El valor de uso de la teoría del valor de Marx

Publicamos un pequeño artículo del economista británico Tony Norfield acerca de la actualidad de la teoría del valor de uso de Marx, defendiendo su utilidad frente a quienes consideran que el mundo ha cambiado tanto desde su formulación, que ya no es necesaria. El texto fue publicado en inglés originalmente en su blog: Economics of Imperialism

En una charla que di recientemente sobre el imperialismo, hubo una interesante pregunta sobre lo que yo pensaba acerca de la teoría del valor de Marx. Parecía provocada por el hecho de que, aun no habiendo utilizado apenas terminología del Capital, hiciera referencia a la teoría de Marx. La pregunta decía algo así: ¿cuál es el sentido de la teoría de Marx si uno puede pasar sin ella a la hora de explicar qué ocurre en el mundo?
En parte, la pregunta se responde diciendo que para expresar unas ideas, uno no siempre tiene que usar una terminología especializada. Por ejemplo, he visto que es más sencillo si en las presentaciones evito el término marxiano de «capital ficticio», puesto que explicar ese concepto adecuadamente llevaría un tiempo y la mayor parte de la gente no está familiarizada con él. Incluso quienes sí lo están a menudo lo malinterpretan. En su lugar, normalmente desarrollo las mismas ideas de forma más directa mediante la explicación del papel que desempeñan las acciones y los bonos y su relación con lo que produce la economía. Sin embargo, la pregunta debe ponerse en un contexto más amplio.
La teoría del valor de Marx analiza el trabajo social bajo el capitalismo y las formas cada vez más raras que toma aquel a medida que se desarrolla el capitalismo: de estar representado en el precio de las mercancías, pasando por ser la fuente del interés, los beneficios, los dividendos, las rentas y los ingresos fiscales, hasta subyacer, de una forma aún más distorsionada, bajo los precios de las obligaciones financieras. La teoría de Marx muestra como el mercado capitalista dota al sistema de una dinámica particular, que lleva a la monopolización de la producción y la creación de un mercado mundial a medida que se acumula el capital. El trabajo encarnado en las mercancías puede no coincidir directamente con los precios a los que se venden en el mercado, pero esos precios siguen estando fuertemente influidos por los cambios en la productividad social. Es más, podemos ver un proceso a largo plazo mediante el cual las barreras a la producción capitalistas están establecidas por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Dado que la lógica de la producción capitalista es el beneficio, este es un problema clave para el capitalismo como sistema social. Es un problema que los (a veces) biempensantes reformadores del sistema no quieren contemplar, por lo que lo eliminan de su análisis o se desvían para negar que ocurra, o que pudiera suceder siquiera [1].
Estos aspectos fundamentales del capitalismo analizados por Marx siguen en vigor, aunque el sistema por supuesto se ha desarrollado mucho en los 150 años que han pasado desde la publicación del Capital. Sin embargo, las formas cambiantes del capitalismo han llevado a muchos a afirmar que la teoría de Marx está desactualizada o que ya no es válida. Pero un análisis marxista adecuado examina la dinámica del sistema y las nuevas formas que se desarrollan a partir de las anteriores, en lugar de limitarse a valorar si el capitalismo actual encaja completamente con un concepto previo de él.
En los volúmenes 1, 2 y 3 del Capital, Marx no investigó las relaciones entre países en el mercado mundial. Lo hizo al margen de estos tres volúmenes, y sus planes para los volúmenes posteriores incluían una cobertura más sistemática del Estado, el comercio internacional y el mercado mundial. Así pues, por ejemplo, en el Capital no hay una verdadera explicación de las colonias, solo breves menciones, ni mucho sobre el monopolio o las diferencias nacionales en los salarios.
Lenin actualizó aspectos del trabajo de Marx en su panfleto de 1916 sobre el imperialismo, bosquejando otros análisis. Hizo, correctamente, mayor hincapié en la división de la economía mundial entre naciones oprimidas y opresoras, la división territorial del mundo entre grandes potencias, la propensión a la guerra, los monopolios, el capital bancario/industrial y la «oligarquía financiera». Fue un avance clave en el análisis, y fue consistente con la idea de que la teoría del valor de Marx era una teoría de la evolución del sistema capitalista y sus barreras. De ahí el término de Lenin de «capitalismo moribundo». Muchos aspectos señalados por Lenin son aún relevantes, incluso aunque estas formas ya centenarias, por supuesto, se hayan desarrollado. Tenemos un mundo en gran medida postcolonial, aunque muchos países aún están desamparados en la jerarquía imperial. Aún hay una propensión a la guerra, pero ahora con muchas guerras «próximas», patrocinadas por las principales potencias.
Tengo varias diferencias con el análisis de Lenin, como explico en mi libro, «The City: London and the Global Power of Finance», en especial sobre la manera como entiende él las finanzas, tomada sobre todo de Hilferding. Sin embargo, quizá su punto más débil fue su análisis de la «aristocracia obrera», la nada convincente idea de que una elite trabajadora que obtiene los beneficios del privilegio imperial influye en el resto de la clase obrera con sus puntos de vista proimperialistas. Incluso en tiempos de Lenin, habría sido más convincente tener en cuenta que la masa de ciudadanos de los países ricos eran patriotas por sus propias razones, que tenían más que ver con la realidad que con una ideología supuestamente contagiosa. Veían, y aún ven, sus intereses económicos ligados a los de sus propios Estados, y se benefician en sus sueldos y condiciones de bienestar de este privilegio imperial. Esta es otra señal de lo importante que es llevar a cabo un análisis riguroso.
Confío en los conceptos marxistas como puntos de arranque para entender el mundo hoy porque proveen la mejor manera de explicar qué ocurre. Sin embargo, esto no significa que uno pueda encontrar las respuestas detalladas en un volumen concreto del Capital. Pensar esto sería tan malo como creer en las profecías de Nostradamus. En su lugar, la importancia de la teoría de Marx es que deletreó la dinámica de la acumulación de capital tan claramente, mucho más de lo que uno creería posible, que su análisis proporciona los cimientos para empezar a entender aspectos principales de la economía mundial actual.
Que use los términos de la teoría del valor de Marx en mi análisis, y qué términos, depende del contexto en el que hago mi argumento y el tiempo del que dispongo. En cualquier caso, el trabajo de Marx es utilizado tal como acabo de describir. Sus conceptos, como los de Lenin, pueden necesitar ser mejorados —quizá incluso rechazados— según una valoración de cómo ha cambiado el mundo desde que ellos escribieron.
El hecho de que el capitalismo en sus varias formas lleva ya varios cientos de años es visto comúnmente como un argumento de que seguirá para siempre: es un sistema eterno, natural, de organizar la economía. Mientras que las crisis económicas son una realidad innegable y a veces traen protestas consigo, no se suele aceptar la conclusión marxista de que las relaciones sociales capitalistas son una forma cada vez más disfuncional y reaccionaria de organizar los asuntos de la humanidad.

[1] Tengo poca confianza en ser capaz de rastrear los movimientos de la tasa de ganancia a partir de las estadísticas oficiales, aunque uno puede obtener indicadores de los movimientos subyacentes a partir del comportamiento de las principales empresas capitalistas y los informes de inversiones que sugieren una creciente composición orgánica del capital. Los datos oficiales se centran en un país en particular, y no dejan lugar a muchas influencias internacionales, algo especialmente importante para EE UU. Las convenciones estadísticas a la hora de contabilizar el «valor añadido» para el sector financiero empeoran las cosas, como ejemplifican los datos de ingresos del PIB de Reino Unido en 2008, que muestran un beneficio operativo mayor.

 

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