Reseña de “En Defensa del Uno por Ciento” de Gregory Mankiw

Siendo consciente de la polvareda académica (y hasta extra-académica) que es lo notable, de la obra de Thomas Piketty, que aún partiendo de presupuestos y metodología, digamos, “mainstream”, analiza la desigualdad que produce el capitalismo y sus efectos un tanto deletéreos, creo que no está de más, hacer una breve reseña del paper de Gregory Mankiw (cuyo célebre Manual de Introducción a la Economía hemos sufrido algunos con mucho gusto) que se titula, con dos cojones, “En Defensa del Uno por Ciento”. Ojalá todos los catedráticos fueran ya tan sinceros desde el principio, eso que nos ahorraríamos. Y es que alguien que titula un trabajo suyo de esa manera tan impopular como provocativa, tiene que estar muy seguro de la fuerza de sus argumentos. Así que voy a resumirlos, porque se lo juro o prometo, como diría el gallego, no difieren mucho de lo que viene a continuación, no me invento nada.

El ilustre catedrático empieza haciéndonos imaginar una sociedad donde reina una igualdad perfecta, donde por un casual la oferta y la demanda de los distintos tipos de trabajo se halla en equilibrio y donde ganan lo mismo las empleadas de hogar que los picapleitos de peces gordos de moral relajada y narcotraficantes.

Así que nadie se preocupa por la desigualdad y por la redistribución todo el mundo gana el producto marginal de su trabajo (que en cristiano viene a ser lo que aporta) y los bienes públicos que provee el gobierno se pagan con un impuesto a tanto alzado, y sin tener que recurrir a expedientes tan farragosos como el Impuesto sobre la Renta.

Pero de repente sale un emprendedor con una idea. Todo Dios quiere comprar el producto de su idea. Pagan la pasta por ella y se supone que todo el mundo sale ganando porque en todo acuerdo voluntario por definición salen ganando las dos partes (ya, ya sabemos, si una parte no engaña a la otra, si la otra desconoce de la existencia de alternativas mejores, o si tiene trabajo y dinero para entrar en ese acuerdo voluntario, de la posición social de ambas partes….) pero no dejes que esos detalles de nada te estropeen un buen eslogan económico.

Así que el emprendedor se va a hacer mucho más rico y de paso enriquecerá a la sociedad.

Se fastidió por tanto nuestra economía igualitaria. ¿Qué alternativa política se nos presenta? Si el emprendedor ha mejorado su posición y la de todo el mundo sin empeorar la de nadie, lo dejamos todo como esta o hay que subirle los impuestos para lograr volver a la igualdad?

Dice el que esa hipótesis refleja más o menos (eso del stylized fact) lo que ha acontecido en USA. Desde los 70 han subido las rentas medias pero no ha crecido igual en todos los sectores. El famoso 1% ha crecido mucho más. Son gente que (como según él) ha contribuido mucho, ha ganado también mucho.

Él mismo reconoce que los datos indican que el top 1% en el 73 ganaba el 7,7 % y en el 2010 el 17,4%. Y aún es más espectacular lo del 0.01 porciento. Los pavos que tienen ingresos anuales superiores a 6 millones de dólares. Estos subieron del 0,5% al 3.3%. Así que como los números son los que son están que trinan los perroflautas del 15-M, mejor dicho de Occupy Wall Street, que viene a ser lo mismo pero en yanqui protestando.

Al menos el hombre, con una modestia que no suele ser común entre buena parte de su gremio, nos cuenta (y lo veremos confirmado cuando luego hable de Rawls) que para hablar de desigualdad y políticas que se enfrenten o no con esta no sólo hay que saber de economía sino de filosofía y teoría política. Él se declara aficionado en esas materias. Pero aún así continúa con su análisis.

Lo primero que hay que ver es si la desigualdad es ineficiente.

Dice que a uno le puede gustar la desigualdad más o menos, que es un tema normativo, usease de valores, de lo que le parezca bien a cada cual. Al fin y al cabo siempre se puede decir, bueno, sí, la sociedad es extremadamente desigual, ¿y qué? ¿pasa algo? Fenomenal.

La cuestión es que hay que analizar, por tanto, no es si la desigualdad está bien o mal (eso ya dependerá de cada uno) si no si es ineficaz. Si es ineficaz es más difícil que alguien pueda pensar que esté bien.

Y para eso emplea el famoso criterio de Pareto: si mejora alguien sin empeorar la posición de nadie, ¿Quién se puede quejar de eso? Y que el sepa no hay ninguna propuesta creíble de política económica que proponga que estén todos mejor, incluidos los del top (algo que para él tiene la máxima importante, claro)

Pero es más común decir que la desigualdad reduce la tarta, si los tops ganan 1 dólar más se supone que reduce la renta de las clases medias y de los pobres.

Si los tops ganan más, dicen los perroflautas y algunos economistas que van más por libre, porque se benefician de sus conchabeos con el gobierno, regulaciones favorables, restricciones comerciales, etc, pues tenemos no solo desigualdad sino ineficacia, porque lo que ganan de más no es porque se lo hayan currado o aporten algo o hayan tenido realmente una idea nueva. . Ahí estarían de acuerdo todos.

Nuestro catedrático hace referencia al libro “El Precio de la Desigualdad” de Stigliz decía en el libro de 2012 que es por esos conchabeos por lo que en general ganan más. El dice que su evidencia es anecdótica y sistemática, que esos apaños también los había en los 70.

Dice que le convencen más Goldin y Katz que dicen que como se inventa mucho cada vez hay más demanda de trabajo cualificado, por lo que eso hace que los muy listos que saben manejar y construir los nuevos cachivaches ganen más (hay relativamente poca oferta para satisfacer la demanda de trabajo cualificado).

Alomojó otras veces la oferta de trabajo cualificado es más grande y como en los 50 o 60 las diferencias pueden declinar, pero cuando la oferta de trabajo cualificado no va pareja con los adelantos, pos habrá más desigualdad. O sea que no es cuestión ni de manejos políticos ni de desigualdad de oportunidades, es cuestión de oferta y demanda.

Y además que como ahora ha cambiado la tecnología, como decían McAfee y el otro, con el tema digital y tal, los superlistos han podido hacer valer su “listeza” en el mercado global y ganar lo que antes no hubieran podido.

Una pregunta que nos hacemos aquí, ¿la proporción de la población capaz de hacer un trabajo cualificado es constante, por aquello de la capacidad intelectual o a lo mejor (dando por buena esa literatura a efectos dialécticos) las diferencias de clase y por lo tanto de acceso a esa formación cualificada tienen algo que ver? Lo dejaremos ahí.

Luego dice que incluso si suponemos que el tema político es la causa de la desigualdad, entonces de nada sirve subir los impuestos: si una empresa saca más por el proteccionismo, la ineficiencia seguirá ahí aunque redistribuyas. Sin duda alguna, aquí no le falta razón al profesor.

Y luego en cuanto a lo de los bancos es cierto que aquí hay algunos que ganan demasiado, pero es que son los que asignan el riesgo y el capital (las máquinas y la peña que las hace funcionar para hacer algo, etc ) y dan dinero. Así que es normal que siendo algo tan crucial vaya gente superlista ahí y sean recompensados. Que sí, que pué que a veces un trader responde a una noticia y toma una decisión un poco antes que su competidor y puede que su recompensa exceda el valor social de lo que produce (mola como se da cuenta de que negar eso en absoluto reduciría toda su tesis al absurdo más absurdo). Por otro lado, es algo discutible. ¿Una persona que se dedica a la investigación científica de alto nivel es menos inteligente que un trader? ¿Es menos trascendente para la economía alguien que educa a las generaciones futuras que van a educar a la sociedad? ¿Tiene menos responsabilidad y presión un trader que un minero, que asume muchos riesgos? ¿Qué un médico? No me parece que esté tan claro los argumentos de “responsabilidad” y “importancia para la economía” justifiquen las diferencias de ingresos. Me parece que el profesor simplemente asume, que tienen más responsabilidad y su función es más crucial “porque el lo vale” o “porque ellos lo valen”, como diría la hermosa sureña de los anuncios.

Dice que es muy difícil tener un marco regulador que nos diga qué cantidad de actividad financiera y usurera tenemos que tener, pero dice que es cuestión de eficacia. Que en una economía hay que asignar bien el talento, que no es cuestión de que el Jobs se pire de Silicon Valley pa hacerse trader sino que sea rico de forma productiva.

Luego los enemigos de la desigualdad te sacan el tema de la igualdad de oportunidades. La mayoría de los economistas están de acuerdo que sin igualdad de oportunidades habrá ineficiencia. Si por tu situación no puedes hacer ciertas cosas, puede que no contribuyas al máximo de tu potencial. Si no invertimos en educación pues tenemos un capital humano peor de lo que podía haber sido: no solo hay desigualdad sino también ineficacia.

Pero ¿cómo medimos cuanta igualdad de oportunidades hay? Stigliz dice que si esto fuera el american drim lles gui can, pues las posibilidades de acabar en el 10% de los que tienen padres pobres sería igual que las de los que nacen de padres ricos y listos, uséase, que no habría una clara correlación de las ganancias de los hijos con las de los padres. Los que nacen de pobres tienen las mismas posibilidades de ser ricos que los que nacen de ricos. Como se va a los datos y va ser (clarísimamente y es significativo que Mankiw no disputa esto) que existe en general una clara correlación, pues concluye que va a ser que no hay igualdad de oportunidades.

Pero dice nuestro economista que bueno, no está tan clara la conclusión, porque que de padres ricos salgan hijos en general ricos también no es sólo por la pasta. Los hijos heredan los genes de los padres, o sea que por mucha desigualdad que haya como de padres listos suelen salir hijos listos y de padres tontos (y pobres) suelen salir hijos tontos (y consecuentemente pobres) y así se ve en los estudios sobre el cociente intelectual pues ya se ve que no es solo por eso por lo que hay desigualdad. Vale que el CI sea solo una dimensión del talento, pero dice que es “fácil creer” (lol) que otras cosas como el autocontrol, la concentración y las capacidades de relacionarse también se hereden en buena parte (no me lo invento, lo dice).

Como se da cuenta de que se está pasando y dice que no es cuestión de que vivamos en un determinismo genético total, pero que no es cuestión de atribuir todo a la desigualdad de partida económica.

Dice que hay estudios de genoeconomía que dicen que “los resultados económicos y las preferencias parecen tan hereditarias como las enfermedades y los rasgos de carácter”.

Y luego dice que otros estudios dicen que aunque los estudios económicos se centran en los niveles de educación y renta de que se parten, están entre los resultados menos afectados por la familia en la que naces.

Uséase, y en plata, que si eres rico y adoptas a un niño coreano de clase baja y que por lo general será más tonto, seguirá siendo más tonto, mientras que si es listo da igual que esté en la clase baja. Habrá excepciones pero así es.

Así que no podemos, en conclusión achacar que lo de la clase parece que se hereda a que hay desigualdad de oportunidades, de los listos salen listos y de los tontos tontos, así a grandes rasgos y con excepciones y tal. Y que luego hay factores ambientales que no tienen que ver con la familia y que influyen mucho (el 56%). Conclusión, como la desigualdad de oportunidades por la familia en la que naces sólo influye en un 11% en los resultados, pues tampoco hay que perder la cabeza con eso.

Luego también se da cuenta de que se ha pasado y dice que sí, que es verdad que la pobreza trae cosas malas y muy desagradables, y que es posible que niños nacidos en la pobreza no reciban inversión suficiente. Pero que para gente de clase media la situación en lo que a oportunidades respecta no difiere mucho de los superricos. Aquí diría uno, aunque fuera así, que dudamos que lo sea, ¿y qué? No por ello la tan mentada movilidad social en promedio sigue siendo difícil para la clase baja.

Y nos cuenta: si no mirémosle a él que nació en una familia de clase media y sus padres no fueron a la universidad y ha acabado siendo un superlisto que da clases en Jarvar y escribe papers como éste, explicándonos por qué está bien que seamos más pobres que él, ciencia económica mediante. Y que sus nenes están creciendo con padres más educaos y con más pasta y no cree que tuvieran más oportunidades que él (todo esto lo dice después de dar caña a Stiglitz porque su evidencia era “anecdótica”, ante lo cual sólo podemos sonreír). El torrente de datos de Stiglitz (y de otros) es “anecdótico” sin embargo que él haya podido ascender en la escala social no es hacer de la anécdota categoría. No sabemos si reír o llorar, francamente.

Así que de todo lo dicho concluye que la desigualdad y la subida exagerada de los ingresos de los “supermákinas” no puede decirse que se deben (sobre todo, concede) a la ineficacia y a la desigualdad de oportunidades. Si vamos a intentar resolver el tema de la desigualdad, es porque la igualdad se considera un problema en sí misma.

Luego se sigue explicando y la cosa es todavía mejor, pero resumiendo y pa ir fijando los conceptos en el idioma hoygan, que a veces es más expresivo que el lenguaje académico:

-NO HES KE LOS RIKOS LO SEAN POR FABORES HI REDES KLIENTELARES PORKE HESO SIEMPRE LO A AVIDO, HES PORKE EMOS ADELANTAO MUCHO HI NO AI SUFIZIENTES LISTOS PA TANTOS HADELANTOS, HI HADEMOAS SI SON RIKOS HES PORKE CONTRIVULLEN MUCHO.

-TAMPOKO HES KUESTION DE POKA HIGUALDAD DE HOPORTUNIDADES PORKE DE PADRES LISTOS SALEN IJOS LISTOS HI HADEMAS AI OTRAS KOSAS KE NO TIENEN KE BER KON LO RIKO KE SEA TU PADRE, HI SOVRE TODO SI HEL PUDO YEGAR PUES TODO HEL MUNDO PUEDE AZERLO, MIRENME A MI, TOY EN JARVAR.

Después pasa a hablar de Arthur Okun, que dice que hay una cierta compensación entre los objetivos de igualdad (menos diferencia de rentas) y eficacia (conseguir el máximo número de fines con unos recursos dados). O sea que a veces si eres más eficaz es al precio de ser menos igualitario y si eres más igualitario tienes que pagar un coste en eficacia.

Aquí se dan por sentadas las relaciones de producción actuales y el sistema de mercado, por lo tanto cuando se habla de “conseguir una mayor igualdad” lo que se entiende es que esta se consigue mediante la fiscalidad y las transferencias, no mediante el cambio del sistema socioeconómico y las relaciones de producción existentes que, al menos para un marxista, son las que generan la desigualdad.

Lo que pasa es que cuando haces esas transferencias el bolso está agujereado y algo se pierde en el proceso, pero si la igualdad nos importa eso no debe detenernos. Pero como también nos importa la eficiencia la igualdad perfecta no es posible.

Para ver eso los economistas se montan un esquema que adelantó Mirrless. Los individuos tienen utilidad consumiendo c y desutilidad haciendo un trabajo L. Solo que unos son mas productivos (W) que otros. Por lo que si no hay redistribución, cada individuo consume WL, o sea en función de la productividad, si eres más productivo consumes más y tienes más utilidad, y menos utilidad marginal (uséase adicional de cada cosa más que consumes, te vas saturando)

Entonces el gobierno quiere maximizar la utilidad total, o a veces una función de bienestar total que no dependa no linealmente de la utilidad individual de cada uno. Así que traslada recursos de gente con mucha productividad y menos utilidad marginal (en cristiano, peña a la que ya le sobra tó y tener más no va a hacer una gran diferencia en su bienestar) a gente más inútil pero con más utilidad marginal (para ellos unas pelas más si pueden hacer una diferencia tremenda en cuanto a utilidad)

(Todo esto los que han estudiado economía del bienestar lo saben, pero bueno, pal que no lo sepa es interesante ver las coordenadas en las que se mueven).

Sin embargo hacer esto no es fácil, porque el gobierno se supone que no puede evaluar bien la productividad, solo ve la renta. Y si redistribuye mucho la renta, pues los listos y currantes dirán que para qué me voy a esforzar. Así que hay que buscar soluciones “second-best” uséase no óptimas del todo en cuanto a reducir la desigualdad.

O sea que redistribuimos pero sin pasarnos, y sigue habiendo desigualdad (como pasa ahora).

Si pensamos desde este punto de vista, dice el autor (que insisto que asume en mi humilde opinión las relaciones de producción actuales y el sistema económico como inmutable y que la reducción de la desigualdad sólo puede lograrse mediante la redistribución que trae la política fiscal) entonces está claro que lo importante es calibrar hasta que punto de vista el esfuerzo es incentivado por una mayor compensación pecuniaria.

Si la oferta de productividad es inelástica (uséase que la peña no dejara de ser más o menos productiva por la mayor o menor compensación económica) pues te daría lo mismo, podrían cobrar todos igual. Si hay poca elasticidad (o sea que cambia la productividad para peor, pero poco) entonces podemos acercarnos más a la igualdad. Pero sí el trabajo responde mucho a la compensación, entonces no es que se pierda algo, sino mucho, y habría menos que repartir.

Así que lo que debaten estos economistas es hasta que punto la redistribución perjudica la eficiencia, en resumen, que hay que afinar mucho.

El problema es que este marco de pensamiento según el autor tiene problemas, porque estamos asumiendo que toda la gente tiene los mismos gustos y sólo difiere en lo productivos que son. Está bien para la teoría. Pero a veces la gente tiene rentas diferentes no sólo por la productividad, sino porque tiene diferentes preferencias en cuanto a tiempo libre, tipo de trabajo que le gusta hacer, etc.

Por ejemplo, si puedes ganar un pastón pero estás trabajando en un bufete 15 horas al día y sometido a un estrés constante, no te compensa, así que prefieres un trabajo más calmado pero menos consumo. Así que la cosa no es automática. Si esto es así no está nada claro que haya que redistribuir.

Un economista puede ganar una pasta trabajando para una multinacional, pero prefiere ser profesor porque le mola más pensar por si mismo (y no quiere decir que sea más o menos productivo). Los que prefieren trabajar para la última es porque sí que miden su mayor utilidad en términos de renta.

Y otro problema es que los impuestos a bienes y servicios perjudican según el autor y la mayoría de los economistas ortodoxos al comprador y al vendedor, y aquí cuando pones impuestos a un individuo solo el vendedor está peor. Se asume que la demanda de trabajo es totalmente elástica (cuando no tiene porqué por lo que se ha dicho.)

Y aquí ya critica el marco filosófico utilitarista implícito en el asunto. Mill era utilitarista, y los utilitaristas parece que quieren extender cómo tomamos las decisiones cada uno a nivel de la sociedad. Pero esto tiene problemas.

Uno de ellos es que si podemos inferir una función de utilidad del individuo cuando escoge una cosa u otra con el dinero que tenga y los precios (lo de la preferencia revelada), no podemos medir la utilidad y no podemos comparar utilidad entre las personas. Alomojó se inventa un lector de mentes y podemos en el futuro, pero de momento no sabemos si el mercedes que se compra Pepito comporta más utilidad que utilidad el 600 que se compra Juanito.

Y además (esto va pa los nacionatas) siempre se restringe el análisis para las naciones, y ¿por qué? Por esta regla de tres, ¿por qué no ponemos impuestos a las naciones más ricas para mejorar la igualdad y tal?

Y luego dice que si todo esto es como hemos dicho, entonces cada cosa que observemos que tenga relación con la productividad deberíamos aplicarla para determinar el nivel de impuestos, y no sólo la renta. Podemos poner un impuesto sobre la altura, porque hay una correlación entre altura y salarios, o la raza, el género, etc, porque hay correlaciones. Evidentemente nadie lo va a proponer en serio, pero si tomamos el marco utilitarista para una cosa no vamos a descartarlo para lo que no nos gusta, y si el utilitarismo conduce a políticas que no le molan a la gente a lo mejor no es un marco conceptual adecuado para las políticas públicas.

En fin.

Y además, al pensar si el modelo utilitarista es moral, pensemos en el mejor resultado para un planificador utilitarista. Si pudiéramos observar la productividad, no habría problemas de incentivos, porque podríamos poner impuestos basados en esta y la política igualaría la utilidad adicional del consumo entre individuos. Si la función de utilidad se supone que se puede descomponer en consumo y ocio, eso significa que todo el mundo consumiría lo mismo. Pero si hay gente que es más productiva que otros, la gente productiva tiene que trabajar más. Por lo tanto, en el ideal utilitarista, la gente más productiva trabajaría más y consumiría lo mismo. Eso parece que intuitivamente nos parece mal a la mayoría, el mérito tiene que ser recompensado.

Así que en su opinión tenemos que abandonar el modelo utilitarista en temas de redistribución, porque hay problemas conceptuales.

A renglón seguido como dice que “la izquierda” (se refiere a los keynesianos y liberales de EEUU claro) se ha puesto muy pesada con lo del 1%, y que aunque no comparte sus políticas hay que ver sus argumentos para ver en qué principios filosóficos se basan y en que datos empíricos.

Dice que es difícil cuadrar la “retórica” de la izquierda en el marco conceptual del economista (ya saben, una cosa es la ciencia y otra hablar por hablar) pero que de todos modos se podría presentar así:

“Los ricos ganan más porque contribuyen más que otros a la sociedad. No obstante como la utilidad adicional baja, no sacan mucho valor de los últimos dólares que consumen (un Ferrari más tampoco te deja mucho más satisfecho cuando tienes 10) así que hay que quitarles el dinero para dárselo a los menos productivos. Aunque esto hará que los más productivos trabajen menos, por reducir el pastel, tenemos que jorobarnos porque así estarán un poco mejor los menos productivos”.

Pero claro como ponerlo así no les gustaría mucho a los perroflautas del Occupy, vamos a ver como lo presenta la izquierda.

Lo primero es que el sistema tributario es regresivo. Ya lo dijo Buffet que decía que su secretaria pagaba más impuestos de su renta que él. Dice que Buffet no tiene en cuenta que si sólo paga un 17,7% es porque paga sociedades y lo similar que haya en USA. O sea que aparte del impuesto sobre sus ganancias ya hay un impuesto sobre el capital.

Dice que los datos dicen que el quintil más pobre paga el 1%, el medio el 11% y el más alto el 23.2 % y sólo los superricos pagan el 28,9%. Así que los impuestos sí son progresivos. Por supuesto esto es un strawman del catedrático porque nadie serio niega que los impuestos en USA no sean progresivos (otra cosa es el nivel de progresividad de los mismos)

Luego dice, lol, que sí, que “algunos” contribuyentes “intentan agresivamente minimizar sus impuestos” y puede haber casos donde gente con muchas rentas pague poco, pero que son excepciones. Está claro que quien hizo la ley no hizo la trampa, por lo menos en USA y en casi todos los países modernos y avanzados.

Luego dice la “izquierda” (como la entiende Mankiw) que las rentas de los ricos no reflejan realmente sus contribuciones a la sociedad. Dice que en un mercado estándar competitivo de trabajo, las ganancias son la productividad marginal de la persona (lo que aporta). Pero bueno que eso es el modelo, y si reciben pasta de conexiones políticas o rescates como algunos ejecutivos de Wall Street, la cosa cambia.

La cuestión es hasta que punto los superricos lo son por lo que contribuyen y no por lo que explotan a los que contribuyen o por tener amiguetes en el poder. El dice que la evidencia es que “la mayoría” se lo han ganado.

Los ejecutivos de nivel les pagan muy bien, y han subido mucho en términos relativos. Algunos dicen que es porque las juntas de accionistas no hacen nada, y les pagan a los ejecutivos más de lo que valen.

Por ejemplo en los fondos de capital de inversión no hay el mismo problema y sin embargo también les pagan tela. De hecho parece que los directivos de las sociedades anónimas cobran menos. O sea que les pagan porque son unos máquinas (vuelvo a repetir, eso es muy discutible, como si no hubiera máquinas en otras profesiones igual o más trascendentes para la economía que no reciben ni de lejos esa compensación, y es fácil dar la vuelta al argumento de la “mayor responsabilidad”)

Luego dice que la izquierda, y pone como ejemplo a Obama, dice que si eres rico no es sólo por mérito tuyo, sino por muchas infraestructuras y servicios estatales, educación, orden público, etc, por lo tanto si te beneficiaste de ellas para forrarte debes contribuir en consecuencia.

Así que dice que hay que valorar hasta que punto se beneficia uno de la infraestructura gubernamental. Dice que sin duda el valor medio es muy alto, porque si esto fuera un sindiós anárquico tanto los ricos como los pobres estarían peor. Pero que como otros insumos en la producción, la infraestructura debe valorarse en el margen. Y si los ricos ya pagan un 33% de sus ingresos juntando todo, ¿por qué deberían contribuir más?

Y además, cada vez más parte de lo que se gasta el gobierno es en transferencias a peña determinada, no en proveer bienes y servicios. Cada vez más le quitan a pepito para dáselo a Juanito.

Así que concluye que si el sistema fiscal fuera regresivo (nadie con cabeza niega que es en general progresivo, pero hay que darle al espantapájaros, lo que se discute es el “margen” y el fraude fiscal) si las rentas del top 1% fueran mucho mayores que lo que aportan, o si los ricos disfrutaran bienes y servicios mucho mayores que lo que pagan en impuestos entonces habría que subir los impuestos. Pero la realidad es que los ricos se lo merecen casi todo y reciben menos del Estado que lo que aportan. De nuevo es una afirmación “porque yo lo valgo”. En primer lugar los ricos son ricos no sólo “por lo que aportan” sino por el valor añadido que aportan los trabajadores que contratan, que no son ONG´s y es pagan menos que su valor añadido en promedio, no hace falta ser marxista para saberlo. Así que lo siento, pero en todo caso y para un marxista esos impuestos no son más que devolver parte de la plusvalía.

Y ahora nos cuenta lo del velo de la ignorancia de Rawls. Supongo que todos conocen el argumento. Básicamente, es un thought experiment para realizar un test moral de alguna cuestión social, política o económica. Ésta se considera desde una posición “externa” a la sociedad, y cada individuo debe juzgar su posición sobre la misma cubierto sobre un “velo de la ignorancia” que le impide saber qué cualidades personales, recursos o posiciones ocupará en la sociedad una vez el arreglo que ha determinado como moral esté en práctica. Así, si por ejemplo juzgamos la conveniencia o no de que las mujeres puedan ejercer el derecho a voto, si a uno le parece genial, debe aceptar que no sabe qué posición ocupará en la sociedad, puesto que tiene colocado ese “velo de la ignorancia”. Pudiera ser que una vez se instituya esa limitación a los derechos de las mujeres, se levantara el velo y él (ella) descubriera que es una mujer. Pues él pone un ejemplo para ver por qué no le cuadra.

Dice que en esa posición original de ignorancia, puede pasar esto. La mayoría de la gente conserva sus dos riñones. Pero alguno pierde uno y baja la calidad de vida. En ese pacto originario con el velo de la ignorancia de si cada uno va a ser más o menos listo, va a tener más o menos suerte, etc, podría interesar que se pactara que si tengo mala suerte me tuvieran que donar un riñón. Y oye, yo me arriesgo a tener que donar un riñón si puedo estar seguro de que si el que tengo la mala suerte de perder un riñón soy yo, me lo donen. Como esto no mola, porque todo el mundo tiene derecho a conservar sus órganos si quiere conservarlos, ¿por qué por la misma regla de tres tienen que redistribuir nada de lo que gano? Dicho de otra forma: si quieres que un pavo superrico que tiene cuatro yates en Malta, un chalet en Miami y los ahorros en las Islas Caimán contribuya con algo de dinero para que le operen de la cadera a tu abuela pensionista… Por la misma regla de tres, deberías donar tu riñón. Jaque mate, comunakas.

El argumento se comenta sólo. ¿O sea que un “bien no reproducible” como un riñón es equiparable a la desigualdad de ingresos de partida, por ejemplo? Uno duda en este punto si el profesor está de cachondeo.

Una alternativa a esta vision de “seguro social” es la del “just desserts” uséase, “postres justos”.

La gente tiene que recibir según lo que aporta. Si hubiera un equilibrio competitivo donde todo el mundo ganara el valor del producto marginal, no hay porqué redistribuir nada (esto como sabe todo el mundo incluidos los economistas no es posible)

Pero como la economía se niega a ajustarse al modelo, se ponen impuestos y subsidios para el tema de las externalidades.

Todos lo saben, pero pal’ que no lo sepa. Una externalidad, asi simplificado, es algo que haces para beneficiarte tú en el mercado pero que joroba a terceros (por ejemplo la contaminación) o que haces para beneficiarte tú y se aprovecha otro (por ejemplo la investigación) así que en el primer caso tienes que poner impuestos y en el otro subsidiar para que puedas seguir investigando. Alguna transferencia a los paupérrimos tampoco viene mal porque luchar contra la pobreza es un bien público. Menos mal porque mientras lo leía me preguntaba, ¿si alguien se queda sin trabajo debido a una depresión, cobra cero porque es “poco productivo” o porque no tiene trabajo, y en ese caso si recibe cero hasta que encuentre trabajo, ¿es justo? Y sin embargo según su argumento de los desincentivos, los que sí tienen trabajo podrían decir que para que voy a trabajar si me quitan para pagarle a otro que no está produciendo nada. A lo mejor si cobraran cero espabilarían.

Pero se conoce que esto es muy cruel y como tampoco es del todo lo que pasa no lo desarrolla. Además la gente se cabrea, y eso es malo para la productividad general, queman cosas y eso (a menos que seas un nazi ucraniano, entonces quema tranquilo hijo, que serás un tío molón y La Razón te dedicará la portada).

Y luego dice que desde esta perspectiva quitarle a alguien más del 75% del fruto de su trabajo (y del fruto del trabajo de los que emplea, que son los que producen la parte del león, pero eso claro está que no lo dice) es injusto aunque lo sancione la mayoría de la población. Y como ha quedado claro a lo largo de todo el paper, ha demostrado que esto es así mediante la CIENCIA económica. Qué sabes tú sobre ella. Nada, capullo. Él está en Jarvar escribiendo su paper, y tú en un país que él se imaginará repleto de sombreros mexicanos, con una tasa de paro del 25%, probablemente debido a tu herencia genética.

La cuestión es si debes quitarle a alguien porque se aprovecha de las externalidades, y de transferencias a los pobres algo pero lo justo para que la gente no se cabree. Dice que sus conclusiones son tentativas, pero que esto es un conflicto normativo (usea, de valores) que no hay econometría que lo resuelva, así que le ha quedado el artículo filosófico.

Y con esto me despido, esperando que Rawls no comparta la omnisciencia divina y lea el paper de Mankiw.

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3 Respuestas a Reseña de “En Defensa del Uno por Ciento” de Gregory Mankiw

  1. burócrata 18 junio, 2015 en 1:05 am #

    Lol! Extraordinario,sin duda! El caso es que me he topado con tu articulo como por accidente, y me he reído bastante,desde luego…. Sobre todo porque voy sabiendo cada vez más de marxismo,y cada vez me convence más, aunque a los ultra liberales del “cada palo aguanta su vela pero la poli pública que me proteja” ya los detestaba…. En fin, que me parece muy bien el artículo, aunque no sea un paper de jarvar

  2. JULIA 8 agosto, 2017 en 2:54 am #

    Hola, alguien tiene el ensayo en español? gracias

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  1. El sentido de Estado de Emilio Botín | Rotekeil - 10 septiembre, 2014

    […] pues ya saben, que si empezó de la nada (que su padre fuera banquero no tiene nada que ver, ya saben lo que decía Mankiw, la inteligencia se hereda), que si era un hombre solvente y eficaz, que era muy buena persona, que […]

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