Post-referéndum: en Escocia la clase cuenta

No votes “Sí” porque estás “orgulloso de ser escocés” – esto no va sobre “nacionalismo” – vota “Sí” porque te da vergüenza vivir en un país rico en petróleo donde uno de cada cuatro niños vive bajo el umbral de la pobreza, donde miles de personas dependen de bancos de comida y donde la esperanza de vida en algunas áreas es menor que en Irak y en la Franja de Gaza. No tiene por qué ser así. ¡El cambio empieza con un SÍ!

Oi Polloi, grupo de anarcopunk escocés.

En los últimos días los medios internacionales han estado en plena ebullición, comentando el “No” en el referéndum de independencia escocés. Curiosamente, la línea general que subyace a la mayoría de análisis, es que los patrones de voto en Escocia del pasado viernes no pueden ser reducidos a una mera respuesta emocional o de fervor patriótico (escocés o británico), sino que contienen elementos socioeconómicos y demográficos de gran peso.

Para Neil McGarvey, profesor en la Strathclyde University en Glasgow, el voto a favor de la independencia de Escocia ha sido una “rebelión de la clase obrera urbana”. El The Telegraph (la versión online del conservador Daily Telegraph, diario poco sospechoso de veleidades revolucionarias) hablaba de que era más probable que los votantes “jóvenes, pobres y en paro” lo fueran a favor de la independencia. Burn-Murdoch y Aleksandra Wisniewska publicaron un excelente análisis post-referéndum comparando varias variables demográficas y socioeconómicas con los porcentajes de voto al “No” según las “local authority councils”.

A un tiempo prudencial de los resultados, creo que resulta interesante observar algunos de los patrones de distribución de voto en este referéndum a la luz de la intra-historia del nacionalismo escocés y la clase obrera de ese país que desarrollé el otro día. No es mi intención hacer un análisis en profundidad, pero sí una pequeña aproximación. Para ello, he seguido el mismo camino que los autores citados más arriba de examinar los resultados según “local authority councils”. En Escocia, éstas son las 32 autoridades locales (en base a las que se presentan los resultados del referéndum por The Guardian) y que llamaré “council area” por comodidad.

En primer lugar, llama la atención la diferencia entre las council areas rurales y las que incluyen núcleos más urbanos. Las primeras han votado mayoritariamente en contra de la independencia: en las Scottish Borders y Dumfries o Galloway, que además están más cerca de la frontera con Inglaterra, el “No” tuvo una holgada ventaja (66,6% y 65,7% respectivamente). Otras council areas rurales también han visto una victoria del “No”, Arberdeenshire (60,4%), Eilean Siar (53.4%) y Argyll and Bute (58,5%). Las Highlands han estado más disputadas, con un 52,9% a favor del “No”, a pesar de que muchos hubiesen esperado que los descendientes de los famosos indómitos pictos se hubiesen decantado por la independencia.

Pero como señala McGarvey, estas áreas tienen una baja densidad de población, y sus resultados no son tan relevantes como las de las council areas con núcleos urbanos con mayor población, donde se libraron las verdaderas batallas. En varios de ellos triunfó el “No”: Fife (55%), Angus (56,3%), Midlothian (56,3%) y South Lanarkshire (54,7%).

Sin embargo, fueron cuatro council areas urbanas donde los partidarios de la independencia consiguieron imponerse: Glasgow (53,5%), Dundee (57,3%), North Lanarkshire (51,1%) y West Dunbartonsire (54%). Es en estas cuatro council areas donde se concentran las mayores bolsas de pobreza de Escocia. Esto encaja también con el hecho de que otras cuatro council areas con un perfil socioeconómico similar (Inverclyde, North Ayrshire, Renfrewshire y East Yrshire, poblaciones que dependían de la construcción naval, minería etc.) hayan visto resultados bastante igualados entre partidarios de la independencia y sus oponentes. En ninguna de ellas el voto al “No” superó el 52,8%.

Como comentaba el otro día, una de las fuentes de las que bebe el actual clima político escocés de la izquierda independentista es el legado de la era del “Red Clydeside”, los años entre 1910 y 1930 en los que hubo un inusitado activismo radical del movimiento obrero en Escocia alrededor de Glasgow. Durante estos años, los núcleos urbanos con mayor conflictividad y activismo fueron aquellos a orillas del río Clyde: Glasgow, Clydebank (en West Dunbartonshire), Paisley (Renfrewshire) y Greenock (Inverclyde). Años después, la pobreza sigue asolando estas regiones, y ello coincide con victorias de los partidarios de la independencia, en Glasgow o Dunbartonshire, o derrotas muy ajustadas en los otros dos council areas.

Si bien no se puede establecer una genealogía directa de los partidarios de la independencia con el Red Clydeside, sí que llama la atención, tanto la persistente concentración de pobreza en esas áreas, como el hecho de que eran (o son) feudos laboristas. No es del todo descabellado pensar que buena parte del electorado que vota laborista haya votado “Sí” a la independencia, cansados de las continuas cesiones del laborismo escocés a los planes maestros dirigidos desde Londres, que implican, como parte de la era post-New Labour, que Ed Milliband hable de un “capitalismo responsable” mientra no parece dar importancia a las condiciones en las que viven muchos trabajadores de antiguos núcleos industriales. Bueno, eso y que, como decía el otro día el humorista John Oliver en un sketch cómico, el lema de “Better together” (Mejor juntos) parece algo que, lejos de producir ilusión y optimismo, recuerda a lo que diría uno de los miembros de un matrimonio fracasado: “No es que diga que estemos bien juntos, pero estamos mejor juntos que separados… ¿por qué lloras, si estoy diciendo algo bueno?”.

Haciendo una pequeña prueba con de la relación entre tasa de desempleo y porcentaje de voto al “Sí”, obtenemos una representación visual de cómo parece existir una correlación positiva entre ambas variables. Cuanto mayor tasa de desempleo, mayor porcentaje de voto al sí. Las council areas que mencionaba que tuvieron protagonismo en los años del Red Clydeside están marcadas en rojo. También es llamativa North Ayrshire, con un 49% de apoyo a la independencia y la mayor tasa de desempleo (13,5 la observación a la derecha) de toda Escocia, puesto que en esta council area minera se produjeron enfrentamientos durante la famosa huelga de los años 80 que enfrentó a los trabajadores de las minas con el gobierno de Margaret Thatcher.

VotoSi-desempleo

En mi opinión, esto parece sugerir una visión totalmente opuesta a lo que en muchos casos se afirma desde medios (o cátedras) mainstream: a la gente, sobre todo cuando experimentan privación material o una percepción de injusticia en la distribución de los recursos económicos, no le asusta el cambio en sí mismo. No prefieren lo “malo conocido”, ni agachan la cabeza ante el abuso, en particular si existen actores con los que se pueden identificar, actores que han sabido maniobrar para enfrentarse (aunque sea de forma limitada) a quienes generan esa situación. En el caso escocés, esto se inscribe en el rechazo a la herencia thatcherita primero de mano del laborismo y el SNP, y posteriormente, en la creciente decepción con los primeros (en particular el New Labour) en beneficio del auge de los nacionalistas escoceses.

El laborismo me parece el principal perdedor en todo este proceso. Mientras que los conservadores dan la impresión de tener pocas esperanzas electorales en Escocia, para el Partido Laborista, este país es un granero de votos clave, pero la cuestión del referéndum les ha obligado a unir fuerzas (aunque sea por votar la misma opción) junto a conservadores y liberales demócratas, interpretando de nuevo el rol de sucursalismo de Londres. Atrapados en una especie de pozo que ellos mismos han cavado, no pueden jugar la carta de la diferenciación con los conservadores (porque han pedido votar “No”, igual que ellos, a pesar de que es probable de que muchos de sus votantes no les hayan hecho caso), y estos últimos, astutamente, han empezado a atizarles con la famosa “West Lothian question”, acusándoles de doble rasero para con los ingleses.

Un par de advertencias: este tipo de análisis se basan en extraer datos de poblaciones o áreas, sin nivel de detalle individual. Por tanto, deben tomarse siempre con una saludable dosis de escepticismo, ya que si nos tomamos las conclusiones como verdad revelada, podemos estar cayendo en una falacia ecológica. Dicho de otra forma, sabemos que en Glasgow hay una alta tasa de desempleo y que la mayoría de la gente votó a favor de la independencia. Ahora bien, no sabemos a ciencia cierta si las personas que están en situación de desempleo han votado “Sí” en el referéndum: cabe la posibilidad de que tanto parados como ocupados hayan votado a favor o en contra de la independencia, y que en realidad lo que les ha llevado a tomar sus respectivas decisiones hayan sido otros factores.

Aún así, los resultados, por tentativos que sean, encajan con el trasfondo histórico, económico y social del devenir político escocés que comentaba el otro día. Me conformo con que sirvan para llamar la atención sobre la idea de que hablar sobre el proceso escocés (como en tantos otros) con una visión exclusivamente presentista o funcional, es un error. Porque el presente es sólo el resultado de, como mínimo, décadas de un particular desarrollo económico e industrial, de un conflicto social que permanece latente, con sus ocasionales fogonazos, en el cual la clase cuenta. Y como señalaba, no creo que la victoria del “No” haya zanjado la cuestión.

PD: quiero agradecer la ayuda de Ryoko Susukida y los comentarios de Antonio Dorado.

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