Harvey contra Marx, parte 3: una réplica

Réplica de Andrew Kliman a la respuesta que dio David Harvey en el debate sobre la vigencia en la economía política marxista de la de la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia (LDTTG) y su relevancia a fin de explicar las crisis capitalistas.

New Left Project publicó hace poco una crítica de Andrew Kliman en dos partes en la que abordaba la objeción del geógrafo marxista David Harvey a la teoría de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia de Marx. La Parte 1 ponía en tela de juicio la interpretación que Harvey hacía de la obra de Marx; la Parte 2 argumentaba que la ganancia a largo plazo de las empresas de EEUU descendió tras la Segunda Guerra Mundial, de conformidad con la ley enunciada por Marx.

En su respuesta David Harvey contrapuso dos metáforas para conceptualizar el capital, sosteniendo que si bien Kliman “puede estar en lo cierto en el largo plazo, mi metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor si queremos comprender lo que nos está ocurriendo en el momento presente”.

A continuación presentamos la respuesta de Kliman.

Harvey contra Marx, parte 3: una réplica

Por Andrew Kliman

¿Tiende a descender la tasa de ganancia en el capitalismo? ¿Si es el caso, en qué medida es de ayuda para dar cuenta de las crisis capitalistas?

Ante todo deseo expresar mi agradecimiento por la gentileza de David Harvey por dedicar su tiempo a responder a mi contra-crítica de sus críticas (Harvey 2014) de la Ley de Marx sobre la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia (LDDTG), de la teoría de las crisis económicas capitalistas que se basa en tal ley, y de la relevancia de la ley y de la teoría subyacente para dar cuenta de la Gran Recesión.

Su respuesta no aborda la mayoría de mis argumentos; más en concreto no aborda las pruebas textuales o económicas que presenté. También malinterpreta aquello que sí aborda, mi analogía sobre el procedimiento explicativo de Marx, pintándolo como una metáfora de la “naturaleza de capital”. Pero al menos hay que reconocer que su respuesta puede ser el comienzo de un diálogo que aún puede dar buenos frutos.

Para que podamos incorporar el trasfondo necesario para mi respuesta, recapitularé sucintamente la acusación original de Harvey, que acusa a la LDDTG de Marx de ser monocausal, y mi analogía, que da respuesta a esa acusación. Después trataré de aclarar porque mi analogía no es una metáfora de la “naturaleza del capital”. Las secciones restantes de esta respuesta abordarán la nueva versión de Harvey de la acusación de monocausalidad, su caracterización de la LDDTG, que es un hombre de paja, su implícita suposición a priori de que la ley no puede ser correcta, y la necesidad de que si queremos que este debate sea fructífero debemos volver a analizar las pruebas disponibles.

La acusación de mono-causalidad de Harvey (primera versión)

Harvey acusó a la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia y a la teoría de las crisis capitalistas que de ella trae causa de incurrir en monocausalidad. (1) Esta acusación se basa en el aserto de Harvey de que la ley depende fundamentalmente de una serie de “supuestos draconianos” que planteó Marx. Merced a estos presuntos supuestos, la LDDTG supuestamente descarta todas las demás causas potenciales que llevan al descenso de la rentabilidad, dejando sólo el cambio tecnológico que ahorra mano de obra, y también todos los demás factores que pueden impedir que la tasa de ganancia descienda contrarrestando así los efectos del cambio tecnológico.

Pero es innegable que en la Parte 3 del Tercer Tomo de El Capital, titulado “La Ley de la Caída Tendencial de la Tasa de Ganancia”, analiza los diversos factores contrarrestantes junto con causas adicionales de las crisis como el sistema financiero. Harvey no pone todo esto en tela de juicio. Su acusación de monocausalidad radica en la “estructura del procedimiento explicativo de Marx”, es decir, el orden en el que los diversos factores causales se manifiestan en el relato de Marx. Marx presentó en primer lugar “la ley como tal” (das Gesetz als solches); sólo posteriormente introdujo los factores contrarrestantes, y después las causas adicionales de las crisis, en su narrativa de la LDDTG.

Esta forma de estructurar una explicación es bastante corriente y nada tiene de excepcional. Sin embargo Harvey la pinta como una explicación mono-causal reduciendo la LDDTG a la “ley como tal”. Los factores contrarrestantes y las causas adicionales de las crisis no forman parte de “la ley como tal”. Por consiguiente, para Harvey, el hecho de que Marx reconociera la existencia de factores contrarrestantes y causas adicionales y las introdujera en su relato no le absuelve de la acusación de mono-causalidad. Significa sencillamente que Marx se mostró “ambiguo y dubitativo” en cuanto a la validez de la LDDTG y que ya no estaba analizándola en sí, sino analizando “lo que sucede cuando se echan a un lado los supuestos sobre los que la ley se deriva.

En mi respuesta expliqué el error que se cometía al interpretar el procedimiento explicativo de esta forma. Observe que: “el texto no tiene que ser leído de este modo. Y puesto que no tiene que ser leído así, no debe ser leído así; una lectura poco caritativa no es una buena práctica interpretativa”. Después aporté lo que denominé “analogía con el procedimiento de Marx”:

“Ningún análisis metodológico sofisticado es necesario para comprender lo errado de la acusación de monocausalidad. La cuestión es sencilla. Si yo apelo a la Ley de la Gravitación Universal para explicar por qué las manzanas tienden a caer de los árboles, sin aludir a otros factores que las hacen caer, como el viento, o factores contrarrestantes, como la resistencia del aire, no estoy suponiendo en ningún modo que no existen estas cosas. Menos aún estoy elaborando un modelo monocausal que las excluye y que por lo tanto se ve severamente limitado a la hora de aplicarlo. No lo hago incluso si explico que la ley de la gravitación se sigue de la segunda ley de movimiento de Newton y me abstengo de incorporar otros factores en la ecuación cuando muestro cómo se sigue. Si después hablo del viento y de la resistencia del aire, no estoy mostrando ambigüedades o dudas, y tampoco admito que la ley de la gravitación universal opera en un vació pero no en el mundo real”.

¿Una metáfora de la naturaleza del capital?

La contribución originaria de Harvey (2014) a este debate criticaba duramente la LDDTG de Marx, su lugar en la teoría de las crisis económicas capitalistas de Marx, y su relevancia para explicar la Gran Recesión y sus prolongadas secuelas. Mi contra-crítica abordó cada una de sus muchas críticas. La respuesta de Harvey sólo trata de dos frases de mi contra-crítica. La tercera y la cuarta frase del precitado pasaje, e interpreta muy mal ambas frases.

Según Harvey las frases son una metáfora que empleó Andrew Kliman para “explicar porque su enfoque sobre la tasa de ganancia no es monocausal” y en concreto para “conceptualizar y configurar su comprensión de la naturaleza de capital. La principal diferencia entre ambos, según creo, radica en la configuración metafórica particular que cada uno albergamos sobre la naturaleza del capital”.

Debería quedar claro a partir de lo dicho en la sección anterior que nos encontramos aquí con tres errores básicos. En primer lugar mi analogía no atañe a una materia general y extensa como la “naturaleza del capital”. Se aplica a un fenómeno específico, la tendencia al descenso de la tasa de ganancia. En segundo lugar, la analogía no trata de MI punto de vista sobre la caída de la tasa de ganancia o mi particular entendimiento de la naturaleza del capital; trata del procedimiento explicativo de Marx y de la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia. (2) En tercer lugar, la analogía tampoco trata de la naturaleza del capital, trata el procedimiento explicativo de Marx. Dicho de otro modo, no se trata de una cuestión ontológica (sobre el ser), sino epistemológica (sobre el conocimiento).

En ningún momento he compuesto metáfora alguna, ni en ese pasaje ni en el resto de mi crítica, para conceptualizar o configurar mi comprensión de la naturaleza de capital y no tengo que ofrecer ninguna metáfora en ese sentido. No necesito hacerlo, sobre todo porque el capital es ya una conceptualización de los hechos, no un simple hecho desnudo. No veo de qué forma sustituir la conceptualización original, “valor en proceso” (Marx 1990, p. 256) con otra metafórica puede serme de alguna utilidad en mis investigaciones teóricas o empíricas.

Soy algo suspicaz con expresiones como la “naturaleza del capital”. Lo que me preocupa es cómo y por qué el capitalismo funciona y no su “naturaleza”. Y soy especialmente suspicaz con esa expresión cuando se emplea del modo que lo hace Harvey, para endosarme la creencia de que existe algún sentido no trivial en el que el capital y el capitalismo son como el mundo natural, o algún sentido no trivial en el que la tendencia de la tasa de ganancia a descender es algo semejante a la fuerza de la gravedad. No es eso lo que pienso.

Muy al contrario de lo que sugiere el cuarto y quinto párrafo de la respuesta de Harvey, mis posiciones políticas marxistas-humanistas no se deducen de una metáfora (de ahí la conclusión de Kliman); se fundamentan en la teoría y las pruebas empíricas. Estoy dispuesto y puedo defender mis posiciones políticas, pero sólo después de leer argumentos que pongan en tela de juicio las pruebas y la teoría en las que se basan, un argumento honrado, no una comparación de metáforas. Que uno prefiera un tropo a otro y las experiencias subjetivas (como veo y experimento el capital) en las que se basan esas preferencias no pueden ser materia de debate; preferirá lo que quiera y experimentará lo que experimente, y poco más hay que decir. Otra cosa es si la política vinculada a la metáfora y la experiencia subjetiva está respaldada por los hechos reales. Cuando me plantean un argumento que trata de ofrecer una justificación de tal índole, no tengo el menor problema en debatir.

Ya he observado anteriormente que mi analogía de las manzanas no se aplica a la naturaleza del capital, sino al procedimiento explicativo de Marx. Puede parecer que es una división demasiado categórica. ¿Acaso no depende la explicación que uno defiende de la “naturaleza” específica de los fenómenos que trata de explicar? Por consiguiente, ¿mi analogía implica que yo estoy, quiéralo o no, igualando la LDDTG y la fuerza de la gravedad? En absoluto. No existe una ligazón necesaria entre la “naturaleza” de un fenómeno y cómo lo explica uno. Después de todo, es posible plantear un análisis sobrio de la borrachera. (3)

Mi analogía en modo alguno pretende parangonar el capitalismo con el mundo físico. Ilustra como una explicación multicausal que apela a un principio general o ley de una tendencia funciona en la realidad, sea cual sea la materia analizada.

Si yo apelo a

  • La Ley universal de la gravedad para explicar por qué las manzanas tienden a caer de los árboles, sin mencionar otros factores que hacen que caigan, como el viento, o factores contrarrestantes, como la resistencia del aire, o
  • El principio de que el estudio potencia el conocimiento para explicar por qué los estudiantes que trabajan duro tienden a sacar buenas notas, sin aludir a otros factores que pueden mejorar las notas, como dormir con el profesor, o factores contrarrestantes, como la estupidez o
  • La teoría de la selección natural para explicar por qué las jirafas tienden a tener cuellos largos, sin mencionar otros factores que pueden generar este efecto, como un desastre natural que puede haber aniquilado las jirafas con cuellos cortos, o factores contrarrestantes, como mutaciones que producen descendencia con cuellos relativamente cortos o
  • El principio de que los afroamericanos sufren discriminación en el mercado de trabajo para explicar porque el paro entre ellos es desproporcionado en relación con otros grupos, sin mencionar otros factores como discordancias geográficas entre buscadores de empleo y oferta de trabajo, o factores contrarrestantes como las políticas de discriminación positiva o
  • La Ley de la Tendencia al Descenso de la Tasa de Ganancia con el fin de explicar la razón por la que tiende a caer, sin aludir a otros factores, como un aumento de salarios, o factores contrarrestantes, como el abaratamiento de los medios de producción.

No estoy suponiendo que los factores causales adicionales y los factores contrarrestantes no existen. Y mucho menos estoy construyendo un modelo monocausal que hace caso omiso de ellos y que por consiguiente escasa aplicación puede tener. Si después hablo de los factores causales adicionales y los factores contrarrestantes, no manifiesto dudas, ambigüedades ni mucho menos estoy admitiendo que los principios explicativos generales a los que he apelado no obran en el mundo real.

Consideremos los primeros cuatro argumentos. ¿Se trata de metáforas que he empleado para configurar mi comprensión de la naturaleza del capital? ¿Creo que existe algo no trivial en que la caída de las manzanas, las buenas notas, las jirafas cuellilargas, el desempleo mucho más frecuente de lo común y la caída de la rentabilidad tienen todos algo en común? ¿Creo que existe algo no trivial en que la ley de la gravedad, la relación entre estudio y conocimiento, la selección natural, la discriminación en el mercado laboral y la LDDTG tienen algo en común? Difícilmente. Cada uno de los fenómenos tiene una naturaleza muy diferente de los demás; cada principio explicativo es muy distinto. Sin embargo las cinco explicaciones están provistas de la misma estructura fundamental, y entre las cosas relevantes que tienen en común es que ninguno de esos fenómenos es monocausal.

La acusación de monocausalidad de Harvey (versión revisada)

Con todo ello, Harvey sigue “dándole vueltas” a esta conclusión.

Podemos estar discutiendo sobre semántica o sobre lo que significa aquí la causalidad. Si no existiera la ley de la gravitación universal ya puede soplar un viento huracanado que la manzqana no va a caer al suelo y tanto da la resistencia del aire. Estos condicionantes (o fuerzas contrarrestantes) únicamente tienen relevancia cuando se ligan a la ley universal.

La acepción corriente de mono causal es que algo posee una sola causa, y lo que Harvey (2014) dijo es que “a muchos economistas marxistas les gusta afirmar una única causa en cómo se fraguan las crisis”. En esta analogía, no obstante, las causas del movimiento de la manzana no comprenden sólo la gravedad, sino el viento y la resistencia del aire. Hay tres factores causales, no sólo uno. La analogía por lo tanto no puede interpretarse como si fuera un ejemplo de la acusación de que la teoría de Marx es mono causal.

Ahora emplea el término mono causal de forma un tanto idiosincrásica. Su nueva definición implítita de explicación mono causal es “una explicación en la que existe una causa con la que ninguna de las otras causas se hallan completamente desligadas”. Como observé en la parte dos de la contra crítica:

“Sospecho que esa charla sobre la causalidad trata de encubrir el deseo de Harvey de defender su teoría de la crisis apousa-causal (una en la que la LDDTG no desempeña papel alguno. Apousa significa ausente en lengua griega. No le gusta la teoría de la crisis multicausal que surge, cuando todo se ha dicho, en el Tomo 3 del Capital, una teoría en la que la LDDTG queda incólume y otros determinantes como el sistema financiero están ligadas con ella y median la forma en la que se manifiestan”.

No tengo objeción alguna a la idiosincrásica definición de mono causal de Harvey, siempre que aclare que no emplea el término en la acepción corriente. Pero si está desacreditando explicaciones de fenómenos económicos y sociales en esta nueva acepción suya, está desacreditando lo inevitable. Si no existiera carbono, no existiría vida orgánica, ni seres humanos, ni actividad humana ni fenómenos económicos y sociales. Esos fenómenos son relevantes sólo ligados con el carbono: si no hay carbono no se dan.

Cuando objeta a mi afirmación de que está defendiendo una teoría de la crisis apousa-causal en la que la LDDTG no desmpeña papel alguno, escribe “el conjunto orgánico constituido por el capital podría ser influido por el mecanismo que apunta al descenso de la ganancia del que es partidario Andrew y yo no excluyo que pueda ser así, pese a lo que dice”. Pero yo nunca he afirmado que niegue que pueda haber algún caso excepcional en el que el cambio técnico que ahorra mano de obra sea una causa de la rentabilidad decreciente y esta causa de la crisis. He dicho una y otra vez que está tratando descartar el análisis de la posibilidad de que la LDDTG sea una ley auténtica, es decir, un principio general que explica con éxito la razón por la que la tasa de ganancia tiende a descender. También está tratando de que no se analice la posibilidad de que la teoría de las crisis económicas que se fundamenta en la ley pueda explicar correctamente “lo que ocurre ahora en el mundo”. En vez de lo que “ocurrirá en el futuro cuando al Sol se le acabe el gas” (4) Las palabras finales de su respuesta descartan esta posibilidad de forma explícita: “mi metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor si queremos entender lo que pasa aquí y ahora”.

Una crítica de la LDDTG que es un hombre de paja.

Aunque Harvey diga que mi analogía de las manzanas es una metáfora de la naturaleza del capital sin comprender lo que quiero decir, al menos tiene el mérito de que no se lo inventa completamente. No se puede decir lo mismo de su afirmación de que yo configuro

“La naturaleza del capital en términos de certidumbres mecánicas en ese mundo Newtoniano en el que el reloj se había parado de inicio con medio de extracciones de plusvalor, sólo para volver a funcionar bajo el ímpetu competitivo de la generación de plusvalor relativo.:

Como la proporción de capital en relación con la mano de obra empleada insoslayablemente vira en favor de aquel, la tasa de ganancia tiende a la baja. Para mí, este modelo mecánico me parece demasiado determinista, demasiado unidireccional y demasiado teleológico para encajarlo en cómo yo veo y experimento el capital en su evolución como un conjunto orgánico”.

Obsérvese que esta afirmación, al igual que su afirmación anterior de que “Kliman se ha mostrado muy entusiasta al defender la tesis de que la crisis no ha tenido nada que ver con la financiarización”, no está respaldada por ninguna cita o prueba. Y también es falsa. Mi posición en esta cuestión, que he dejado bastante clara, es lo opuesto a lo que él me atribuye:

“La destrucción de valor del capital por medio de las crisis es un fenómeno recurrente. La recuperación de la rentabilidad que trae consigo esta destrucción es por tanto un fenómeno también recurrente. Debido a ello, la tasa de ganancia no muestra una tendencia secular determinada en la historia del capitalismo, y todas las tentativas de deducir o predecir tal tendencia son fútiles”. [Kliman 2012, p. 25]

Lo que sigue es un ejemplo mucho mejor del empleo de metáforas mecánicas extraídas de la física newtoniana para configurar una perspectiva determinista:

“Del mismo modo que las leyes de los fluidos dinámicos son invariantes en todos los ríos del mundo, las leyes de la circulación del capital son coherentes de un supermercado a otro, de un mercado de trabajo a otro, de un sistema de producción a otro, de un país a otro y de un hogar a otro. Sin embargo no puedo atribuirme el mérito de esta metáfora determinista. (5) Figura en la página 343 de “La Condición de la Posmodernidad”. (Harvey 1990).

Harvey no parece muy dispuesto a abandonar sus versiones falsas de la LDDTG y de la teoría de las crisis que trae causa de ello. Además de atribuirme falsamente una concepción mecánica en la que una única fuerza rectora hace descender insoslayablemente la tasa de ganancia, vuelve, abruptamente, a su acusación de que la LDDTG y la teoría de las crisis vinculada con ella es monocausal en la acepción convencional de causa única. “Centrarse en primer lugar en el mecanismo que apunta al descenso de las ganancias es como decir que nos debemos centrar sólo en los ataques al corazón como causas de muerte”. No, no es así. “En primer lugar” no significa solamente. En cualquier caso, no me centro “en primer lugar” en la caída de la tasa de ganancia como causa de la crisis (¿tendré que repetir otra vez las doce causas de la crisis financiera de 2007-8 que analicé en mi libro sobre la gran recesión y volví a enunciar en la parte 1 de mi contra crítica?; Y mucho menos les digo a los demás que deban hacer eso.

Si una causa potencial concreta ha sido en realidad la fundamental, o si ha sido secundaria, o no ha sido operativa es algo que no se puede saber de antemano. Es por ello que debemos analizar las pruebas empíricas (que es lo que estábamos haciendo Harvey y yo antes de que tuviera a bien desviar el debate a su metáfora frente a mi (inexistente) metáfora. Como observé en mi libro:

“Antes de analizar los datos no sabía si las tasas reales de ganancia no habían podido rebotar a principios de los 80. Si puedo decir ahora que un declive constante en la rentabilidad de las empresas norteamericanas es una causa subyacente significativa de la gran recesión, y que la explicación de Marx encaja bastante bien con los hechos, es porque he hecho los números. No hubiera podido afirmarlo hace unos años”. [Kliman 2012, pp. 8-9]

No pongan trabas a la investigación.

La metáfora de Harvey sobre los ataques al corazón resulta un tanto perturbadora porque conculca la “primera norma de razonamiento” planteada por Charles Sanders Peirce: “no pongan trabas a la investigación”. Argumentaba que:

“No existe ningún pecado cardinal contra la lógica en probar cualquier teoría que se nos venga a la cabeza, siempre que se conciba en tal sentido que permita que no se desaliente y se pongan trabas a la investigación. Por otro lado, fijar una filosofía que cierra el camino a avances posteriores hacia la verdad es el verdadero pecado imperdonable del razonamiento”.

La metáfora del ataque al corazón es un implícito supuesto a priori que se niega a considerar siquiera la posibilidad de que la tendencia al descenso de la tasa de ganancia consecuencia del cambio tecnológico que ahorra mano de obra es la causa principal de la crisis. Es a priori porque se descarta de entrada esta posibilidad, antes de analizar las pruebas y sin considerarlas siquiera, simplemente porque “la metáfora que más me impresiona”, la que “mejor encaja con como veo y experimento el capital”, es la de un presunto “conjunto orgánico” que se compone sin embargo de “factores desvinculados que operan unos respecto de otros de forma autónoma”. (6)

Las metáforas son parte importante del proceso de investigación, cuando revelan posibilidades ulteriores que no se habían reconocido con anterioridad. Pero cuando se emplean para descartar de antemano las posibilidades, ponen trabas a la investigación, la desalientan, y forman una barricada que impide la búsqueda de la verdad”.

La metáfora de Harvey sobre los ataques al corazón es “astuta y seductora” en parte porque ya tenemos pruebas suficientes para descartar a posteriori la posibilidad de que los ataques al corazón sean la única causa de muerte, y en parte debido a su ilegítima sustitución de fundamentalmente con solamente. Por lo tanto volvamos a introducir el término fundamentalmente y consideremos otros supuestos. ¿Deberíamos habernos unido a otros para descartar de antemano y antes de las pruebas la posibilidad de que fumar es la causa fundamental del cáncer de pulmón, o que quemar combustibles fósiles ha sido la causa fundamental del cambio climático, o que los problemas financieros son la causa principal de que los universitarios americanos no puedan licenciarse? Si la respuesta es “no”, ¿por qué unirnos a ellos para descalificar de entrada y antes de analizar las pruebas, la hipótesis de que las crisis del capitalismo pueden poseer de hecho una causa fundamental.

Ya sé que hay gente que carece de la más mínima curiosidad de saber si una causa es o no fundamental; y algunos pueden carecer tanto de ella como para no dárseles un ardite sobre las causas de los acontecimientos y fenómenos que experimentan. No pretendo cambiar sus gustos, lo que les pido es que no dejen que sus gustos pongan trabas a investigaciones que otras personas quieren emprender.

¿Volver a las pruebas?

Permítaseme recalcar que no estoy sugiriendo en modo alguno que las crisis del capitalismo tengan una única causa fundamental, o incluso que la crisis presente posea alguna causa fundamental. Lo que argumento es mucho más atrevido: que la caída a largo plazo en la tasa de ganancia de las empresas americanas era una causa subyacente significativa de la gran recesión y que la explicación de Marx sobre la razón de la caída de la tasa de ganancia encaja bastante bien con los hechos en ese caso particular. Tampoco es la cuestión aquí si es correcto descartar esas hipótesis antes de ver las pruebas. Ya he presentado mis pruebas. He demostrado que mis análisis e interpretaciones de las pruebas anticiparon y abordaron las diversas objeciones de Harvey sobre las pruebas atinentes a la tasa de ganancia que han presentado él y otros. Y he demostrado que no ha presentado pruebas legítimas en sentido contrario: su estadística de crecimiento de la mano de obra no es prueba de que la tasa de ganancia subió o de que no ha operado la LDDTG.

Por consiguiente la cuestión aquí es si es apropiado hacer caso omiso de las pruebas legítimas y descartar mis inferencias a partir de las pruebas como irrelevantes para lo que sucede en el presente, sencillamente porque mi (alegada pero inexistente) “configuración metafórica” no es metafóricamente correcta. Como no quiero que se me acuse de tergiversar la posición de Harvey, diré que se ha limitado a comparar y contraponer diversas configuraciones metafóricas porque hacerlo resulta “útil para los lectores, y reitero que (1) termina su respuesta afirmando tajantemente, que su “metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor para comprender lo que pasa en el presente, y (2) llega a esta conclusión sin tener en cuenta las pruebas empíricas. No pone en tela de juicio mis pruebas ni presenta otras pruebas legítimas. Apela a lo que le “impresiona” y “cómo yo veo y experimento el capital” para decidir que “funciona mucho mejor”.

Está claro que este expediente para resolver cuestiones es muy superior a un análisis cuidadoso de las pruebas si lo que uno pretende es darse la razón, o justificar ex post conclusiones que se basan en tus opiniones políticas. Pero es muy inferior si lo que quiere uno es comprender “lo que pasa en el presente”. Como experimenta la gente lo que pasa muchas veces no tiene que ver con lo que pasa, y con más frecuencia, es impropio como método para entender lo que pasa. (7)

El razonamiento sólido y el análisis de las pruebas son necesarios si queremos evaluar si lo que vemos y experimentamos es verdad o no.

Y cuando la experiencia subjetiva está además teñida de malentendidos, es una guía especialmente inadecuada para comprender lo que sucede. Harvey (2014) sostiene que el crecimiento del empleo, es, en sí y por sí, prueba importante de que ha subido la tasa de ganancia y que la LDDTG no ha obrado. Sostiene que la Ley de Marx sólo se sostiene si los precios de las mercancías son iguales a sus valores. Pone en tela de juicio la legitimidad de las pruebas contemporáneas sobre la caída de la tasa de ganancia, por lo visto sin ser consciente de que sus muchas objeciones ya han sido anticipadas y respondidas. Es poco sorprendente que la teoría de Marx sobre las crisis se experimente como inaplicable al “aquí y ahora” cuando la experiencia subjetiva está teñida de esos errores de comprensión.

Sostengo que es de la mayor importancia, tanto desde el punto de vista político como ético, eliminar el dogmatismo. Una clase de dogmatismo es ese obstinado empecinamiento en que tu adversario está equivocado. No se puede imputar eso a Harvey. Escribe: “Existe la posibilidad de que tanto Andrew como yo tengamos razón en nuestras configuraciones metafóricas”. Aunque esa afirmación me atribuye equivocadamente una metáfora que no compuse y que no apoyo, al menos es admirable la falta de dogmatismo que muestra. Pero existe igualmente un segundo tipo de dogmatismo: el empecinamiento en no cambiar tus creencias frente al análisis lógico respaldado por pruebas concluyentes. “Tú tienes tu opinión y yo otra”, y “no vienes de dónde yo vengo” parece la quintaesencia del pensamiento abierto y del respeto mutuo, pero si esas cosas se dicen para hacer caso omiso a las pruebas y la lógica, no son otra cosa que la negativa dogmática a considerar que uno puede estar equivocado. (8)

No estoy sugiriendo que Harvey sea reo del segundo tipo de dogmatismo. No se ha negado a reconsiderar lo que piensa a la luz de las pruebas empíricas. Sencillamente no ha leído aún las pruebas. Pero aún puede hacerlo, y espero que lo haga. Hacerlo será útil para sus lectores, pero los intelectuales tienen también otro tipo de responsabilidades. Una de ellas es separar el trigo de la paja: (9) lo que es correcto empíricamente y sólido desde el punto de vista lógico de lo que no. Se trata de una responsabilidad crucial porque muchos, si es que no la mayoría de los lectores, carecen del conocimiento y el tiempo para adquirir conocimientos suficientes, para valorar las pruebas apropiadamente y argumentar por sí mismos. Necesitan ayuda y tenemos que ayudarles.

La falta de tiempo y conocimientos de los lectores es un motivo principal por el que algunos de ellos puedan hallar que parangonar metáforas es más útil que las pruebas y argumentos que no pueden valorar propiamente. Algunos de ellos pueden ser animados por la útil sugerencia de que pueden decidir que “funciona mucho mejor” apelando a algo que saben, a saber, las metáforas que les gustan y las que no. Pero esta sugerencia no es prudente políticamente. Si queremos cambiar el mundo, y no suplir una serie de personificaciones del capital que mandan en el mundo con diferentes personificaciones de capital, sólo podemos hacerlo con eficacia si disponemos de conocimiento real, de pruebas, y de conocimiento basado en argumentos de cómo el mundo funciona y funciona mal. Esa sugerencia útil también falta a la ética. Como W. K. Clifford argumentó de tan persuasiva forma, en “La ética de la Creencia”, siempre es falso, siempre, en todas partes y para cualquiera, creer algo sin tener pruebas suficientes. Una persona que no tiene tiempo para ser juez competente en ciertas cuestiones tampoco tiene “tiempo para creer”.

Referencias

Harvey, David. 1990. The Condition of Postmodernity: An Enquiry into the Origins of Cultural Change. Cambridge, MA and Oxford: Blackwell Publishers.

_______. 2014. ‘Crisis Theory and the Falling Rate of Profit’.

Kliman, Andrew. 2012. The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession. London: Pluto Books.

Marx, Karl. 1971. Theories of Surplus-Value, Part III. Moscow: Progress Publishers.

_______. 1989b. Karl Marx, Frederick Engels: Collected Works, Vol. 32. New York: International Publishers.

_______. 1990. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. I. London: Penguin.

_______. 1991. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. III. London: Penguin.

Quine, W. V. O. 1960. Word and Object, Cambridge, MA and London: MIT Press.

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1] Como señalé en la Parte 1 de esta contra-crítica, la ley de Marx dice que la tasa de ganancia tiende a caer debido al progreso tecnológico que ahorra mano de obra el capitalismo. Al reducir los costos de producción, las innovaciones tecnológicas tienden a evitar que los precios de los productos aumenten, lo que hace difícil que las ganancias de las empresas aumenten tan rápidamente como la cantidad de capital que invirtieron para producir sus productos.

[2] Los desacuerdos fundamentales de Harvey aquí son con Marx. Su contribución inicial (Harvey 2014) criticó a Marx con frecuencia, y a mí sólo se me mencionó una vez. En cambio, la respuesta de Harvey casi hace desaparecer a Marx -se menciona sólo unas pocas veces, sobre todo en relación con sus metáforas, pero no con respecto al LTFRP y la teoría de la crisis

basada en ella- y retrata la disputa entre Harvey y Marx como una disputa entre Harvey y Kliman. ¿Qué explica el repentino cambio? ¿Y qué explica el hecho de que Harvey haya cambiado bruscamente de debatir sobre las pruebas a debatir metáforas? ¿Podría ser que una cosa es conceder que los supuestos “marcos metafóricos” de Kliman podrían ser correctos, pero otra muy distinta es admitir que la ley de Marx de la caída tendencial en la tasa de ganancia podría ser correcta y relevante para comprender por qué la Gran Recesión estalló?

[3] Aparentemente, la frase “análisis sobrio de la embriaguez” fue acuñada por Tadeusz Boy-Żeleński, quien la utilizó para caracterizar el ensayo de Michel de Montaigne “Sobre la borrachera”.

[4] Harvey parece haber tomado prestada esta broma de Rosa Luxemburgo, que escribió, “todavía hay tiempo para que el capitalismo se derrumbe debido a la caída de la tasa de ganancia, aproximadamente hasta que el sol se apague”. Parece que no hay evidencia de que Marx sostuviera que el capitalismo debe, o deberá, colapsar debido a la caída de la tasa de ganancia. Por el contrario, argumentó que «¿Tiende a descender la tasa de ganancia en el capitalismo? ¿Si es el caso, en qué medida es de ayuda para dar cuenta de las crisis capitalistas?

New Left Project publicó hace poco una crítica de Andrew Kliman en dos partes en la que abordaba la objeción del geógrafo marxista David Harvey a la teoría de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia de Marx. La Parte 1 ponía en tela de juicio la interpretación que Harvey hacía de la obra de Marx; la Parte 2 argumentaba que la ganancia a largo plazo de las empresas de EEUU descendió tras la Segunda Guerra Mundial, de conformidad con la ley enunciada por Marx.

En su respuesta David Harvey contrapuso dos metáforas para conceptualizar el capital, sosteniendo que si bien Kliman “puede estar en lo cierto en el largo plazo, mi metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor si queremos comprender lo que nos está ocurriendo en el momento presente.

A continuación presentamos la respuesta de Kliman.

Ante todo deseo expresar mi agradecimiento por la gentileza de David Harvey por dedicar su tiempo a responder a mi contra-crítica de sus críticas (Harvey 2014) de la Ley de Marx sobre la tendencia al descenso de la tasa de ganancia (LDDTG), de la teoría de las crisis económicas capitalistas que se basa en tal ley, y de la relevancia de la ley y de la teoría subyacente para dar cuenta de la Gran Recesión.

Su respuesta no aborda la mayoría de mis argumentos; más en concreto no aborda las pruebas textuales o económicas que presenté. También malinterpreta aquello que sí aborda, mi analogía sobre el procedimiento explicativo de Marx, pintándolo como una metáfora de la “naturaleza de capital”. Pero al menos hay que reconocer que su respuesta puede ser el comienzo de un diálogo que aún puede dar buenos frutos.

Para que podamos incorporar el trasfondo necesario para mi respuesta, recapitularé sucintamente la acusación original de Harvey, que acusa a la LDDTG de Marx de ser monocausal, y mi analogía, que da respuesta a esa acusación. Después trataré de aclarar porque mi analogía no es una metáfora de la “naturaleza del capital”. Las secciones restantes de esta respuesta abordarán la nueva versión de Harvey de la acusación de monocausalidad, su caracterización de la LDDTG, que es un hombre de paja, su implícita suposición a priori de que la ley no puede ser correcta, y la necesidad de que si queremos que este debate sea fructífero debemos volver a analizar las pruebas disponibles.

La acusación de mono-causalidad de Harvey (primera versión)

Harvey acusó a la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia y a la teoría de las crisis capitalistas que de ella trae causa de incurrir en monocausalidad. (1) Esta acusación se basa en el aserto de Harvey de que la ley depende fundamentalmente de una serie de “supuestos draconianos” que planteó Marx. Merced a estos presuntos supuestos, la LDDTG supuestamente descarta todas las demás causas potenciales que llevan al descenso de la rentabilidad, dejando sólo el cambio tecnológico que ahorra mano de obra, y también todos los demás factores que pueden impedir que la tasa de ganancia descienda contrarrestando así los efectos del cambio tecnológico.

Pero es innegable que en la Parte 3 del Tercer Tomo de El Capital, titulado “La Ley de la Caída Tendencial de la Tasa de Ganancia”, analiza los diversos factores contrarrestantes junto con causas adicionales de las crisis como el sistema financiero. Harvey no pone todo esto en tela de juicio. Su acusación de monocausalidad radica en la “estructura del procedimiento explicativo de Marx”, es decir, el orden en el que los diversos factores causales se manifiestan en el relato de Marx. Marx presentó en primer lugar “la ley como tal” (das Gesetz als solches); sólo posteriormente introdujo los factores contrarrestantes, y después las causas adicionales de las crisis, en su narrativa de la LDDTG.

Esta forma de estructurar una explicación es bastante corriente y nada tiene de excepcional. Sin embargo Harvey la pinta como una explicación mono-causal reduciendo la LDDTG a la “ley como tal”. Los factores contrarrestantes y las causas adicionales de las crisis no forman parte de “la ley como tal”. Por consiguiente, para Harvey, el hecho de que Marx reconociera la existencia de factores contrarrestantes y causas adicionales y las introdujera en su relato no le absuelve de la acusación de mono-causalidad. Significa sencillamente que Marx se mostró “ambiguo y dubitativo” en cuanto a la validez de la LDDTG y que ya no estaba analizándola en sí, sino analizando “lo que sucede cuando se echan a un lado los supuestos sobre los que la ley se deriva.

En mi respuesta expliqué el error que se cometía al interpretar el procedimiento explicativo de esta forma. Observe que: “el texto no tiene que ser leído de este modo. Y puesto que no tiene que ser leído así, no debe ser leído así; una lectura poco caritativa no es una buena práctica interpretativa”. Después aporté lo que denominé “analogía con el procedimiento de Marx”:

“Ningún análisis metodológico sofisticado es necesario para comprender lo errado de la acusación de monocausalidad. La cuestión es sencilla. Si yo apelo a la Ley de la Gravitación Universal para explicar por qué las manzanas tienden a caer de los árboles, sin aludir a otros factores que las hacen caer, como el viento, o factores contrarrestantes, como la resistencia del aire, no estoy suponiendo en ningún modo que no existen estas cosas. Menos aún estoy elaborando un modelo monocausal que las excluye y que por lo tanto se ve severamente limitado a la hora de aplicarlo. No lo hago incluso si explico que la ley de la gravitación se sigue de la segunda ley de movimiento de Newton y me abstengo de incorporar otros factores en la ecuación cuando muestro cómo se sigue. Si después hablo del viento y de la resistencia del aire, no estoy mostrando ambigüedades o dudas, y tampoco admito que la ley de la gravitación universal opera en un vació pero no en el mundo real”.

¿Una metáfora de la naturaleza del capital?

La contribución originaria de Harvey (2014) a este debate criticaba duramente la LDDTG de Marx, su lugar en la teoría de las crisis económicas capitalistas de Marx, y su relevancia para explicar la Gran Recesión y sus prolongadas secuelas. Mi contra-crítica abordó cada una de sus muchas críticas. La respuesta de Harvey sólo trata de dos frases de mi contra-crítica. La tercera y la cuarta frase del precitado pasaje, e interpreta muy mal ambas frases.

Según Harvey las frases son una metáfora que empleó Andrew Kliman para “explicar porque su enfoque sobre la tasa de ganancia no es monocausal” y en concreto para “conceptualizar y configurar su comprensión de la naturaleza de capital. La principal diferencia entre ambos, según creo, radica en la configuración metafórica particular que cada uno albergamos sobre la naturaleza del capital”.

Debería quedar claro a partir de lo dicho en la sección anterior que nos encontramos aquí con tres errores básicos. En primer lugar mi analogía no atañe a una materia general y extensa como la “naturaleza del capital”. Se aplica a un fenómeno específico, la tendencia al descenso de la tasa de ganancia. En segundo lugar, la analogía no trata de MI punto de vista sobre la caída de la tasa de ganancia o mi particular entendimiento de la naturaleza del capital; trata del procedimiento explicativo de Marx y de la Ley del Descenso Tendencial de la Tasa de Ganancia. (2) En tercer lugar, la analogía tampoco trata de la naturaleza del capital, trata el procedimiento explicativo de Marx. Dicho de otro modo, no se trata de una cuestión ontológica (sobre el ser), sino epistemológica (sobre el conocimiento).

En ningún momento he compuesto metáfora alguna, ni en ese pasaje ni en el resto de mi crítica, para conceptualizar o configurar mi comprensión de la naturaleza de capital y no tengo que ofrecer ninguna metáfora en ese sentido. No necesito hacerlo, sobre todo porque el capital es ya una conceptualización de los hechos, no un simple hecho desnudo. No veo de qué forma sustituir la conceptualización original, “valor en proceso” (Marx 1990, p. 256) con otra metafórica puede serme de alguna utilidad en mis investigaciones teóricas o empíricas.

Soy algo suspicaz con expresiones como la “naturaleza del capital”. Lo que me preocupa es cómo y por qué el capitalismo funciona y no su “naturaleza”. Y soy especialmente suspicaz con esa expresión cuando se emplea del modo que lo hace Harvey, para endosarme la creencia de que existe algún sentido no trivial en el que el capital y el capitalismo son como el mundo natural, o algún sentido no trivial en el que la tendencia de la tasa de ganancia a descender es algo semejante a la fuerza de la gravedad. No es eso lo que pienso.

Muy al contrario de lo que sugiere el cuarto y quinto párrafo de la respuesta de Harvey, mis posiciones políticas marxistas-humanistas no se deducen de una metáfora (de ahí la conclusión de Kliman); se fundamentan en la teoría y las pruebas empíricas. Estoy dispuesto y puedo defender mis posiciones políticas, pero sólo después de leer argumentos que pongan en tela de juicio las pruebas y la teoría en las que se basan, un argumento honrado, no una comparación de metáforas. Que uno prefiera un tropo a otro y las experiencias subjetivas (como veo y experimento el capital) en las que se basan esas preferencias no pueden ser materia de debate; preferirá lo que quiera y experimentará lo que experimente, y poco más hay que decir. Otra cosa es si la política vinculada a la metáfora y la experiencia subjetiva está respaldada por los hechos reales. Cuando me plantean un argumento que trata de ofrecer una justificación de tal índole, no tengo el menor problema en debatir.

Ya he observado anteriormente que mi analogía de las manzanas no se aplica a la naturaleza del capital, sino al procedimiento explicativo de Marx. Puede parecer que es una división demasiado categórica. ¿Acaso no depende la explicación que uno defiende de la “naturaleza” específica de los fenómenos que trata de explicar? Por consiguiente, ¿mi analogía implica que yo estoy, quiéralo o no, igualando la LDDTG y la fuerza de la gravedad? En absoluto. No existe una ligazón necesaria entre la “naturaleza” de un fenómeno y cómo lo explica uno. Después de todo, es posible plantear un análisis sobrio de la borrachera. (3)

Mi analogía en modo alguno pretende parangonar el capitalismo con el mundo físico. Ilustra como una explicación multicausal que apela a un principio general o ley de una tendencia funciona en la realidad, sea cual sea la materia analizada.

Si yo apelo a

  • La Ley universal de la gravedad para explicar por qué las manzanas tienden a caer de los árboles, sin mencionar otros factores que hacen que caigan, como el viento, o factores contrarrestantes, como la resistencia del aire, o
  • El principio de que el estudio potencia el conocimiento para explicar por qué los estudiantes que trabajan duro tienden a sacar buenas notas, sin aludir a otros factores que pueden mejorar las notas, como dormir con el profesor, o factores contrarrestantes, como la estupidez o
  • La teoría de la selección natural para explicar por qué las jirafas tienden a tener cuellos largos, sin mencionar otros factores que pueden generar este efecto, como un desastre natural que puede haber aniquilado las jirafas con cuellos cortos, o factores contrarrestantes, como mutaciones que producen descendencia con cuellos relativamente cortos o
  • El principio de que los afroamericanos sufren discriminación en el mercado de trabajo para explicar porque el paro entre ellos es desproporcionado en relación con otros grupos, sin mencionar otros factores como discordancias geográficas entre buscadores de empleo y oferta de trabajo, o factores contrarrestantes como las políticas de discriminación positiva o
  • La Ley de la Tendencia al Descenso de la Tasa de Ganancia con el fin de explicar la razón por la que tiende a caer, sin aludir a otros factores, como un aumento de salarios, o factores contrarrestantes, como el abaratamiento de los medios de producción.

No estoy suponiendo que los factores causales adicionales y los factores contrarrestantes no existen. Y mucho menos estoy construyendo un modelo monocausal que hace caso omiso de ellos y que por consiguiente escasa aplicación puede tener. Si después hablo de los factores causales adicionales y los factores contrarrestantes, no manifiesto dudas, ambigüedades ni mucho menos estoy admitiendo que los principios explicativos generales a los que he apelado no obran en el mundo real.

Consideremos los primeros cuatro argumentos. ¿Se trata de metáforas que he empleado para configurar mi comprensión de la naturaleza del capital? ¿Creo que existe algo no trivial en que la caída de las manzanas, las buenas notas, las jirafas cuellilargas, el desempleo mucho más frecuente de lo común y la caída de la rentabilidad tienen todos algo en común? ¿Creo que existe algo no trivial en que la ley de la gravedad, la relación entre estudio y conocimiento, la selección natural, la discriminación en el mercado laboral y la LDDTG tienen algo en común? Difícilmente. Cada uno de los fenómenos tiene una naturaleza muy diferente de los demás; cada principio explicativo es muy distinto. Sin embargo las cinco explicaciones están provistas de la misma estructura fundamental, y entre las cosas relevantes que tienen en común es que ninguno de esos fenómenos es monocausal.

La acusación de monocausalidad de Harvey (versión revisada)

Con todo ello, Harvey sigue “dándole vueltas” a esta conclusión.

Podemos estar discutiendo sobre semántica o sobre lo que significa aquí la causalidad. Si no existiera la ley de la gravitación universal ya puede soplar un viento huracanado que la manzqana no va a caer al suelo y tanto da la resistencia del aire. Estos condicionantes (o fuerzas contrarrestantes) únicamente tienen relevancia cuando se ligan a la ley universal.

La acepción corriente de mono causal es que algo posee una sola causa, y lo que Harvey (2014) dijo es que “a muchos economistas marxistas les gusta afirmar una única causa en cómo se fraguan las crisis”. En esta analogía, no obstante, las causas del movimiento de la manzana no comprenden sólo la gravedad, sino el viento y la resistencia del aire. Hay tres factores causales, no sólo uno. La analogía por lo tanto no puede interpretarse como si fuera un ejemplo de la acusación de que la teoría de Marx es mono causal.

Ahora emplea el término mono causal de forma un tanto idiosincrásica. Su nueva definición implítita de explicación mono causal es “una explicación en la que existe una causa con la que ninguna de las otras causas se hallan completamente desligadas”. Como observé en la parte dos de la contra crítica:

“Sospecho que esa charla sobre la causalidad trata de encubrir el deseo de Harvey de defender su teoría de la crisis apousa-causal (una en la que la LDDTG no desempeña papel alguno. Apousa significa ausente en lengua griega. No le gusta la teoría de la crisis multicausal que surge, cuando todo se ha dicho, en el Tomo 3 del Capital, una teoría en la que la LDDTG queda incólume y otros determinantes como el sistema financiero están ligadas con ella y median la forma en la que se manifiestan”.

No tengo objeción alguna a la idiosincrásica definición de mono causal de Harvey, siempre que aclare que no emplea el término en la acepción corriente. Pero si está desacreditando explicaciones de fenómenos económicos y sociales en esta nueva acepción suya, está desacreditando lo inevitable. Si no existiera carbono, no existiría vida orgánica, ni seres humanos, ni actividad humana ni fenómenos económicos y sociales. Esos fenómenos son relevantes sólo ligados con el carbono: si no hay carbono no se dan.

Cuando objeta a mi afirmación de que está defendiendo una teoría de la crisis apousa-causal en la que la LDDTG no desmpeña papel alguno, escribe “el conjunto orgánico constituido por el capital podría ser influido por el mecanismo que apunta al descenso de la ganancia del que es partidario Andrew y yo no excluyo que pueda ser así, pese a lo que dice”. Pero yo nunca he afirmado que niegue que pueda haber algún caso excepcional en el que el cambio técnico que ahorra mano de obra sea una causa de la rentabilidad decreciente y esta causa de la crisis. He dicho una y otra vez que está tratando descartar el análisis de la posibilidad de que la LDDTG sea una ley auténtica, es decir, un principio general que explica con éxito la razón por la que la tasa de ganancia tiende a descender. También está tratando de que no se analice la posibilidad de que la teoría de las crisis económicas que se fundamenta en la ley pueda explicar correctamente “lo que ocurre ahora en el mundo”. En vez de lo que “ocurrirá en el futuro cuando al Sol se le acabe el gas” (4) Las palabras finales de su respuesta descartan esta posibilidad de forma explícita: “mi metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor si queremos entender lo que pasa aquí y ahora”.

Una crítica de la LDDTG que es un hombre de paja.

Aunque Harvey diga que mi analogía de las manzanas es una metáfora de la naturaleza del capital sin comprender lo que quiero decir, al menos tiene el mérito de que no se lo inventa completamente. No se puede decir lo mismo de su afirmación de que yo configuro

“La naturaleza del capital en términos de certidumbres mecánicas en ese mundo Newtoniano en el que el reloj se había parado de inicio con medio de extracciones de plusvalor, sólo para volver a funcionar bajo el ímpetu competitivo de la generación de plusvalor relativo.:

Como la proporción de capital en relación con la mano de obra empleada insoslayablemente vira en favor de aquel, la tasa de ganancia tiende a la baja. Para mí, este modelo mecánico me parece demasiado determinista, demasiado unidireccional y demasiado teleológico para encajarlo en cómo yo veo y experimento el capital en su evolución como un conjunto orgánico”.

Obsérvese que esta afirmación, al igual que su afirmación anterior de que “Kliman se ha mostrado muy entusiasta al defender la tesis de que la crisis no ha tenido nada que ver con la financiarización”, no está respaldada por ninguna cita o prueba. Y también es falsa. Mi posición en esta cuestión, que he dejado bastante clara, es lo opuesto a lo que él me atribuye:

“La destrucción de valor del capital por medio de las crisis es un fenómeno recurrente. La recuperación de la rentabilidad que trae consigo esta destrucción es por tanto un fenómeno también recurrente. Debido a ello, la tasa de ganancia no muestra una tendencia secular determinada en la historia del capitalismo, y todas las tentativas de deducir o predecir tal tendencia son fútiles”. [Kliman 2012, p. 25]

Lo que sigue es un ejemplo mucho mejor del empleo de metáforas mecánicas extraídas de la física newtoniana para configurar una perspectiva determinista:

“Del mismo modo que las leyes de los fluidos dinámicos son invariantes en todos los ríos del mundo, las leyes de la circulación del capital son coherentes de un supermercado a otro, de un mercado de trabajo a otro, de un sistema de producción a otro, de un país a otro y de un hogar a otro. Sin embargo no puedo atribuirme el mérito de esta metáfora determinista. (5) Figura en la página 343 de “La Condición de la Posmodernidad”. (Harvey 1990).

Harvey no parece muy dispuesto a abandonar sus versiones falsas de la LDDTG y de la teoría de las crisis que trae causa de ello. Además de atribuirme falsamente una concepción mecánica en la que una única fuerza rectora hace descender insoslayablemente la tasa de ganancia, vuelve, abruptamente, a su acusación de que la LDDTG y la teoría de las crisis vinculada con ella es monocausal en la acepción convencional de causa única. “Centrarse en primer lugar en el mecanismo que apunta al descenso de las ganancias es como decir que nos debemos centrar sólo en los ataques al corazón como causas de muerte”. No, no es así. “En primer lugar” no significa solamente. En cualquier caso, no me centro “en primer lugar” en la caída de la tasa de ganancia como causa de la crisis (¿tendré que repetir otra vez las doce causas de la crisis financiera de 2007-8 que analicé en mi libro sobre la gran recesión y volví a enunciar en la parte 1 de mi contra crítica?; Y mucho menos les digo a los demás que deban hacer eso.

Si una causa potencial concreta ha sido en realidad la fundamental, o si ha sido secundaria, o no ha sido operativa es algo que no se puede saber de antemano. Es por ello que debemos analizar las pruebas empíricas (que es lo que estábamos haciendo Harvey y yo antes de que tuviera a bien desviar el debate a su metáfora frente a mi (inexistente) metáfora. Como observé en mi libro:

“Antes de analizar los datos no sabía si las tasas reales de ganancia no habían podido rebotar a principios de los 80. Si puedo decir ahora que un declive constante en la rentabilidad de las empresas norteamericanas es una causa subyacente significativa de la gran recesión, y que la explicación de Marx encaja bastante bien con los hechos, es porque he hecho los números. No hubiera podido afirmarlo hace unos años”. [Kliman 2012, pp. 8-9]

No pongan trabas a la investigación.

La metáfora de Harvey sobre los ataques al corazón resulta un tanto perturbadora porque conculca la “primera norma de razonamiento” planteada por Charles Sanders Peirce: “no pongan trabas a la investigación”. Argumentaba que:

“No existe ningún pecado cardinal contra la lógica en probar cualquier teoría que se nos venga a la cabeza, siempre que se conciba en tal sentido que permita que no se desaliente y se pongan trabas a la investigación. Por otro lado, fijar una filosofía que cierra el camino a avances posteriores hacia la verdad es el verdadero pecado imperdonable del razonamiento”.

La metáfora del ataque al corazón es un implícito supuesto a priori que se niega a considerar siquiera la posibilidad de que la tendencia al descenso de la tasa de ganancia consecuencia del cambio tecnológico que ahorra mano de obra es la causa principal de la crisis. Es a priori porque se descarta de entrada esta posibilidad, antes de analizar las pruebas y sin considerarlas siquiera, simplemente porque “la metáfora que más me impresiona”, la que “mejor encaja con como veo y experimento el capital”, es la de un presunto “conjunto orgánico” que se compone sin embargo de “factores desvinculados que operan unos respecto de otros de forma autónoma”. (6)

Las metáforas son parte importante del proceso de investigación, cuando revelan posibilidades ulteriores que no se habían reconocido con anterioridad. Pero cuando se emplean para descartar de antemano las posibilidades, ponen trabas a la investigación, la desalientan, y forman una barricada que impide la búsqueda de la verdad”.

La metáfora de Harvey sobre los ataques al corazón es “astuta y seductora” en parte porque ya tenemos pruebas suficientes para descartar a posteriori la posibilidad de que los ataques al corazón sean la única causa de muerte, y en parte debido a su ilegítima sustitución de fundamentalmente con solamente. Por lo tanto volvamos a introducir el término fundamentalmente y consideremos otros supuestos. ¿Deberíamos habernos unido a otros para descartar de antemano y antes de las pruebas la posibilidad de que fumar es la causa fundamental del cáncer de pulmón, o que quemar combustibles fósiles ha sido la causa fundamental del cambio climático, o que los problemas financieros son la causa principal de que los universitarios americanos no puedan licenciarse? Si la respuesta es “no”, ¿por qué unirnos a ellos para descalificar de entrada y antes de analizar las pruebas, la hipótesis de que las crisis del capitalismo pueden poseer de hecho una causa fundamental.

Ya sé que hay gente que carece de la más mínima curiosidad de saber si una causa es o no fundamental; y algunos pueden carecer tanto de ella como para no dárseles un ardite sobre las causas de los acontecimientos y fenómenos que experimentan. No pretendo cambiar sus gustos, lo que les pido es que no dejen que sus gustos pongan trabas a investigaciones que otras personas quieren emprender.

¿Volver a las pruebas?

Permítaseme recalcar que no estoy sugiriendo en modo alguno que las crisis del capitalismo tengan una única causa fundamental, o incluso que la crisis presente posea alguna causa fundamental. Lo que argumento es mucho más atrevido: que la caída a largo plazo en la tasa de ganancia de las empresas americanas era una causa subyacente significativa de la gran recesión y que la explicación de Marx sobre la razón de la caída de la tasa de ganancia encaja bastante bien con los hechos en ese caso particular. Tampoco es la cuestión aquí si es correcto descartar esas hipótesis antes de ver las pruebas. Ya he presentado mis pruebas. He demostrado que mis análisis e interpretaciones de las pruebas anticiparon y abordaron las diversas objeciones de Harvey sobre las pruebas atinentes a la tasa de ganancia que han presentado él y otros. Y he demostrado que no ha presentado pruebas legítimas en sentido contrario: su estadística de crecimiento de la mano de obra no es prueba de que la tasa de ganancia subió o de que no ha operado la LDDTG.

Por consiguiente la cuestión aquí es si es apropiado hacer caso omiso de las pruebas legítimas y descartar mis inferencias a partir de las pruebas como irrelevantes para lo que sucede en el presente, sencillamente porque mi (alegada pero inexistente) “configuración metafórica” no es metafóricamente correcta. Como no quiero que se me acuse de tergiversar la posición de Harvey, diré que se ha limitado a comparar y contraponer diversas configuraciones metafóricas porque hacerlo resulta “útil para los lectores, y reitero que (1) termina su respuesta afirmando tajantemente, que su “metáfora orgánica para comprender la naturaleza del capital funciona mucho mejor para comprender lo que pasa en el presente, y (2) llega a esta conclusión sin tener en cuenta las pruebas empíricas. No pone en tela de juicio mis pruebas ni presenta otras pruebas legítimas. Apela a lo que le “impresiona” y “cómo yo veo y experimento el capital” para decidir que “funciona mucho mejor”.

Está claro que este expediente para resolver cuestiones es muy superior a un análisis cuidadoso de las pruebas si lo que uno pretende es darse la razón, o justificar ex post conclusiones que se basan en tus opiniones políticas. Pero es muy inferior si lo que quiere uno es comprender “lo que pasa en el presente”. Como experimenta la gente lo que pasa muchas veces no tiene que ver con lo que pasa, y con más frecuencia, es impropio como método para entender lo que pasa. (7)

El razonamiento sólido y el análisis de las pruebas son necesarios si queremos evaluar si lo que vemos y experimentamos es verdad o no.

Y cuando la experiencia subjetiva está además teñida de malentendidos, es una guía especialmente inadecuada para comprender lo que sucede. Harvey (2014) sostiene que el crecimiento del empleo, es, en sí y por sí, prueba importante de que ha subido la tasa de ganancia y que la LDDTG no ha obrado. Sostiene que la Ley de Marx sólo se sostiene si los precios de las mercancías son iguales a sus valores. Pone en tela de juicio la legitimidad de las pruebas contemporáneas sobre la caída de la tasa de ganancia, por lo visto sin ser consciente de que sus muchas objeciones ya han sido anticipadas y respondidas. Es poco sorprendente que la teoría de Marx sobre las crisis se experimente como inaplicable al “aquí y ahora” cuando la experiencia subjetiva está teñida de esos errores de comprensión.

Sostengo que es de la mayor importancia, tanto desde el punto de vista político como ético, eliminar el dogmatismo. Una clase de dogmatismo es ese obstinado empecinamiento en que tu adversario está equivocado. No se puede imputar eso a Harvey. Escribe: “Existe la posibilidad de que tanto Andrew como yo tengamos razón en nuestras configuraciones metafóricas”. Aunque esa afirmación me atribuye equivocadamente una metáfora que no compuse y que no apoyo, al menos es admirable la falta de dogmatismo que muestra. Pero existe igualmente un segundo tipo de dogmatismo: el empecinamiento en no cambiar tus creencias frente al análisis lógico respaldado por pruebas concluyentes. “Tú tienes tu opinión y yo otra”, y “no vienes de dónde yo vengo” parece la quintaesencia del pensamiento abierto y del respeto mutuo, pero si esas cosas se dicen para hacer caso omiso a las pruebas y la lógica, no son otra cosa que la negativa dogmática a considerar que uno puede estar equivocado. (8)

No estoy sugiriendo que Harvey sea reo del segundo tipo de dogmatismo. No se ha negado a reconsiderar lo que piensa a la luz de las pruebas empíricas. Sencillamente no ha leído aún las pruebas. Pero aún puede hacerlo, y espero que lo haga. Hacerlo será útil para sus lectores, pero los intelectuales tienen también otro tipo de responsabilidades. Una de ellas es separar el trigo de la paja: (9) lo que es correcto empíricamente y sólido desde el punto de vista lógico de lo que no. Se trata de una responsabilidad crucial porque muchos, si es que no la mayoría de los lectores, carecen del conocimiento y el tiempo para adquirir conocimientos suficientes, para valorar las pruebas apropiadamente y argumentar por sí mismos. Necesitan ayuda y tenemos que ayudarles.

La falta de tiempo y conocimientos de los lectores es un motivo principal por el que algunos de ellos puedan hallar que parangonar metáforas es más útil que las pruebas y argumentos que no pueden valorar propiamente. Algunos de ellos pueden ser animados por la útil sugerencia de que pueden decidir que “funciona mucho mejor” apelando a algo que saben, a saber, las metáforas que les gustan y las que no. Pero esta sugerencia no es prudente políticamente. Si queremos cambiar el mundo, y no suplir una serie de personificaciones del capital que mandan en el mundo con diferentes personificaciones de capital, sólo podemos hacerlo con eficacia si disponemos de conocimiento real, de pruebas, y de conocimiento basado en argumentos de cómo el mundo funciona y funciona mal. Esa sugerencia útil también falta a la ética. Como W. K. Clifford argumentó de tan persuasiva forma, en “La ética de la Creencia”, siempre es falso, siempre, en todas partes y para cualquiera, creer algo sin tener pruebas suficientes. Una persona que no tiene tiempo para ser juez competente en ciertas cuestiones tampoco tiene “tiempo para creer”.

Referencias

Harvey, David. 1990. The Condition of Postmodernity: An Enquiry into the Origins of Cultural Change. Cambridge, MA and Oxford: Blackwell Publishers.

_______. 2014. ‘Crisis Theory and the Falling Rate of Profit’.

Kliman, Andrew. 2012. The Failure of Capitalist Production: Underlying Causes of the Great Recession. London: Pluto Books.

Marx, Karl. 1971. Theories of Surplus-Value, Part III. Moscow: Progress Publishers.

_______. 1989b. Karl Marx, Frederick Engels: Collected Works, Vol. 32. New York: International Publishers.

_______. 1990. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. I. London: Penguin.

_______. 1991. Capital: A Critique of Political Economy, Vol. III. London: Penguin.

Quine, W. V. O. 1960. Word and Object, Cambridge, MA and London: MIT Press.

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1] Como señalé en la Parte 1 de esta contra-crítica, la ley de Marx dice que la tasa de ganancia tiende a caer debido al progreso tecnológico que ahorra mano de obra el capitalismo. Al reducir los costos de producción, las innovaciones tecnológicas tienden a evitar que los precios de los productos aumenten, lo que hace difícil que las ganancias de las empresas aumenten tan rápidamente como la cantidad de capital que invirtieron para producir sus productos.

[2] Los desacuerdos fundamentales de Harvey aquí son con Marx. Su contribución inicial (Harvey 2014) criticó a Marx con frecuencia, y a mí sólo se me mencionó una vez. En cambio, la respuesta de Harvey casi hace desaparecer a Marx -se menciona sólo unas pocas veces, sobre todo en relación con sus metáforas, pero no con respecto al LTFRP y la teoría de la crisis basada en ella- y retrata la disputa entre Harvey y Marx como una disputa entre Harvey y Kliman. ¿Qué explica el repentino cambio? ¿Y qué explica el hecho de que Harvey haya cambiado bruscamente de debatir sobre las pruebas a debatir metáforas? ¿Podría ser que una cosa es conceder que los supuestos “marcos metafóricos” de Kliman podrían ser correctos, pero otra muy distinta es admitir que la ley de Marx de la caída tendencial en la tasa de ganancia podría ser correcta y relevante para comprender por qué la Gran Recesión estalló.

[3] Aparentemente, la frase “análisis sobrio de la embriaguez” fue acuñada por Tadeusz Boy-Żeleński, quien la utilizó para caracterizar el ensayo de Michel de Montaigne “Sobre la embriaguez”.

[4] Harvey parece haber tomado prestado esta broma de Rosa Luxemburg, que escribió, “todavía hay tiempo paraque el capitalismo se derrumbe debido a la caída de la tasa de ganancias, aproximadamente hasta que el sol se apague”. Parece que no hay pruebas de que Marx sostuviera que el capitalismo colapsará debido a la caída de la tasa de ganancia. Por el contrario, argumentó que «obran influencias contrarrestantes, cancelando y anulando el efecto de la ley general [de la reducción tendencial de la tasa de ganancia]», por la que la LDDTG tiene que ser superada constantemente a través de las crisis “, y que” no existen crisis […] permanentes”.

[5] Es cierto que las ecuaciones de Navier-Stokes sobre las que se basa la moderna mecánica de fluidos sugieren que el flujo de fluidos puede ser “caótico”. Sin embargo, caótico tiene aquí un significado técnico que difiere del significado cotidiano. El comportamiento de las variables en un sistema dinámico caótico, aunque impredecible en la práctica, es completamente determinista.

Las únicas entidades orgánicas que se ajustan a esta descripción son los famosos gavagai, las “partes deshabitadas de conejos” que el “nativo” imaginario de W. Quine (1960, p.52) percibe cuando el resto de nosotros percibimos conejos enteros. La frase “factores desconectados que operan de forma independiente” aparece en Harvey (2014), así como en su respuesta reciente. Está citando a Marx (1971, p.120); Pero Marx usó la frase para caracterizar las crisis económicas como una fusión violenta de factores desconectados e independientemente operativos, mientras que Harvey lo usa para sugerir que las causas de las crisis están desconectadas y operan independientemente unas de otras.

[7] «La ciencia sería superflua si la forma de la apariencia de las cosas coincidiera directamente con su esencia» (Marx, 1991, p. Pero no coinciden, por lo que la “ciencia” es necesaria.

[8] Soy muy consciente de la inconmensurabilidad, de la carga teórica implícita en la observación y cosas por el estilo. Ninguno de estos problemas es relevante para lo que estoy discutiendo en este momento. Se trata de casos en los que las pruebas y la razón son insuficientes para resolver las disputas, no de casos en que son suficientes, pero un bando en la polémica rechaza dogmáticamente sus consecuencias.

[9] Me apresuro a aclarar que esto no es una metáfora que compara la “naturaleza del capital” con la producción agrícola.

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