Lunes: el rescate de las autopistas

Los lunes son duros diréis, los vuestros sólo. Ayer lunes se anunció la nacionalización de las autopistas. Un gobierno con tendencias privatizadoras, nacionalizando sin que nadie les acuse de populismo, dictadores o privadores de la propiedad privada.

Algo debe de estar cambiando en este país. Quizás sea Podemos. Muchas cosas han pasado desde su aparición.

¿Cuándo se puede utilizar la palabra nacionalización? Cuando es para rescatar a grandes empresarios peloteros (no por sus habilidades futbolísticas, sino por sus pelotazos) y bancos de la quiebra.

Por el momento, más allá de detalles técnicos se “ha decidido” por una nacionalización, el ministro Íñigo de la Serna, ha declarado que “Las autopistas revertirán al Estado y el Estado decidirá cómo gestionarlas”. Lo cuál puede significar que una vez saneadas incluso podrían volver a venderlas.

La casualidad ha llevado a que de las nueve autopistas quebradas o en riesgo de liquidación, seis sean relacionadas con Madrid, son las radiales madrileñas 2, 3, 4 y 5 (consorcio Accesos de Madrid compuesto por Abertis, ACS, Sacyr y Bankia); la M-12 (Eje Aeropuerto de Barajas), la AP-41 (Madrid-Toledo), y quedan 2, la AP-36, la circunvalación de Alicante (Ciralsa), y la Cartagena-Vera (Aucosta), de la Comunitat Valenciana y Murcia, casualmente todas ellas autonomías gestionadas por un gobierno de los que, supuestamente, son excelentes gestores.

Aquí tenemos el ejemplo, después de varias noticias de relleno se ha hecho oficial:

El Estado se quedará definitivamente con las autopistas de peaje en quiebra
Fomento ve muy difícil un acuerdo con los bancos acreedores para rescatar las infraestructuras. La nacionalización puede costar 5.000 millones

Según podemos leer el coste total podría llegar a ser alrededor de 5000 millones que van a sacar de fondos públicos; son 5000 millones más que no van a ir a parar a derechos sociales como Sanidad, Ocupación, Educación, Vivienda, o evitar cortes de luz, sino que irán a los bolsillos de unos pocos que no pueden perder ni un céntimo de su buena inversión.

En el apartado técnico, la nacionalización es una consecuencia de la cláusula de la Responsabilidad Patrimonial de la Administración (RPA), una cláusula contractual por la que estos mágnificos especuladores se aseguran no perder ni un céntimo de su inversión, sin importar lo más mínimo la idoneidad o eficiencia de la misma. Es una manera de asegurar el WIN-WIN. Es como ir al casino teniendo en casa la máquina de hacer dinero, no hay problema lo que apuestes, vuelves a tu casa y vuelves a hacer billetes.

Estos contratos son acuerdos entre la entidad pública correspondiente y las diferentes entidades privadas, desde las financieras hasta las constructoras (que a su vez también pueden ser una unión entre varias de ellas para llevar a cabo la insfraestructura). Las empresas firman los contratos de concesiones públicas con unas expectativas de ingresos para recuperar la inversión y obtener un beneficio de la misma reflejado todo ello por contrato. Lo que ha pasado en este caso, como en muchos otros como hospitales o conceciones de otros sectores, es que las expectativas no se han cumplido y la administración correspondiente o la subsidiaria tiene que hacer frente a las cláusulas contractuales como la RPA.

Estos especuladores que invirtieron en radiales inútiles a los que vamos a regalar 5.000 millones de Euros de rescate son los mismos que sueltan sermones como que tenemos demasiados derechos laborales, que es eso de SMI, que menos subvenciones a la cultura, que menos pensiones públicas, …

Podríamos pensar que ahí acaba la cosa, pero es que luego estos señores son los de Panamá, Luxemburgo y demás paraísos fiscales donde crear sociedades para evadir impuestos y con alguna amnistía traer el dinero de vuelta.

Eso si hay que tener en cuenta que son ellos los que crean la riqueza así que no podemos dejar que se arruinen. Que son los únicos que tienen ideas y pueden llevarlas a la práctica.

El cuento de siempre, socializar las pérdidas, privatizar los beneficios. Así que parece que los lunes y el capitalismo no son lo que parece.

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