Desigualdad y poder sindical: Frank Sobotka contra Ronald Reagan (I de II)

Una de mis escenas favoritas de The Wire pertenece a la segunda temporada de la serie. Para quien no la haya visto, y sin desvelar detalles de la trama, en cada una de las temporadas, la serie va incorporando nuevos escenarios de la ciudad de Baltimore, con sus correspondientes personajes y problemáticas. En la segunda, el foco recae sobre el puerto comercial, los estibadores y su sindicato. Baltimore experimentó un proceso de desindustrialización que fue progresivamente desmantelando su industria automovilística, del metal y de astilleros.

Durante toda la temporada se pueden observar las consecuencias de este proceso en la vida de los estibadores, con la falta de trabajo y oportunidades que padecen, especialmente los más jóvenes. Su sindicato se muestra como una especie de antiguo coloso que con sus últimas fuerzas intenta salvar los puestos de trabajo de una industria abandonada por las autoridades. Y así, en cierto episodio, cuando Frank Sobotka, el secretario y tesorero del sindicato de los estibadores (la Hermandad Internacional de Estibadores), tiene un enfrentamiento con agentes de la policía de Baltimore y piensa que están amenazándole a él y a otros trabajadores del puerto, explota y dice:

“Hemos sobrevivido a Bobby Kennedy, Tramposo Dick Nixon, Ronnie `el antisindicatos´ Reagan y media docena de otros hijos de puta”.

Me acordé de esta cita hace poco al leer un artículo de David Jacobs y Lindsey Myers publicado en número de julio de la American Sociological Review bajo el título “Poder sindical, neoliberalismo y desigualdad: análisis políticos contingentes de las diferencias en ingresos en los Estados Unidos desde 1950” (Jacobs & Myers, 2014). Jacobs es un sociólogo que se ha centrado en, entre otros temas, el análisis de la interacción entre relaciones laborales y políticas (de Myers no había leído nada que recuerde).

El artículo parte de la base de que los análisis comparativos de la desigualdad de ingresos tienen un defecto importante: los EEUU son un caso aparte en cuanto a desigualdad, puesto que ésta lleva aumentando de forma sustancial desde 1968, a mucho mayor ritmo que en el resto de democracias occidentales. Así, Jacobs y Myers intentan centrarse en un factor que consideran que muchas veces se ha ignorado en cuanto al análisis de las tendencias de desigualdad de ingresos: el rol que las actuaciones políticas de las sucesivas administraciones neoliberales han jugado a la hora de limitar el poder sindical [union strength], tanto a nivel nacional como dentro de las empresas.

Jacobs y Myer exponen los antecedentes de forma sucinta: los presidentes republicanos de posguerra habrían sido relativamente moderados y aceptado la mayoría de las condiciones laborales y de bienestar del New Deal. Hasta Ronald Reagan. Reagan habría entrado en la Casa Blanca en 1981 para, entre otras cosas, oponerse frontalmente a los sindicatos, y en concreto a la negociación colectiva y los intentos políticos de proteger a los más desfavorecidos de los efectos destructivos de las fluctuaciones del mercado laboral. Antes de la presidencia de Reagan, los sindicatos habían sido actores importantes a la hora de presionar en pro de políticas de redistribución de la riqueza, incrementos en el salario mínimo federal, apoyo al Medicaid (un programa de cobertura sanitaria para familias sin recursos) y oposición a los recortes en cupones de beneficiencia (lo que llaman food stamps). Una vez Reagan ocupó el cargo, esta función de contención o como mínimo moderación del incremento de la desigualdad que ejercerían los sindicatos, fue erosionándose lentamente, gracias a las políticas antisindicales. Reagan contó además con un momento simbólico para definir su línea contra los sindicatos: en agosto de 1981 los controladores aéreos estadounidenses del sindicato PATCO (Professional Air Traffic Controllers Organization) fueron a la huelga desafiando una ley federal que se lo prohibía a funcionarios del gobierno federal, en búsqueda de mejores condiciones de trabajo y una reducción de la jornada laboral. Reagan se enfrentó a PATCO y salió finalmente victorioso derrotándola, con el expresidente de la Reserva Federal Alan Greenspan elogiándole años después, en 2003, con estas palabras:

“[…] sus actos le dieron peso al derecho legal de los empresarios privados para contratar y despedir trabajadores bajo su propia discreción, derecho que con anterioridad no podían ejercer completamente.”

Usando un análisis de regresión con series temporales, los autores se plantean dos hipótesis a comprobar. Primero, que el poder sindical en la era pre-Reagan servía como contrapeso al crecimiento de la desigualdad (a mayor poder sindical, menor crecimiento de la desigualdad). Segundo, que la interacción estadística entre presencia de presidentes republicanos (incluyéndolos a todos, Reagan, Bush padre e hijo) y giro neoliberal post-1980 estaría asociado con un incremento de la desigualdad de ingresos.

Un detalle importante a tener en cuenta es que los autores controlan (es decir, tienen en cuenta e incluyen en el modelo) también la presidencia de Bill Clinton, para el que no escatiman críticas. Para ellos, Clinton sería un presidente demócrata abanderado de las políticas neoliberales: no en vano antes de ser elegido, fue el líder del Democratic Leadership Council, una organización controlada por los “Nuevos Demócratas”, una facción dentro del partido que se oponía frontalmente a la negociación colectiva y las políticas de izquierdas. Jacobs y Mayers controlaron también por otras 20 variables, incluyendo el porcentaje de trabajos en manufactura o trabajadores en el sector servicios, niveles de comercio internacional, disparidad de nivel de educación y varios factores demográficos más.

El resultado no deja lugar a dudas: la reducción en poder sindical atribuible a las políticas de la era Reagan contribuyó la aceleración en el crecimiento de la desigualdad posterior a 1981. Antes de la era Reagan, los sindicatos tenían ese peso que los autores hipotetizaban en contrarrestar o moderar el crecimiento de la desigualdad. Sin embargo, después de la llegada de Reagan a la Casa Blanca, esta capacidad fue disminuyendo y en consonancia, la desigualdad de ingresos se disparó, principalmente en la era Reagan y Clinton (¡!).

¿Tenía razón Frank Sobotka al decir que su sindicato había sobrevivido a Ronnie “el antisindicatos” Reagan? Quizás la afirmación era más un alegato romántico, de resistencia. En la serie, la Hermandad Internacional de Estibadores de Baltimore estaba ahí, peleando hasta el último aliento por sus afiliados y por todos los trabajadores de su sector, como lo estarán haciendo muchos otros sindicatos. Pero lo que dejan claro los datos de Jacobs y Myer es que en Estados Unidos, el poder de los sindicatos no superó la era Reagan intacto, y este hecho tuvo consecuencias nefastas en la vida cotidiana de millones de personas. Estados Unidos no sólo es hoy más desigual, sino que continúa avanzando por esa senda y sus sindicatos tienen menos fuerza para oponerse a esta tendencia.

Y aún así, hay esperanza. El tema de la desigualdad en Estados Unidos ha tenido al menos un cierto protagonismo mediático, y Obama, entre olvidarse de cerrar Guantánamo y apoyar bombardeos en Gaza, lo ha mencionado en sus discursos, diciendo que el incremento de la misma suponía una amenaza para el “Sueño americano”. Cuidado, uno no debería creer que porque Obama mencione el tema, va a hacer algo sobre el mismo. De hecho el Nobel de la Paz experto en drones asesinos ha dejado ya de comentar el problema de forma abierta y lo ha reformulado, más que como una lucha contra la desigualdad, como una cuestión de “ayudar a la clase media”, fórmula que no lleva tan implícita el mensaje de que el “Sueño americano” es en realidad una pesadilla de la que te despiertas sudando, como decía el grupo de crust inglés Amebix.

Pero el hecho de que mencionase el tema quiere decir que a pesar de la complejidad de la escena política norteamericana: la cuestión de la desigualdad no es invisible ni secundaria. Queda por ver si es posible la construcción de un movimiento sindical fuerte, quizás inspirándose en los éxitos de los profesores de secundaria en Chicago, que represente los intereses de una clase demasiado a menudo maltratada y dividida para beneficiar a unos pocos en los EEUU: los trabajadores. Un movimiento sindical que les transmita la idea de que el bipartidismo estadounidense está en manos de Wall Street y que actúa, no sólo en contra de los intereses de trabajadores de todo el mundo, sino también de los suyos propios.

Es ser optimista, pero al fin y al cabo, aún con todas las limitaciones que tuvo ¿no sorprendió a propios y extraños el éxito de convocatoria de un movimiento que utilizaba este tipo de ideas, Occupy Wall Street? Y es que cuando en Estados Unidos te ganas la vigilancia e infiltración del FBI, has entrado en un cierto hall of fame en el que se hallan el Partido Comunista, los Panteras Negras, el Socialist Worker Party o Martin Luther King Jr. Y eso no sucede todos los días.

En la próxima entrega, comentaré el por qué creo que la última reforma laboral de 2012 llevada a cabo por el Gobierno de Mariano Rajoy camina en la senda de la oposición al poder sindical que inició Ronald Reagan, y por qué Frank Sobotka se opondría a ella hombro con hombro junto todos sus compañeros estibadores.

Y por cierto, para aquellos que ya hayan visto la serie y quiera revivir la escena que mencionaba, aquí está, con un título que viene como anillo al dedo: la lenta agonía de los sindicatos.

Referencias:

Goldfarb, Z. A. (2014). With Democrats split on inequality issues, Obama shifts talk away from income gap. The Washington Post. Retrieved from http://www.washingtonpost.com/politics/with-democrats-split-on-inequality-issues-obama-shifts-talk-away-from-income-gap/2014/07/04/102f1f32-02be-11e4-b8ff-89afd3fad6bd_story.html

Jacobs, D., & Myers, L. (2014). Union Strength, Neoliberalism, and Inequality: Contingent Political Analyses of U.S. Income Differences since 1950. American Sociological Review, 79(4), 752–774. doi:10.1177/0003122414536392

Moynihan, C. (2014, May 22). Officials Cast Wide Net in Monitoring Occupy Protests. The New York Times. New York City. Retrieved from http://www.nytimes.com/2014/05/23/us/officials-cast-wide-net-in-monitoring-occupy-protests.html?_r=0

Sustar, L. (2012). What the Chicago teachers accomplished. Socialist Worker. Retrieved from http://socialistworker.org/2012/09/26/what-the-ctu-accomplished

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