Referéndum: de la “PAH escocesa” al Grupo 79

Hoy los escoceses votan. Hace poco las encuestas daban una alegría a los independentistas escoceses, proclamando que el “Sí” tenía ocho puntos de ventaja, pero es imposible afirmar con seguridad el resultado que conoceremos esta noche, con votantes indecisos capaces de desequilibrar la balanza a uno o a otro lado, o el recuerdo del referéndum de independencia del Quebec en 1995, cuyos impulsores también contaban con las encuestas a favor, y acabaron perdiendo por un escaso punto de diferencia. Y sin embargo, un “No” como resultado ni de lejos acabaría con la cuestión nacional en Escocia. David Cameron ya ha prometido mayor devolution (el término británico para la suerte de autonomía que tienen allí) y el blindar el sistema de público de salud (el famoso NHS) para Escocia si ésta permanece en el Reino Unido. Y es que hay que observar este tipo de concesiones, vagamente bienestaristas, para confirmar que la cuestión permanecerá latente, incluso si Escocia no se independiza. Porque los sucesos en Escocia, como ocurre en el resto de naciones sin Estado, aúnan en mismo bloque la cuestión nacional, visible y abierta, con la cuestión social, que modula a la primera y la condiciona, y que ha sido la que ha permitido al nacionalismo escocés emprender la carrera de fondo que puede hoy alcanzar un hito, pero cuyo recorrido tiene mucha más amplitud.

Para observar esto con más detalle, quizás ayude un poco recordar la historia del nacionalismo escocés moderno. Éste tiene un origen conflictivo y esquizofrénico, obviamente inseparable de la historia, económica y social de Escocia. Las décadas entre 1910 y 1930 se caracterizaron por inusitado nivel activismo en el movimiento obrero de Glasgow y alrededores de corte radical. Esta época se conoce como la Red Clydeside, por el río Clyde que discurre a través de Glasgow y que tuvo un importante papel en la construcción naval y en el comercio en el Reino Unido.

La “PAH escocesa” avant la lettre y los tanques británicos

La situación en Glasgow y alrededores era pre-revolucionaria a inicios del siglo XX. Pensemos que estamos hablando de un momento histórico, con un movimiento obrero con representación en industrias de alta concentración de trabajadores en el mismo puesto de trabajo. Trabajadores que veían y experimentaban cada día  condiciones de trabajo y de vida miserables. Un cóctel explosivo que incentivaba los trabajadores se identificasen como pertenecientes a un mismo grupo social, con intereses y problemáticas comunes, enfrentados a otro que vivía a su costa. La Gran Guerra no hizo sino que exacerbar este sentimiento, mandando a miles de jóvenes de clase trabajadora a hacer el papel de carne de cañón para servir los intereses geopolíticos de las grandes potencias europeas, mientras las injusticias persistían en casa.

Y es que en contra de lo que suelen argüir los que se empeñan en enterrar una y otra vez la conflictividad social o la existencia de desigualdades, el movimiento obrero y sus activistas no se centraban exclusivamente en cuestiones del puesto de trabajo, ni padecían una miopía contra el resto de injusticias. En concreto, es llamativo que en Glasgow se produjesen importantes protestas contra los desahucios de familias trabajadoras, organizadas principalmente por grupos de mujeres que vivían en el área y que bloqueaban la entrada a la policía que iba a ejecutar el desahucio (¿os suena de algo?) y señalaban que mientras sus maridos o padres estaban luchando en el frente contra Alemania en la Gran Guerra, el especulador inmobiliario era el enemigo que les atacaba en su propio país.

Soldados y tanques británicos en el cuartel de Gallowgate de Glasgow

De hecho, durante el transcurso de la Gran Guerra, uno de los activistas que surgió de este clima de agitación obrera del Red Clydeside, el marxista John MacLean, se manifestó en contra de la misma y llamó a constituir una república socialista en Escocia. A medida que transcurría la guerra, vista la situación de conflictividad social en Glasgow y el ejemplo que los bolcheviques estaban dando en la antigua Rusia zarista, al gobierno británico le empezó a embargar el miedo de que se produjese una revuelta al estilo soviético. En 1918 MacLean fue nombrado cónsul bolchevique en Escocia. Esto debió provocar tembleques y flashbacks de Irlanda en Westminster, y ese mismo año MacLean sería encerrado acusado de sedición, padeciendo alimentación forzosa que le dejarían secuelas de por vida. Apenas un año después, uno de las revueltas más violentas de la historia de Escocia, la Batalla de George Square, vio a trabajadores escoceses enfrentarse a tanques del gobierno británico en las calles de Glasgow, como podéis ver en la foto a la izquierda. Estos recuerdos marcan todavía la psique colectiva del nacionalismo escocés de una forma similar a cómo las revueltas en Irlanda en los años 10 conjugaban el elemento nacional y el obrero de forma inseparable.

Este elemento obrerista y radical sería por tanto un componente esencial en la reformulación del nacionalismo escocés de primera mitad del siglo XX (si bien no el único, para ser justos). El germen del Scottish National Party (SNP, el partido artífice del actual referéndum) se halla en 1934, en la unión el National Party of Scotland y el Scottish Party. El primero había surgido de la confluencia en 1928 del Scottish National Movement, de orientación más cultural y moderada, y la Scottish Home Rule Association, que contenía elementos relacionados tanto con el republicanismo irlandés como con la izquierda y el Independent Labour Party. El Scottish Party, por su lado, tenía un enfoque más conservador.

El SNP gozaría de un apoyo electoral limitado durante décadas. En 1974 tuvieron lugar en el Reino Unido dos elecciones generales. La primera la ganaría el Partido Laborista pero en minoría, con el SNP obteniendo 7 diputados. En la segunda, ya con una victoria más holgada de los laboristas, el SNP obtendría 11, su mejor resultado hasta la fecha. Y sin embargo, a finales de la década, en las elecciones de 1979, tras el famoso “Winter of Discontent” en el cual la conflictividad social en el Reino Unido se había disparado, el apoyo al SNP se redujo a apenas 2 diputados, con la entrada triunfal de Margaret Thatcher en el número 10 de Downing Street.

La estrategia del Grupo 79

Scottish Political Archive / FlickrLa era Thatcher supondría una nueva vuelta de tuerca en el sistema de partidos escocés. El asalto que la primera ministra dirigió a la clase obrera de todo el Reino Unido supuso un auténtico cambio de paradigma de la política conservadora hasta entonces: desde los republicanos irlandeses viendo morir a prisioneros del IRA en huelga de hambre, a mineros ingleses o galeses padeciendo la destrucción de su modo de vida durante décadas, pasando por los squaddies (soldados rasos británicos) y tropas argentinas que murieron en el Atlántico Sur, Thatcher no dejó a nadie indiferente. Como comenta Isidro López, una de sus medidas más impopulares fue la conocida como poll tax, un impuesto de capitación que abandonaba cualquier idea de progresividad, haciendo pagar por tanto más a los miembros pobres de la sociedad que a los ricos (en proporción a los ingresos). Thatcher introdujo este impuesto en 1989, encontrándose con una fuerte resistencia en Inglaterra y Escocia, que incluía desobediencia civil o negativas a pagarla. El efecto en Escocia, que entonces tenía altos índices de pobreza en comparación con el resto del Reino Unido, fue que el apoyo al Partido Conservador simplemente desapareciera. Durante los 90 los conservadores obtuvieron como mucho un diputado en Escocia.

Dentro del SNP, la estrategia sobre cómo plantar cara a la Dama de Hierro y capitalizar el descontento escocés con su gobierno dividió al partido, con algunos intentando poner el énfasis en el control de los recursos escoceses (su riqueza petrolífera, por ejemplo, como se puede ver en el cartel), y otros en la cuestión social y el eje izquierda-derecha. Una facción interna, conocida como el “Grupo 79“, de sensibilidad más “macleanista”, intentó orientar el partido a posiciones más a la izquierda y obreristas en 1982, pero fueron expulsados del mismo. Varias personalidades importantes dentro del actual SNP, incluido el mismo líder, Alex Salmond, pertenecían al Grupo 79 (el actual Ministro de Justicia, Kenny MacAskill, fue miembro de la John MacLean Society). Pocos años después, los miembros de este grupo informal volverían a unirse al SNP y llegarían a alcanzar posiciones de poder en la organización.

Una vez ocuparon cargos, la estrategia que siguieron fue la de aprovechar el proceso de concesión de autonomía a Escocia y la transformación del Partido Laborista británico en el famoso “New Labour” para flanquearles y absorber el apoyo laborista. Así, si el New Labour era una tercera vía que abandonaba cualquier pretensión socialista o de emancipación de la clase obrera interiorizando presupuestos thatcherianos, el SNP comenzó a jugar la carta del carácter socialdemócrata que una autonomía escocesa podía implementar, gracias al establecimiento de un Parlamento Escocés en 1997. Las mayorías de los propios laboristas en coalición con el Partido Liberal en los primeros años de este parlamento les permitieron rechazar el establecimiento de algunas de las políticas neoliberales británicas en Escocia gracias a su recién estrenada autonomía: defendieron la educación secundaria y medicamentos gratuitos, y se opusieron la privatización de la sanidad pública.

El SNP, sin embargo, consiguió imponerse al resto de partidos ya en 2003, puesto que podía jugar la baza de proseguir con esa postura socialdemócrata, y a la vez, identificarse como el partido de los escoceses, no la sucursal de ningún partido británico. La mayoría absoluta que obtuvieron en 2007 venía acompañada de la promesa en su programa electoral de convocar un referéndum de autodeterminación. Y así, se da la paradoja de que, tal y como sostiene Paul Cockshott, el “Grupo 79″, aún habiendo sido expulsados del SNP en su día, ha conseguido implementar su estrategia a largo plazo de sustitución de la dominación laborista en Escocia de forma casi impecable.

La historia del actual referéndum escocés bebe por tanto de un pasado de conflictividad social que se extiende desde los días de huelgas, sabotajes y manifestaciones del Red Clydeside hasta la resistencia a la avalancha thatcheriana de los años 80. No es que el SNP sea un partido socialista, ni mucho menos, pero su uso de ciertos contrapesos socialdemócratas a las políticas neoliberales que provenían de Londres ha conseguido que el elemento nacional, que es el que se decide en este referéndum, sea expresión de una cuestión social y de clase latente. Y como toda expresión de una cuestión social y de clase que modula a la nacional, un “No” no hará más que postergar el conflicto, no resolverlo.

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  1. Post-referéndum: en Escocia la clase cuenta | Rotekeil - 23 septiembre, 2014

    […] referéndum a la luz de la intra-historia del nacionalismo escocés y la clase obrera de ese país que desarrollé el otro día. No es mi intención hacer un análisis en profundidad, pero sí una pequeña aproximación. Para […]

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