aterrorizado por lo que había visto, se ofreció para ayudar en lo que pudiera. Le dijeron que estaban haciendo un plan de reconstrucción de la economía y que buscara información sobre nuevas técnicas y tal y les mandara informes, cosas de esas.

El pobre se puso a ello cuando llegó a España, aunque casi no tenía tiempo, y miraba todo lo que podía en internet, con un modem de esos de los antiguos, gastando tanto que le llamaron la atención en el curro. Pero siguió adelante. Volvió a Corea  con la cabeza llena de proyectos, y observó que lo peor de la hambruna ya había pasado. Consiguió una reunión con una delegación de jefazos intermedios y les propuso hacer una web con información del país (por increíble que parezca había una viceministra que casi no sabía qué era internet) Le dieron autorización y a ello que se puso. La web pronto se hizo célebre, por dos razones. Había poca competencia (quién coño va a poner nada de Corea del Norte) y era tan cutre que hubo hasta un periodista famoso que escribió un artículo (creo que era francés) diciendo que era una mierda y riéndose del nivel de inglés. Pero que como aprendió a partir de ese día, eso le vino de puta madre, porque la cosa se hizo viral y con el cachondeo empezó a entrar más y más gente a la web para verla y reírse, y en esto mucha más gente se apuntaba a la nueva asociación de amistad con Corea que había creado, suecos, noruegos, ingleses, etc, en fin, que la cosa crecía, y que aunque le petaban la web de virus y troyanos, un simpatizante de la cosa noruego y experto en seguridad informática se la blindó. Y ya de paso le ayudaron a mejorar la página.

Como premio a sus buenos servicios le dieron la ciudadanía norcoreana, a pesar de que la ley lo prohíbe, pero allá van leyes do quieren queridos líderes. Y es que como él había dicho cuando planteaba la idea a sus camaradas norcoreanos entre las risas subsiguientes, ¿acaso no dijo Kim il Sung que la palabra imposible no era coreana? Pues os jodéis que ya soy coreano.

Eso sí, le dedicaba mucho tiempo a la web y le echaron del curro. Pero acabó encontrando otro en una escuela de negocios (si altero un poco el orden y Alejandro lee esto, le pido disculpas) del ¡OPUS! nada menos que el IESE. El hombre hacía bien su trabajo y como de momento no sabían nada de sus actividades pues llevaba esa doble vida. Lo de la web empezó a chutar cada vez más, organizaba viajes, rutas, cerraba operaciones… y se le empezaba a conocer y a tener como referencia de todo lo que pasaba en Corea del Norte, y es que cuando hay un monopolio de oferta de información de primera mano, como es el caso, pues no se da abasto. Le hicieron una entrevista en Epoca y bastante imprudentemente vino a decir que trabajaba de consultor para el IESE. AL final los del OPUS se acabaron dando cuenta y procuraron hacer lo posible para echarlo hasta que lo consiguieron, pues no se podía mantener tal concubinato.

En eso el famoso incidente con el periodista americano al que le jodió la cámara y los vídeos y que sale en un documental de internet. Al parecer el tipo le dijo que se iba a portar bien y a obedecer las órdenes, pero… ya se sabe como son los yanquis. Que le decía que no se podía grabar en ruta… pues dejaba la cámara encendida en ruta disimuladamente. ¿Qué no se podía salir sólo de paseo? Pues se piraba. Y sobre todo, ¿Qué no se podía grabar a militares? Pues grabó a unos militares norcoreanos de maniobras, y el problema es que se coscó un coronel y lo denunció. Ya estaba pensando Alejandro que le iban a mandar a un campo de trabajo, pero actuó con decisión. Volvió al hotel y le dijo a la recepcionista que era un tema de seguridad nacional y que le diera las llaves de la habitación del periodista americano. Con el pin, y el tono de autoridad que emanaba de él, huelga decir que le dio las llaves. Así que subió a la habitación y rompió el portátil a hostias. Luego al bajar resulta que la inepta de la recepcionista le había dado las llaves de otro turista americano del grupo. Así que vuelta a empezar, y esta vez sí, se carga el portátil correcto, se pilla todas las cintas (unas cincuenta o así) y las pasa a la superioridad. Como había reaccionado rápidamente, los Juches no le castigaron, incluso le felicitaron, aunque le dijeron que tuviera más cuidado. El americano había grabado todo lo que no se puede grabar que era, no hace falta ni decirlo, prácticamente todo. Así que le dieron dos opciones: o pides disculpas y dices que eres un cabrón y lo firmas, o te vas a un campo de trabajo. Obviamente eligió las disculpas. Al yanqui equivocado Alejandro le pagó el portátil destruido de su bolsillo, previas disculpas, que para eso es un caballero.

Decide montárselo por su cuenta como autónomo y se dedica al import-export, a veces las operaciones son con Corea, pero asegura que no cobra del país, y sólo trinca alguna comisión si el negocio se concluye gracias a sus buenos oficios. Me lo creo, porque una persona que ya ha confesado que cree en el comunismo, en la parapsicología, en las auras, en los Ovnis, en Dios y en Kim il Sung, ¿para qué iba a mentir en esto?

Luego habla de todos los periodistas españoles que ha invitado. Piqueras, de Telecinco, un caballero y un amigo, e hicieron un reportaje bastante imparcial. Una de “El País” que es una incompetente de cuidado, según él. Viajó con él en el 2005 y decía que no había bicicletas en el país, cuando es evidente que sí que hay bicicletas. Pero ella erre que erre. Sistiaga, un borde, un divo y un manipulador, que no tuvo problema en confesarle que iba buscando carnaza, así que Chon Son Il le puteó todo lo que pudo en justa correspondencia.

Ahora es superfamoso en Corea, ha salido en el Diario Oficial en Primera plana, y siempre le ponen diciendo las consignas de rigor en la tele, que mientras te atengas a ello, como el mismo reconoce “no falla”.

Al final entra en el terreno de las críticas y cuenta algunas anécdotas sabrosas. No, no está tan pirado, hay cosas que dice que no funcionan bien y son:

-La puta burocracia. Al parecer no puedes hacer nada sin que te tengan que dar el visto bueno 8 departamentos ministeriales y 25 oficinas intermedias. Así que tenía negocios de puta madre para cerrar con empresas extranjeras y por esa misma lentitud se han ido al carajo. Y sí que puedes hacer negocios, porque tienen gente bien formada, cobran poco y son muy leales (eso mismo dice él en la web oficial, o quien la haya escrito) Y no es sólo un problema de lentitud, sino de inercia, más de los funcionarios de nivel intermedio que de las élites. Se explica: los que ya tienen un puestito, pues les es más fácil denegar un proyecto que arriesgarse y cagarla. Y encima está el problema de que todo está muy compartimentado, con lo cual un departamento no tiene ni puta idea de lo que hace el otro. Como el se mueve por todos, acaba sabiendo más que nadie. Y eso nos lleva a lo siguiente.

-La envidia. Aunque tienen un espíritu muy colectivista o solidario, siempre hay envidiosos. A él le puteó un funcionario intermedio del Ministerio de educación porque se apuntó un tanto que iba para él.

-Trepas: un joven muy simpático que hacía cosas como decir a los camaradas que Cao de Benós había donado un autobús, y va a ser que no, para darse importancia delante de sus jefes, o regalarle una vasija de 200 pavos para que hablara bien de él y luego enterarse de que el perillán la había encargado a su nombre cuando le pidieron la factura. Por supuesto, se encargó de que lo echaran.

-Corrupción: un director de una fábrica estatal de productos de jade le ofreció una comisión por los productos que pudiera colocar en Europa. El, claro, estaba indignado, ¡ofrecerme productos que son propiedad del Estado! Pero ya mosqueado le preguntó que qué iba a pasar con los controles. El otro le dijo que no hay problema, que ya lo tenía arreglado, que cuando pasara los controles del aeropuerto le tenían preparada la caja. Bueno, ya saben, como en sus tiempos de la mili le faltó tiempo para denunciarlo y que mandaran al funcionario deshonesto a recoger arroz durante unos añitos. Y afirma que después se lo encontró y que se le habían pasado esos aires de suficiencia y esa sonrisa pícara después de cumplir su pena. Lo habían vuelto a poner en un cargo inferior en otra empresa estatal de exportación, pero de menos responsabilidad. Como dice él, te dan otra oportunidad pero como seas corrupto el poder popular es implacable (supongo que eso no incluye la isla que usa Kim Jong Un y que describe Dennis Rodman, pero bueno)

-Excesivo secretismo: vale que estén en guerra todavía con los USA, pero joder, es que con tantas cautelas no hay quien haga negocio. Cerrarse evita que entre “lo malo” (a juicio de Cao de Benós y de los jefes) pero también “lo bueno”.

Cosas positivas: según él, ya no hay hambruna, todo el mundo tiene el trabajo asegurado así como la asistencia médica, se disfruta de un orden público perfecto, y tienen unos valores espirituales y familiares procedentes del chondoismo, confucianismo y el budismo que suponen una curiosa amalgama con la que se identifica completamente. Esto hace que, aunque para un marxista y hasta para una persona normal sea un poco curioso atribuir milagros a los líderes o pensar que Kim Il Sung les sigue dirigiendo desde el cielo, o que el orondo de ahora es una reencarnación de el abuelo, todo ello se inserte dentro de esos valores tradicionales. Es que en occidente no lo podemos entender, y peor sería que murieran después de 14 horas jugando al Starcraft como en Corea del Sur.

Que por cierto, dice que le cogieron por banda unos empresarios surcoreanos, poco antes de morirse Kim II, y le dijeron, chico, sabemos que trabajas para los rojos, tú tienes talento, cambia de bando. El viejo se va a morir y se va a ir todo a tomar por culo. Te ofrecemos una pasta (y realmente era una pasta, por lo visto)

¿Adivinan lo que pasó no? Por supuesto dijo que no, como haría cualquier persona sensata, dice él. Después de todo no había entregado su vida a Corea para vender sus principios por unos cuantos dólares miserables, y comisión va, comisión viene, le da para vivir y con eso le basta.

Y que si no vive en Corea es porque sólo el puede desempeñar esa función de enlace entre dos mundos, y que le necesitan, pero que si algún día hay guerra, allí que se irá a defender la revolución juche porque gracias a sus convicciones religiosas y parapsicológicas, no teme a la muerte.

En fin, que después de esta epopeya inenarrable uno se siente tentado de decir eso de qué buen vasallo, si tuviera buen señor (o como fuera).

Una anécdota que también me imagino que será verdad. Ya en el 2002, acabada más o menos la “ardua marcha” (o sea, la hambruna) cuenta que estuvo en un pueblo con el cubano-coreano y un delegado regional del partido. Y que había un niño menesteroso pidiendo caramelos y comida. Le dijo al cubano que le preguntara al dirigente como podía ser esto. El otro vino a decir que bueno, que el país estaba mejorando pero que mirara para otro lado. Por supuesto nuestro soldado español se puso hecho una furia y le dijo al cubano que le tradujera al otro de su parte que no podía ser que él estuviera vestido de puta madre y comiendo a qué quieres boca y el niño ese de esa forma. El cubano dudó, pero al final lo tradujo (qué mando tiene el hombre) y el jefe se puso colorao y dijo que tomaría medidas (no me extraña con la fama que debe tener Don Alejandro de denunciador de injusticias) Y además que como el dice, desde que le dieron cargo oficial, ya no es visitante, sino uno más del engranaje y puede criticar. Y como no teme a la muerte…

PS: Gracias a Don Alejandro porque esta breve condensación de su biografía le haya resultado divertida, y por haberse tomado el tono un poco chungón de la misma con tanta elegancia. No me cabe duda de que aunque no tengo previsto apuntarme a la revolución Juche en un futuro cercano, es un caballero de los pies a la cabeza, y con un sentido del humor que (francamente) no esperaba.

Ya más en serio, y dado que Alejandro ha despertado mi interés por Corea, en breve haré una reseña más seria, dentro de mis posibilidades, de “The Korean War: a History” del historiador Bruce Cummings, obra objetiva y nada maniquea que, gracias a su análisis de tan terrible conflicto y de sus no menos terribles secuelas, nos ayuda a comprender los rasgos particulares del sistema Norcoreano más allá de los topicazos sobre Orwell y las historias de vampiros comunistas. Aviso: salen muchos crímenes de guerra bien documentados, y no todos de los Juches precisamente.

, ,

Una Respuesta a Reseña de “Alma roja, sangre azul” de Alejandro Cao de Benós

  1. Gustavo 11 septiembre, 2016 en 7:00 pm #

    Me he reído mucho, muy bien escrito.

Deja un comentario