Desigualdad y poder sindical: Frank Sobotka contra la reforma laboral (II de II)

 Así que alzaros, y calladme la boca,
Pondré toda mi fe en la efe de Frank Sobotka

Lágrimas de Sangre (Still ill) – Letras de letrina Vol. II

El otro día reseñaba un artículo de Jacobs y Myer en el cual evaluaban la interacción entre el poder sindical, políticas neoliberales y desigualdad en Estados Unidos. La conclusión a la que llegaban los autores era que la reducción en poder sindical atribuible a las políticas neoliberales de la era Reagan (y de presidentes posteriores) contribuyó la aceleración en el crecimiento de la desigualdad. Las políticas dirigidas a minar el poder sindical habían ido ahogando lentamente a agentes sociales que hasta entonces actuaban en el mundo de la política y el trabajo, contrarrestando o como mínimo conteniendo el crecimiento de la desigualdad. La imagen de un sindicato que luchaba hasta el último suspiro contra la marea inexorable quedaba encarnada en la figura, hasta cierto punto trágica, de Frank Sobotka, de la serie de televisión The Wire.

Hacer una traducción al contexto español del artículo de Jacobs y Myer es difícil. En primer lugar, como apuntaba en la primera parte, los autores comentan que el caso del crecimiento en desigualdad de rentas en EEUU es sui generis en las democracias occidentales, por suerte en Europa no se ha producido un proceso tan intenso (todavía). Por otra, comparar periodos históricos y cambios de paradigmas en contextos políticos, sociales, económicos y culturales que aunque relacionados, son dispares, es siempre difícil. Cuando Reagan entró en la Casa Blanca en 1981, en España hacía poco que se había inaugurado el actual periodo democrático parece menos probable identificar esa idea de “cambio de paradigma” de un cierto estado de bienestar a una dirección neoliberal en esos años, puesto que las instituciones de representatividad, tanto política como sindical estaban aún dando sus primeros pasos (un caso más análogo podría ser el de la aliada cercana y coautora de ese giro neoliberal, Margaret Thatcher).

Ahora bien, ubicándonos el presente y en la actualidad más reciente para los trabajadores creo que hay motivos de sobra para considerar que la reforma laboral de 2012 del Gobierno de Mariano Rajoy que recientemente ha recibido el visto bueno por el Tribunal Constitucional. Adoración camina por la senda de la erosión del poder sindical que Jacobs y Meyer observaban en Reagan y varios presidentes posteriores. Además de otras cuestiones de la reforma que influyen en la precarización e individidualización de las relaciones laborales, la reforma tiene efectos especialmente sangrantes en cuanto al poder de influencia sindical, mediante dos cambios de gran trascendencia en la regulación de la negociación colectiva:

La limitación de la ultra-actividad de los convenios: para que un convenio colectivo pierda su vigencia, una de las partes tiene que denunciarlo, esto es, expresarle su voluntad a la otra parte de que quiere dar por finalizado el convenio y negociar uno nuevo. Anteriormente, el convenio anterior se veía prorrogado en su contenido normativo (el que afecta a condiciones de trabajo, organización, etc.) mientras no se alcanzase un nuevo acuerdo. Tras la reforma laboral, si transcurre un año desde la denuncia sin que se llegue a un nuevo convenio colectivo, se comienza a aplicar el convenio colectivo de ámbito superior o en su defecto, la normativa de mínimos, el Estatuto de los Trabajadores.

La priorización de los convenios de empresa sobre el resto de convenios, incluidos los sectoriales: los convenios sectoriales son aquellos que afectan a trabajadores de empresas de un sector o actividad productiva determinada en una cierta área (de estatal a locales o comarcales). Por ejemplo, de la construcción, textil u hostelería. Los convenios colectivos de empresa son de aplicación únicamente a una empresa en concreto. La reforma laboral de 2012 ha hecho que los convenios de empresa tengan prioridad de aplicación sobre los sectoriales en determinadas materias muy importantes, incluyendo salario, horas extras, horarios de trabajo, conciliación de la vida familiar y más.

Es curioso, porque estas dos medidas coinciden con dos de las sugerencias que FEDEA hizo en 2011. En efecto, FEDEA, que viene a ser o bien un think tank, o un lobby semi-público del Banco de España en palabras de Andrés Boix, publicó en 2011 un documento llamado “Nueve propuestas para la reforma de la negociación colectiva en España”. O mejor dicho, la reforma laboral ha ido más allá de las propuestas de FEDEA, puesto que una de ellas sí que era limitar la ultra-actividad, pero la otra sólo pedía la concurrencia de convenios sectoriales y de empresa, con ese aire desenfadado y simpaticón que suelen tener los que hacen propuestas que de implementarse, no perjudicarán sus condiciones de trabajo.

Se argumentaba que la ultra-actividad de los convenios colectivos generaba una “inercia en las condiciones de trabajo” y reducía los incentivos a la negociación. En realidad, como apunta Carlos Alfonso Mellado, para lo que servía era para equilibrar las fuerzas en la negociación colectiva, puesto que una vez sentados en la mesa de negociaciones, los representantes de los trabajadores podían bloquear pretensiones de convenios regresivos (Mellado 2013). Es decir, si la representación empresarial intentaba imponer un convenio colectivo que suponía un retroceso respecto al anterior, los representantes de los trabajadores podían contar con que mientras no se produjese una verdadera negociación, el convenio anterior seguiría vigente. A partir de ahora, esto ya no es así, puesto que hay una cuenta atrás desde la denuncia del convenio hasta que éste no esté vigente y sea de aplicación uno de ámbito superior o el Estatuto de los Trabajadores, lo cual en general tenderá a ser perjudicial para los trabajadores. Además, no se entiende muy bien cómo “incentiva a la negociación” el que no se prorrogue el convenio, puesto que si la representación empresarial quiere que se aplique el convenio de ámbito superior (porque le resulta más conveniente), simplemente deben intentar bloquear ellos la negociación, que el tiempo corre de su parte. En resumen, lo que se ha hecho es obligar a la representación de los trabajadores a negociar en desventaja y a contrarreloj.

La priorización de los convenios de empresa respecto a los sectoriales en las materias que comentaba anteriormente supone un intento de “descentralizar” la estructura de negociación colectiva española, si hacemos caso a FEDEA. Para entendernos: una estructura de negociación colectiva está centralizada si la negociación predominante es la de ámbito sectorial estatal, la cual juega un papel rector prioritario, quedando reservada para ella la determinación de ciertas materias de las condiciones de trabajo (o de la propia negociación) que se consideran esenciales, aún cuando quepa complementar o desarrollarlas mediante convenios de ámbito inferior. Si el convenio de ámbito amplio (como decía, normalmente el sectorial estatal) no establece su exclusividad para determinar estas materias, o la negociación directamente se plantea en ámbitos inferiores a los amplios, se habla de una estructura descentralizada. Normalmente las estructuras de negociación suelen adoptar fórmulas intermedias, ni absolutamente centralizadas, ni tampoco descentralizadas.

La hipótesis que manejan algunos de los defensores de la necesidad de descentralizar la negociación colectiva en España es que el modelo actual es ineficiente porque no está en ninguno de los dos extremos y por tanto puede externalizar los costes de la negociación colectiva. Si fuese una negociación colectiva centralizada, los sindicatos mayoritarios se comportarían con una suerte de “sentido de Estado” y entre sus consideraciones a la hora de negociar, estarían todos los indicadores macroeconómicos estatales, con lo cual, habría un cierto equilibrio entre la situación económica general y lo que los sindicatos sabrían que pueden poner como demanda encima de la mesa. Si la negociación está absolutamente descentralizada, al estar el ámbito negociador centrado particularmente en la empresa, los representantes de los trabajadores tendrían en cuenta la situación de esa empresa particular a la hora de negociar, y por tanto, también sabrían los límites concretos para las demandas que pueden hacer respecto a sus trabajadores. Al no estar el modelo español en ninguno de esos extremos, sería ineficiente y externalizaría los costes de la negociación colectiva (para que nos entendamos, los que sostienen esa teoría creen que esos sindicatos locos dicen “nosotros pedimos pedimos, que ya lo pagará otro”). Es el modelo en forma de “U invertida” de Calmfors y Drifill.

Y sin embargo, las cosas no son tan sencillas. En un análisis comparativo sobre las instituciones laborales publicado hace unos años, el economista norteamericano Richard B. Freeman comentaba precisamente esta hipótesis (Freeman 2007). En los años 60-70, el patrón de desempleo entre los países de la OCDE era inferior en los países con un sistema de negociación colectiva centralizado, mientras que en los 80, lo era tanto en el grupo de países con sistemas centralizados como descentralizados. El único perdedor de la historia sería el grupo de países con sistemas “intermedios”. Hasta aquí todo de acuerdo con esa hipótesis de la “U invertida”.

Pero a principios de los 90, la crisis económica en Suecia hizo descender la tasa de ocupación, y dos economías orientadas al mercado, la canadiense y neozelandesa, también vieron aumentar sus niveles de paro. Holanda, un país con instituciones consideradas dentro del modelo “intermedio”, no experimentó un alza salarial y modificó varias de sus prestaciones para incrementar la ocupación. Y así, Freeman llegar a observar el informe del año 2004 de la OCDE que no refleja ese modelo de “U invertida” en la comparativa transversal entre países con distintas estructuras de negociación colectiva (Freeman señala incluso que vistos en retrospectiva, los análisis de los años 80 no parecen tan halagadores a la hipótesis). Su conclusión es que la “U invertida” se puede entender más como un patrón específico de un periodo histórico que como una regla general atemporal de las instituciones de negociación colectiva. Por cierto, Freeman también señalaba que la negociación colectiva mejora la distribución de renta cuando aumenta el grado de centralización de la misma.

Volviendo a nuestro país y a la reforma laboral, así como a los consejos que la han precedido ¿qué ha ocurrido? La reforma que supuestamente buscaba aumentar la eficiencia de la estructura de negociación colectiva no ha buscado dirigirse hacia la centralización, otra alternativa que supuestamente también sería más eficiente que el modelo intermedio y que históricamente ha sido la preferida por los sindicatos (Katz 1993). Más bien en contra, ha ido hacia una descentralización, que como hemos visto, no está tan clara que sea eficiente per se, sino que dependía del contexto histórico en el que se ubicaba y que casualmente, coincide con la dirección hacia la que tradicionalmente ha presionado la patronal en numerosos ordenamientos jurídicos.

Jacobs y Myer señalaban cómo antes de Reagan, el poder de los sindicatos contribuía a reducir o al menos moderar el incremento en desigualdad de ingresos en la sociedad norteamericana. Una vez las políticas neoliberales de Ronnie “antisindicatos” Reagan y herederos se impusieron, esta capacidad fue disminuyendo y su influencia como contrapeso a la desigualdad de ingresos se vio mermada (Jacobs & Myers 2014). En España hemos observado cómo una reforma laboral que reduce las bazas que pueden jugar los sindicatos a la hora de intervenir en la negociación colectiva se ha impuesto además, sin el frecuentemente invocado “diálogo social” y por la vía del decreto-ley. Con todas las críticas que se puedan realizar a los sindicatos mayoritarios, el ataque no es realmente contra ellos, sino contra un modelo de equilibrio negociador en el cual se va desgastando y arrebatando el peso que tenían las instituciones sindicales. Y esto independientemente de las siglas, es decir, si pasado mañana un sindicato mucho más combativo que los actualmente mayoritarios cobra una inusitada relevancia, va a tener que lidiar con no tener la ultra-actividad de los convenios colectivos, o que sean los de empresa los que decidan cuestiones como salario, horas extra, etc.

Y es que la oposición de Sobotka y la Hermandad Internacional de Estibadores no sería sólo a la reforma laboral. El bueno de Frank no se limitaría a dedicarle algún apodo a Mariano Rajoy. Lo que haría sería enfatizar la importancia de no creerse el discurso que tanto el Gobierno como sus valedores ideológicos nos cuentan de que es ésta una reforma cuya “flexibilización” del ordenamiento jurídico laboral va a conducir a un bienestar para todos, porque vistos los resultados de seguir esa senda en su país, no se trata de una experiencia que quisiese exportarnos a los trabajadores de otros países.

Referencias:

Boix, A., 2014. Las carantoñas de los que mandan a los profesores universitarios no salen gratis. Available at: http://www.lapaginadefinitiva.com/aboix/?p=1005 [Accessed August 2, 2014].

FEDEA, 2011. Nueve propuestas para la reforma de la negociación colectiva. Available at: http://www.fedea.net/negociacion-colectiva/PDF/9-propuestas-negociacion-colectiva.pdf.

Freeman, R.B., 2007. Labor Market Institutions Around the World. Available at: https://ideas.repec.org/p/nbr/nberwo/13242.html [Accessed August 13, 2014].

Jacobs, D. & Myers, L., 2014. Union Strength, Neoliberalism, and Inequality: Contingent Political Analyses of U.S. Income Differences since 1950. American Sociological Review, 79(4), pp.752–774. Available at: http://asr.sagepub.com/content/79/4/752?etoc [Accessed July 23, 2014].

Katz, H.C., 1993. The decentralization of collective bargaining: a literature review and comparative analysis. Industrial and labor relations review, pp.3–22.

Mellado, C.L.A., 2013. La reforma de la negociación colectiva en la ley 3/2012. Revista Internacional de Organizaciones, (8), pp.63–86.

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